Cuando los primeros rayos de sol apenas rozan los árboles centenarios de Palermo, algo mágico sucede sobre los espejos de agua que se esparcen como gemas líquidas entre plazas, senderos y avenidas. Son los cinco lagos que componen el corazón verde de la Comuna 14: pulmones, refugios, escenarios de romances, aventuras deportivas, postales familiares y, también, territorio de gansos con alma de custodios.
Este recorrido no es solo una guía turística: es una invitación a redescubrir la ciudad desde el agua y la sombra, con un mate en la mano y el tiempo en pausa.
1. Lago de Regatas: el gigante del parque
Ubicado frente al Campo Municipal de Golf, entre el Aeroparque y Figueroa Alcorta, el Lago de Regatas se extiende como un mar en miniatura. Con sus 92.000 m² de superficie y un perímetro de 2.000 metros, es el más grande de todos. Allí conviven runners, ciclistas, remeros y paseadores de perros. Si lo que buscás es aire, ritmo y espacio, este es tu lugar.
Pero no todo es deporte: los atardeceres aquí son un espectáculo de reflejos dorados, y más de un poeta del barrio se ha sentado bajo un ceibo a buscar inspiración entre los graznidos de los gansos.
2. Lago del Rosedal: el romanticismo hecho agua
En el corazón de Plaza Holanda, rodeado por el célebre Jardín de Rosas, se encuentra el Lago del Rosedal, el más visitado por quienes buscan una postal porteña. Sus 47.000 m² invitan a cruzar puentes blancos, subir a las barquitas de alquiler y dejarse llevar.
Aquí los gansos no solo nadan: desfilan. A diario, cruzan la Avenida Infanta Isabel como si tuvieran cita en el Sívori. No hay semáforo ni bocinazo que los detenga. La escena es tierna, sí, pero también peligrosa. El cruce sin control ya generó más de un susto entre automovilistas y ciclistas.
3. Lago del Planetario: ciencia y poesía
A pasos del Planetario Galileo Galilei, en la Plaza Benjamín Gould, este lago de 9.000 m² se ubica entre el saber astronómico y la belleza paisajística. Es habitual ver chicos en excursión escolar, parejas de turistas o vecinos que se sientan con un libro frente al agua mientras el domo del planetario se refleja como un satélite dormido.
Al amanecer, los patos y gansos todavía duermen sobre el agua. Es un momento de silencio, solo interrumpido por el zumbido lejano de los aviones o el trote suave de quienes salen a correr temprano.
4. Lago del Jardín Japonés: una postal zen
Este pequeño lago es quizás el más fotografiado. Dentro del Jardín Japonés, su islita con el puente rojo, las carpas koi y la serenidad del diseño oriental lo transforman en una cápsula de paz en medio del ruido urbano.
No es raro ver algún visitante haciendo tai chi, o una pareja sacando fotos para el civil. Acá los gansos no mandan: son visitantes discretos de una estética ajena, donde cada piedra y cada hoja parecen colocadas por un calígrafo.
5. Lago Victoria Ocampo: el secreto de Plaza Sicilia
Menos conocido, pero igual de encantador, este lago se encuentra en Plaza Sicilia, entre el Jardín Japonés y el Ecoparque. Es el más antiguo del conjunto, y su nombre rinde homenaje a la escritora argentina. Entre las avenidas Berro y Libertador, este rincón invita al descanso, con bancos a la sombra y patos que se pasean como personajes literarios.
Si buscás un lugar tranquilo, lejos del bullicio del Rosedal o del ritmo del Lago de Regatas, este es el lago para vos. Muchos lo ignoran, pero quizás por eso se conserva tan auténtico.
Epílogo con plumas: los gansos, entre la postal y el problema
No se puede hablar de los lagos sin hablar de los gansos. Icono de Palermo, adorados por chicos y turistas, pero también polémicos por su comportamiento. Estos animales gregarios, grandes y territoriales, han llegado a ser más de 300 en su momento, desplazando vegetación autóctona y hasta atacando a visitantes.
Desde 2018, el Gobierno porteño implementó un plan de reducción poblacional, reubicando ejemplares en zonas rurales del Gran Buenos Aires. Hoy se estima que quedan unos 120 gansos. El debate entre conservación, seguridad y ecología sigue abierto.
Consejos para el visitante atento:
- No alimentes a los gansos: el pan los enferma.
- Respetá su espacio, especialmente en época de cría.
- Si querés observarlos, andá temprano: entre las 6 y las 8 de la mañana es su momento más activo.
- Mirá siempre al cruzar: ellos no frenan, ni usan Waze.
Los lagos de Palermo no son solo agua: son historia, conflicto, naturaleza urbana, deporte, poesía y convivencia. Representan ese equilibrio tan porteño entre lo salvaje y lo domesticado, lo improvisado y lo escenográfico.
¿Vos ya tenés tu lago favorito? ¿Sos del bando Rosedal o de la tribu Regatas? ¿Te bancás a los gansos o te cambiás de vereda?