Orgullo en la calle: marea diversa y antifascista copó Plaza de Mayo
Miles de personas marcharon en defensa de las identidades, los cuerpos y las vidas que incomodan al poder. El orgullo volvió a ser político.
Buenos Aires fue tomada este sábado por una marea viva, plural y sin permiso. Desde las inmediaciones del Congreso hasta Plaza de Mayo, una multitud diversa protagonizó la segunda Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista LGBTI+, una convocatoria que no pidió tolerancia: exigió derechos.
Banderas arcoíris, telas fluorescentes, cuerpos sudados bajo el sol de febrero y consignas que no se negocian marcaron el pulso de una jornada masiva. “Acá no sobra nadie”, “Ninguna vida es descartable” y “Los derechos no se recortan” fueron algunas de las frases que se escucharon, se cantaron y se gritaron con bronca lúcida y memoria activa.
La movilización fue impulsada por el Frente Nacional Orgullo y Lucha junto a organizaciones de derechos humanos, colectivos feministas y agrupaciones sociales. Entre ellas participaron la Comunidad Homosexual Argentina, 100% Diversidad y Derechos, Abosex y múltiples espacios territoriales, en una articulación que volvió a demostrar que la diversidad no es fragmentación, sino comunidad.
La marcha avanzó por Avenida de Mayo con tal densidad humana que el protocolo antipiquetes quedó, una vez más, desbordado por la realidad. Cuando los cuerpos son muchos, el miedo cambia de vereda.
Identidades que resisten
No fue solo una marcha contra algo, sino a favor de existir. A favor de quienes aman distinto, sienten distinto, se perciben distinto. A favor de las personas travestis y trans mayores, de las juventudes que hoy ven amenazado su acceso a la salud, de quienes viven la discriminación no como concepto sino como rutina.
El documento leído durante la jornada denunció el aumento de los discursos de odio y señaló una seguidilla de crímenes contra jóvenes LGBTI+ ocurridos en distintas provincias durante 2025, muchos de ellos aún sin esclarecer. También se apuntó al desmantelamiento de políticas públicas de prevención y asistencia frente a la violencia por motivos de género e identidad.
El reclamo fue claro: sin Estado no hay derechos, y sin derechos no hay democracia real.
Orgullo es memoria, presente y futuro
La movilización volvió a poner en escena una verdad incómoda para el poder: el orgullo no es solo celebración, es resistencia organizada. Frente a las políticas del gobierno de Javier Milei, la calle respondió con una ética simple y antigua, casi artesanal: nadie queda afuera.
Hubo carteles provocadores, sí. Hubo bronca, también. Pero, sobre todo, hubo algo más profundo y difícil de erradicar: alegría política. Esa que nace cuando sabés que no estás solo, que tu diferencia no es un error y que la historia —aunque avance a los empujones— no vuelve atrás.
La marcha cerró sin incidentes, con abrazos, cantos y una certeza compartida: mientras existan cuerpos diversos, habrá orgullo. Y mientras haya orgullo, el fascismo no pasa.
Porque vivir como uno es, todavía, el acto más revolucionario.