Palermo: barrio, país y destino
Palermo no es un barrio. Es un universo. Un país dentro de Buenos Aires. Un teatro donde actúan la historia, la política, el arte, los delirios urbanísticos, el tango y el turf. Un mapa que se extiende como un pulpo con mil tentáculos y que, aún hoy, sigue reinventándose.
El origen: entre santos y terratenientes
Existen dos teorías sobre el nombre del barrio más extenso de la Ciudad de Buenos Aires. La más conocida indica que debe su nombre a Juan Domínguez Palermo, un noble siciliano que llegó a Buenos Aires en 1582 y compró, gracias a su casamiento estratégico, varias chacras que conformaron el núcleo original del barrio. La otra versión, menos documentada pero igual de entrañable, remite a la existencia de un oratorio en el que se veneraba a San Benito de Palermo, santo negro de devoción popular entre criollos y africanos.
Los primeros moradores fueron guaraníes, querandíes y chanás. Recolectores, pescadores, ceramistas, canoeros. Luego llegaron los conquistadores y la repartija: en 1580, Juan de Garay distribuyó 65 suertes de chacras. Doce de ellas caen dentro de lo que hoy es Palermo.
Rosas, Urquiza y el parque que explotó
En 1836, Juan Manuel de Rosas compró tierras en Palermo y construyó su residencia en la zona donde hoy se cruzan la Avenida del Libertador y Sarmiento. Allí gobernó y también se atrincheró. Hasta que el 3 de febrero de 1852, tras la derrota en la Batalla de Caseros, Justo José de Urquiza tomó esa residencia. Décadas después, Sarmiento dinamitaría la casa del Restaurador con un asado previo de por medio, y en 1875 inauguraría el Parque Tres de Febrero como símbolo de modernidad, aire libre y ruptura con el pasado rosista.
Ese parque, que hoy conocemos como los «Bosques de Palermo», es el gran pulmón de Buenos Aires: 370 hectáreas que incluyen lagos, rosedales, planetarios, museos, clubes, pistas, esculturas, columnas romanas y hasta mateos.
Palermo, ciudad de ciudades
Lo llaman barrio, pero Palermo es una federación de microbarrios, cada uno con su estilo, con su clientela, con su mitología.
- Alto Palermo: surgido tras la demolición de la fábrica de cerveza Palermo y la construcción del shopping homónimo. A su lado, el Parque Las Heras, que supo ser la Penitenciaría Nacional.
- Villa Freud: entre libros de Lacan, bares silenciosos y la Plaza Güemes como corazón palpitante.
- Palermo Viejo: tierra de Borges y Carriego. Poetas, casas bajas, pasajes escondidos, y la lenta conversión en epicentro hipster.
- Palermo Soho: donde se juntan la moda de autor, las ferias callejeras, el brunch con tostadas de palta y las terrazas con luces cálidas.
- Palermo Hollywood: de estudios de TV y cine, y hoy también de rooftops, oficinas creativas, edificios nuevos y gastronomía de exportación.
- Palermo Chico: zona diplomática, con embajadas, edificios de categoría y calles de curvas suaves.
- Palermo Pacífico: debajo del puente de Santa Fe, donde aún resuena el eco del arroyo Maldonado, entubado desde los años 30.
- Los Patricios: terrenos del histórico Cuartel Maldonado y hoy sede del Regimiento de Infantería I y II, con su museo castrense incluido.
- Nuevo Palermo o Palermo Madison: sello ochentoso para una zona que congregó bistrós franceses, embajadas y restaurantes con mantel largo.
El Hipódromo: religión porteña
El Hipódromo Argentino de Palermo fue inaugurado en 1876. Su arquitectura clásica francesa, diseñada por Louis Faure-Dujarric, aún hoy reluce. El «Hache» fue el Vaticano del turf. Y su misa mayor, el Gran Premio Nacional o «Derby Argentino», instaurado en 1884 bajo el ala de Julio Argentino Roca, se corre cada noviembre.
Aquí vibraron Carlos Gardel (dueño del caballo Lunático), Irineo Leguisamo, y miles de trabajadores que gastaron el jornal del mes en una esperanza con patas. El tango «¡Maldito seas, Palermo!» es su epitafio emocional. Una plegaria desesperada que todavía resuena en las tribunas y en los bares de apuestas.
Museos y jardines, belleza concentrada
Palermo es el barrio con mayor concentración de museos y espacios verdes de la ciudad:
- Planetario Galileo Galilei: epicentro astronómico desde 1966, con shows de proyección y ciencia para todas las edades.
- Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori: fundado en 1934, hoy con más de 4.500 obras de artistas argentinos.
- Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA): ícono de la vanguardia y la colección de arte moderno en la región.
- Museo Evita: en la vieja residencia de verano de la Fundación Eva Perón.
- Jardín Botánico Carlos Thays: fundado en 1898, con más de 2.000 especies, biblioteca, herbario y escuela de jardinería.
- Jardín Zoológico: fundado por Sarmiento en 1874, convertido recientemente en Ecoparque.
Y el Rosedal, con más de 18.000 rosales, el lago de Regatas, el Jardín Japonés y el romántico Puente Blanco, hacen de los Bosques de Palermo un oasis que, los fines de semana, se vuelve peatonal y épico.
Religión, multiculturalismo y excentricidades
En Palermo conviven las religiones más diversas. Desde la Catedral Armenia de Narek y su plaza Monte Ararat, hasta la ortodoxa rusa Trinidad o la parroquia Santa Lucía, en una vieja fábrica.
También se halla el Centro Cultural Islámico Rey Fahd, la mezquita más grande de América Latina, y múltiples templos evangélicos, judíos, cristianos y gnósticos. Palermo no es un crisol: es una constelación.
Edificios con historia
- Palacio de los Patos: vivienda señorial para aristócratas venidos a menos.
- La Colorada: vivienda ferroviaria de gerentes británicos.
- Palacio Bosch: embajada de EE.UU., residencia imponente frente a Plaza Seeber.
- Torre Le Parc: el edificio más alto de la ciudad (50 pisos).
- Ex Armenonville: antiguo cabaret donde debutaron Gardel y Razzano, hoy sede de Canal 9.
Vecinos ilustres
- Evaristo Carriego: el poeta del suburbio. Su casa es hoy museo.
- Jorge Luis Borges: que inmortalizó Palermo en sus cuentos, milongas y entrevistas.
- Alfredo Palacios: primer diputado socialista de América.
- Carlos Guido Spano: poeta de la patria, visitado por generaciones de alumnos.
- William Morris: filántropo inglés, creador del Hogar El Alba.
Palermo, barrio del futuro
Hoy, Palermo es sinónimo de vida nocturna, coctelería, diseño, arquitectura moderna, turismo, skate, runners, ferias vintage, artesanos, performances callejeras y startups tecnológicas. En sus bares se redactan newsletters, se cierran negocios y se escriben canciones.
Pero bajo ese barniz cool, Palermo es también historia profunda. Es el eco de Rosas, de los tranvías, de las huertas indígenas, de los picnics decimonónicos, de la moda ochentosa y del gol de Maradona contra Inglaterra visto desde la plaza de Serrano.
Final abierto
Palermo no termina. Palermo se reescribe. Cada esquina tiene una historia, cada pasaje es un capítulo, cada plaza un escenario. Y vos, lector, ¿cuántas veces cruzaste el Puente Pacífico? ¿Cuántas veces te prometiste que era la última vez en la ventanilla del hipódromo?
Porque Palermo, como el tango, como el amor, como la ciudad, no se explica. Se vive.