Una de cada seis personas sufrirá un accidente cerebrovascular (ACV) en algún momento de su vida, y una de las consecuencias más comunes después de sufrir este tipo ataque cerebral es la espasticidad que constituye una secuela motora importante a partir del aumento de la resistencia de los músculos a ser estirados pasivamente.
En los países occidentales el ACV es el principal responsable de discapacidad física grave en adultos.
Aproximadamente un 25% de los sobrevivientes, pasados 6 meses del accidente, no podrá caminar sin ayuda, mientras que un 60% no podrá incorporar su mano afectada para realizar actividades cotidianas.
“Cuanto mas intente el paciente movilizar el brazo o la pierna afectada, mas resistencia y sensación de endurecimiento experimentaráâ€, explicó la médica fisiatra Roxana Secundini.
Estas dificultades motrices, junto al dolor que puede presentarse, deterioran notablemente la calidad de vida de los pacientes, haciendolos dependientes para realizar actividades de la vida diaria como caminar, alimentarse, vestirse o higienizarse.
Secundini puntualizó que como consecuencia del daño cerebral se desarrollan patrones de espasticidad, predominando frecuentemente la flexión y aducción en el hombro (el brazo permanece pegado al tronco), el codo permanece en flexion (lo que le genera al paciente inestabilidad al querer levantarse de una silla o al caminar, con mas posibilidades de caidas o imposibilidad de alcanzar objetos a pesar de tener una buena recuperacion en la mano) y la mano cerrada (que impide la higiene o el poder ayudar en algunas actividades a la mano sana).