«Letter to a man» con Mikhail Baryshnikov se presentará en Buenos Aires

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La última visita de Baryshnikov fue en 2014 cuando realizó funciones de “The old woman”, también dirigida por Wilson y protagonizada junto al actor estadounidense Willem Dafoe.

El prestigioso bailarín y actor ruso Mikhail Baryshnikov junto al director Robert Wilson presentaron el martes a la prensa “Letter to a man”, espectáculo sobre “Diarios de (Vaslav) Nijinsky”, texto donde el virtuoso bailarín fallecido relata su lucha contra locura, que estrenarán el jueves en el Coliseo, donde también se realizó el encuentro con los periodistas.

La última visita de Baryshnikov fue en 2014 cuando realizó funciones de “The old woman” también dirigida por Wilson y protagonizada junto al actor estadounidense Willem Dafoe, una puesta inquietante con gran despliegue audiovisual que proponía un viaje desde los sentidos, a partir del relato homónimo de Daniil Kharms quien murió de inanición encerrado en una institución psiquiátrica de Leningrado en 1942.

La locura entonces parece un tema capaz de capturar a la dupla creativa y fue una escena de aquella obra, un breve monólogo del artista ruso donde destrozaba una silla, inspirada en un texto de los “Diarios de Nijinsky» lo que despertó la curiosidad en Misha, germen de la propuesta que desde el jueves se verá en Buenos Aires.

Frente a una gran cantidad de periodistas, grabadores, cámaras y celulares que los enfocan, toma la palabra el gran director de escena para explicar su modo de trabajo. Pero, de golpe, suena un teléfono. Es el suyo. Lo apaga. Acota: «Era Donald Trump, le tuve que decir que estaba ocupado». Y sigue con lo suyo, con un gráfico que va dibujando en el cual aplica fórmulas matemáticas para traducir en escena un relato de un hombre que se debate con su propio locura, con su propia esquizofrenia.

«Yo pienso al teatro en términos visuales. Una vez que veo al espacio me resulta más fácil pensar en cómo llenarlo. Mis trabajos responden a una sucesión de tiempos y espacios, pienso en momentos interiores y exteriores, en movimientos rápidos y lentos, en momentos más coloridos que otros. En el teatro, como en la vida, hacemos leyes para no cumplirlas, para quebrarlas», explica.

Verdadero maestro de la palabra, este señor que es uno de los grandes renovadores de la escena del fin de siglo habla del señor que está sentado a su lado, unas de las figuras del ballet clásico del siglo pasado, con quien ya hizo The Old Woman, experiencia visual en la Baryshnikov compartía escena con Willem Dafoe y que se vio en esta ciudad hace unos años. Dice: «Uno de los aspectos más extraordinarias de él es que, como bailarín, entiende de qué se trata tanto el movimiento como la quietud. El músico y compositor John Cage sostenía que no hay nada como el silencio. Escuchar el silencio nos ayuda a que los sonidos sean más audibles y en la obra que se verá en Buenos Aires es muy importante escuchar». Dice esto y se queda en silencio. Uno, dos, tres; varios segundos. «Mi trabajo como puestista no es interpretativo. No es que no tenga significados, tiene muchos. No es importante decir qué es una cosa sino preguntarse qué es. Esa es la razón por la que trabajamos».