La hiena de Palermo atacó: masajes, alcohol y apuestas en una causa que sacude al barrio
Marcelo Porcel, de 51 años, hijo de Néstor Porcel, uno de los fundadores de Argencard
En Palermo, barrio de veredas anchas y colegios privados prolijos, fue descripto un escenario que nadie quiere ver pero que, cuando aparece, obliga a mirar de frente. Un empresario de apellido pesado y vínculos históricos con el poder económico porteño fue imputado por una serie de presuntos abusos contra adolescentes, compañeros de su hijo en el Colegio Palermo Chico.
La causa avanza, suma testimonios y deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿cuántas señales fueron ignoradas por respeto, miedo o silencio social?
Lo que describen los testimonios
Según consta en el expediente judicial, al menos nueve menores declararon en Cámara Gesell y relataron situaciones reiteradas que habrían ocurrido en distintos ámbitos privados. No se trató de un hecho aislado ni de un espacio único.
Fueron mencionados domicilios particulares en Palermo, un departamento desocupado en la Torre Le Parc de Puerto Madero y oficinas vinculadas al imputado. En esos encuentros, de acuerdo con los relatos, se habrían producido:
- Masajes en piernas con crema mentolada
- Consumo de alcohol facilitado a menores
- Desafíos y apuestas por dinero o figuritas del Mundial Qatar 2022
- Solicitudes de confidencialidad
- Insistencia para que los adolescentes se quedaran a dormir
- Registros audiovisuales en situaciones íntimas
Nada ocurrió en la vía pública. Todo habría sucedido en espacios cerrados, lejos de miradas adultas, bajo una lógica de poder desigual: adulto–menor, dinero–dependencia, prestigio–silencio.
La investigación judicial
La causa se inició el 5 de julio de 2024 y está a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°50, con intervención de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°1.
Durante la investigación fueron ordenados allanamientos, con secuestro de computadoras y teléfonos celulares. Entre los elementos incorporados a la causa se mencionan imágenes halladas en dispositivos móviles que reforzarían las acusaciones.
El empresario fue imputado por abuso sexual agravado, corrupción de menores agravada y producción y tenencia de material de abuso infantil, en al menos dos hechos. Las querellas solicitaron su indagatoria y detención, pedidos que hasta el momento fueron rechazados por la fiscalía al considerar que el imputado se mantuvo a derecho, tiene arraigo y no registra antecedentes penales.
Actualmente, el acusado permanece en Punta del Este, con autorización judicial hasta el 5 de enero, y tiene una restricción de acercamiento de 300 metros respecto de las víctimas, lo que le impide concurrir tanto al colegio como al club GEBA. Sus hijos ya no asisten a la institución educativa.
Quién es el empresario investigado
El imputado es Marcelo Porcel, de 51 años, hijo de Néstor Porcel, uno de los fundadores de Argencard, sistema pionero de tarjetas de crédito en la Argentina. El apellido quedó ligado durante décadas al poder económico local.
Marcelo Porcel estuvo vinculado a grandes desarrollos comerciales, entre ellos la reconversión de Buenos Aires Design en OH! Buenos Aires, un proyecto millonario en Recoleta que conservó la histórica fachada diseñada por Clorindo Testa. También figura como presidente de Campazu S.A., empresa dedicada a actividades agropecuarias e inmobiliarias rurales.
Formado en Project Management y gestión empresarial, Porcel construyó un perfil de ejecutivo moderno, de esos que aparecen en revistas de negocios y cócteles cerrados. Justamente por eso, el impacto del caso es mayor: cuando el poder se mancha, el ruido es inevitable.
Palermo y el silencio que ya no funciona
Palermo no es solo bares, turismo y runners. También es una trama social compleja donde el prestigio, el apellido y el dinero muchas veces operan como escudos invisibles. Este caso expone una verdad incómoda: los abusos no siempre vienen de los márgenes, a veces se sientan en sillones de cuero, hablan bajo y prometen favores.
Las familias denunciantes rompieron un pacto no escrito: el de callar para no “arruinar” un apellido o una institución. Y cuando eso pasa, el barrio entero queda interpelado.
Cierre editorial
La hiena no ruge. La hiena espera. Se mueve donde hay confianza, se camufla en la normalidad y se alimenta del silencio ajeno.
Pero cuando los chicos hablan, cuando las familias se animan y cuando la Justicia escucha, el disfraz se rompe.
En Palermo, esta historia recién empieza. Y esta vez, el barrio decidió no mirar para otro lado.