Murió Pupy, la elefanta símbolo del antiguo zoológico de Palermo
Por Palermotour — Magazine de Palermo. Comuna 14
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Un adiós a una vieja conocida del barrio
La noche del viernes se apagó la vida de Pupy, la elefanta africana que durante más de tres décadas fue una de las grandes protagonistas del antiguo zoológico de Palermo. Murió a los 35 años en el Santuario Global para Elefantes, en el estado de Mato Grosso, Brasil, donde había sido trasladada hace apenas cinco meses como parte del programa de reinserción de animales rescatados del cautiverio. Su historia, atravesada por la ternura del público porteño y la dureza del encierro, marca el fin de una era para Buenos Aires.
Del rugido urbano al silencio del santuario
Pupy había nacido en África y llegó al zoológico porteño siendo apenas una cría. Durante décadas fue vista por millones de visitantes que recorrían los caminos del viejo predio de Las Heras y Sarmiento, entre jaulas de hierro, cemento caliente y ecos de una época en la que los animales eran parte del entretenimiento familiar.
En abril de este año fue finalmente liberada hacia el Santuario Global, junto a Kenya y Kuky, otras dos elefantas trasladadas desde el Ecoparque de Buenos Aires, heredero del zoológico que comenzó su transformación hace ya varios años. En ese nuevo hábitat, rodeada de vegetación tropical, Pupy conoció por primera vez la tierra húmeda bajo sus patas y el silencio de la selva.
Sus últimos días en libertad
El santuario informó que Pupy llevaba varios días con problemas gastrointestinales y malestar general. “Tenía antecedentes de cólicos”, explicaron sus cuidadores. “Incluso en sus días más difíciles seguía comiendo, y habíamos encontrado un régimen de medicación que parecía ayudarla”.
Pero su estado se complicó bruscamente. Luego de defecar, expulsó cerca de un kilo y medio de piedras negras —restos que no pertenecían al entorno del santuario—, y poco después su salud se deterioró rápidamente. Al intentar hidratarla, se desplomó repentinamente y falleció pese a los esfuerzos de la veterinaria Trish London.
Su compañera Kenya permaneció a su lado toda la noche. Los cuidadores describieron la escena con una mezcla de tristeza y respeto: “Kenya se quedó cerca de su cuerpo, en silencio, acompañándola hasta el amanecer”.
Una vida marcada por el cautiverio
El director del santuario, Scott Blaise, recordó que al conocer a Pupy y a Kuky quedó impactado por el deterioro físico y emocional que mostraban: “Nos dijeron que tenían unos veinte años, pero su aspecto era el de elefantas mucho mayores”.
El equipo del Ecoparque porteño había trabajado durante años para mejorar la salud de los ejemplares antes del traslado. Sin embargo, Pupy ya mostraba temblores en la trompa y los ojos, posiblemente asociados a un cuadro neurológico o crónico derivado de años de encierro.
“El desafío de rescatar animales geriátricos que vivieron décadas sin dieta adecuada ni atención médica es enorme”, señalaron desde el santuario. “Buscamos ofrecerles dignidad y libertad, pero los efectos del cautiverio a veces son imposibles de revertir”.
El fin de una era en Buenos Aires
Con su partida, Pupy se convirtió en la última elefanta porteña. Su muerte simboliza el cierre definitivo de una historia que comenzó con jaulas victorianas y finaliza con la promesa de una nueva conciencia ambiental.
A lo largo de su vida, fue testigo de la transformación de Palermo: del bullicio de los fines de semana en el zoológico a los paseos familiares por el actual Ecoparque, donde ya no hay barrotes ni espectáculos, sino espacios educativos y refugios para especies rescatadas.
Pupy representa esa transición, esa deuda que la ciudad intentó saldar con quienes alguna vez fueron su espectáculo.
Hay despedidas que duelen más allá de las palabras.
Pupy no fue solo una elefanta: fue memoria colectiva, infancia de generaciones y símbolo de un tiempo que quedó atrás. Su cuerpo descansará en Brasil, pero su historia seguirá viva en Palermo, entre los árboles del Ecoparque, donde su sombra enorme y suave aún parece moverse en silencio.
¿Podrá Buenos Aires aprender, al fin, que la libertad también es una forma de respeto?