La Pérgola del Rosedal: Un Paseo Encantador en Buenos Aires

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La Pérgola: Historia y Antecedentes de estas Joyas Arquitectónicas

Un Paseo por el Tiempo:

Las pérgolas, esas estructuras elegantes que adornan parques y jardines, poseen una rica historia que se remonta a la Antigüedad. Sus orígenes se encuentran en las civilizaciones egipcia y romana, donde se construían para proporcionar sombra y soporte a las plantas trepadoras.

Evolución a través de los Siglos:

Edad Media: Las pérgolas se utilizaban en los jardines monásticos para crear espacios de recogimiento y oración.
Renacimiento: Experimentaron un resurgimiento en Italia, donde se convirtieron en elementos decorativos de jardines palaciegos.
Barroco: Se caracterizaron por su ornamentación exuberante y la incorporación de esculturas y fuentes.
Siglo XIX: Se popularizaron en los parques públicos de Europa y América, adquiriendo un estilo más funcional y sencillo.
Más allá de la Decoración:

Las pérgolas no solo son elementos decorativos, sino que también cumplen con diversas funciones:

Proveer sombra y frescor en los días calurosos.
Crear un espacio de transición entre diferentes áreas del jardín.
Dar soporte a plantas trepadoras, creando un ambiente natural y colorido.
Servir como marco para eventos al aire libre como bodas o fiestas.

Materiales y Estilos:

Las pérgolas se pueden construir con diversos materiales, como madera, metal, piedra o incluso bambú. El estilo puede variar desde lo clásico hasta lo moderno, adaptándose a la estética del jardín o parque donde se ubican.

Ejemplos Emblemáticos:

La Pérgola del Rosedal de Palermo, Buenos Aires: Un clásico ejemplo de pérgola de estilo griego, con columnas y enredaderas que crean un ambiente romántico.
La Pérgola de la Alhambra, Granada: Una joya de la arquitectura árabe, con arcos y celosías que permiten la entrada de la luz y la brisa.
La Pérgola del Parque Güell, Barcelona: Una obra maestra de Antoni Gaudí, con formas onduladas y mosaicos coloridos que la convierten en una pieza única.
Las pérgolas son mucho más que simples estructuras. Son espacios llenos de encanto e historia que invitan a la contemplación, el descanso y el disfrute de la naturaleza. Un complemento perfecto para cualquier jardín o parque que desee elevar su belleza y funcionalidad.

Recomendaciones:

Considerar el estilo del jardín o parque al elegir el diseño de la pérgola.
Elegir materiales resistentes a la intemperie.
Incluir plantas trepadoras para crear un ambiente natural y colorido.
Utilizar la pérgola como espacio de descanso o para eventos al aire libre.
Las pérgolas: Un toque de distinción y elegancia a cualquier espacio verde. Un legado histórico que continúa embelleciendo jardines y parques del mundo entero.

El Rosedal

El Rosedal, alberga 93 especies diferentes de rosas que crecen dentro de un jardín diseñado por el paisajista y agrónomo Benito Carrasco.

Un oasis de color y fragancia: El Rosedal de Buenos Aires

Un espectáculo sin igual:

Pocos eventos naturales pueden compararse con la explosión de color que se vive en el Rosedal de Buenos Aires durante la temporada de floración. Casi 8.000 rosas, pertenecientes a 93 especies diferentes, se convierten en protagonistas de un escenario único, cautivando a visitantes de todo el mundo.

Un espacio para disfrutar:

Con una superficie cercana a las 4 hectáreas, el Rosedal se presenta como un oasis verde en el corazón de la ciudad. Su acceso libre y gratuito lo convierte en un lugar ideal para escapar del bullicio urbano y sumergirse en un ambiente de paz y armonía.

Un recorrido por la belleza:

Ubicado sobre la Avenida Presidente Pedro Montt, el jardín invita a recorrer sus senderos serpenteantes, flanqueados por rosales de vibrantes colores y aromas cautivadores. Un paseo que permite admirar la diversidad de formas y texturas que ofrece este universo floral.

Un puente hacia la fascinación:

Al final del recorrido, el famoso puente blanco se alza como un símbolo del Rosedal. Un punto de encuentro donde los visitantes se detienen a contemplar la vista panorámica del jardín y el lago que lo rodea, capturando imágenes imborrables en sus memorias.

El Rosedal: Un deleite para los sentidos:

Más que un simple jardín, el Rosedal de Buenos Aires se erige como una experiencia sensorial completa. Un espacio donde la vista se deleita con la explosión de colores, el olfato se embriaga con las fragancias de las rosas y el espíritu se renueva en contacto con la naturaleza.

Recomendaciones:

Visitar el Rosedal durante la primavera o el verano: Para disfrutar del florecimiento de las rosas en todo su esplendor.
Llevar ropa cómoda: Para poder caminar con tranquilidad por los senderos del jardín.
Tomar agua: Hay bebederos disponibles en el Rosedal.
Llevar una cámara: Para capturar los increíbles paisajes y colores del jardín.
El Rosedal: Un oasis de belleza natural en el corazón de Buenos Aires. Un lugar imperdible para locales y visitantes que buscan un espacio de paz, armonía y fascinación.

Para los amantes de la naturaleza y la arquitectura, la Pérgola del Rosedal de Buenos Aires ofrece una experiencia única. Ubicada en el corazón del Parque 3 de Febrero, esta pérgola de estilo griego se extiende a lo largo de 130 metros, bordeando un lago artificial y creando un marco incomparable para disfrutar de las flores y el paisaje.

Un paseo por la Pérgola del Rosedal:

Camina bajo la sombra: La pérgola está cubierta por enredaderas que florecen en primavera y verano, creando un espacio fresco y perfumado.
Admira las vistas: Desde la pérgola se puede disfrutar de una vista panorámica del Rosedal, con sus miles de rosas de diferentes colores y aromas.
Toma fotos: La pérgola es un escenario ideal para tomar fotos memorables de tu viaje a Buenos Aires.
Descansa: Hay bancos a lo largo de la pérgola donde puedes sentarte a descansar y disfrutar del paisaje.

Esculturas imperdibles en el Rosedal:

El Monumento a los Españoles: Un homenaje a los inmigrantes españoles que llegaron a Argentina.

Recomendaciones:

Visita el Rosedal en primavera o verano: Es cuando las flores están en su máximo esplendor.

Horario de atención del Rosedal:

Horarios

Verano (22 de septiembre a 21 de abril): Martes a domingo de 10 a 18 hs., ingreso hasta las 17 hs. Lunescerrado.

Invierno (22 de abril a 21 de septiembre): Martes a domingo de 10 a 18 hs., ingreso hasta las 17 hs. Lunes cerrado.

Los días 1 de enero, Viernes Santo, 1 de mayo, 20 de julio, 21 de septiembre, 8 de noviembre, 24, 25, y 31 de diciembre, el Rosedal permanecerá cerrado.

Se informa al público visitante que los días de inclemencias climáticas (vientos intensos, lluvias, lloviznas persistentes) el Rosedal permanecerá cerrado por razones de seguridad.

TIPS
Sus atractivos

El Rosedal es, quizás, el espacio más visitado del Parque 3 de febrero. Su popularidad no es injustificada: este jardín, cuidadosamente diseñado, fue premiado, en el 2012, con el Garden Excellence Award, otorgado por la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas (WFRS). Las especies más comunes son la rosa sevillana, de color rojo brillante, la Johan Strauss, la Charles Aznavour y la Frederic Mistral (las tres de tonalidades rosadas) y la Elina, de color amarillo claro.

Entre los rosales se levantan bustos de poetas famosos, a quienes se rinde homenaje en el Jardín de los Poetas. Allí conviven Dante Alighieri con Jorge Luis Borges, Antonio Machado y Federico García Lorca con Alfonsina Storni, entre otros.

Muy cerca está el Patio Andaluz, construido en 1929 y obsequiado por la ciudad de Sevilla a la ciudad de Buenos Aires. En la fuente, ubicada en el centro del patio, se puede leer la dedicatoria que acompaña al regalo: “A la caballerosa y opulenta ciudad de Buenos Aires en testimonio de comunicación espiritual, Sevilla ofrece esta muestra de la industria de Triana, el barrio de los laboriosos alfareros y los intrépidos navegantes”. Los adornos de mayólica decoran los bancos, escalones y pisos del patio, que está rodeado por ejemplares de glicinas.

Construido para cruzar el Lago del Rosedal, el Puente Blanco es también conocido como Puente Helénico o Puente Griego, debido a sus rasgos arquitectónicos.

El Rosedal es un emblema del diseño paisajístico y regala una imagen privilegiada dentro de la Ciudad: su particular encanto, resultado del trabajo de una de las grandes figuras del urbanismo porteño, le otorga una identidad propia. Conocer el Rosedal es una de las tantas buenas excusas para visitar el Parque 3 de febrero.

Su historia: el legado de Benito Carrasco
Era 1914 cuando Benito Carrasco, que por entonces tenía 37 años, se hizo cargo de la Dirección de Paseos de la Ciudad. Desde 1900 venía trabajando en aquella dependencia. Ni bien asumió, concluyó la obra del Rosedal, junto con el famoso puente helénico, el templete y la pérgola. Así, su gestión se iniciaba con una obra que, a lo largo de cien años, no dejaría de resultar emblemática para el Parque 3 de febrero y para la Ciudad.

Durante su labor en la Dirección de Paseos de la Ciudad, Benito Carrasco trabajó bajo las directivas del célebre arquitecto y paisajista francés, Carlos Thays, a quien ya conocía: Thays fue el director de la tesis con la que Carrasco se graduó, a los 23 años, como ingeniero agrónomo en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires.

De esta manera, Benito Carrasco se convirtió en el discípulo más notable de Thays y, cuando éste dejó la Dirección de Paseos de la Ciudad en 1913 (después de 22 años de gestión), ocupó el cargo de su maestro. El Rosedal fue una gran manera de darle continuidad a la serie de notables obras encaradas por Thays, entre las cuales se encuentran el diseño del Jardín Botánico, del Parque Avellaneda, del Parque Lezama y la reforma del mismo Parque 3 de febrero, entre otras.

Durante 4 años, Carrasco se mantuvo al frente de la Dirección de Paseos, impulsando obras como el diseño del paseo de la Costanera Sur y de la Escuela de Jardineros (hoy “Escuela Técnica de Jardinería Cristóbal M. Hicken”). Al finalizar su gestión, se dedicó a trabajos en el ámbito privado y también a la docencia universitaria, desde donde llevó a cabo una importante labor formativa a través de su cátedra de Parques y Jardines en la UBA.

En 1958, Benito Carrasco falleció, pero su obra lo sobrevive. A casi cien años de su construcción, el Rosedal todavía transmite la pasión y el cariño de quién dedicó su vida a trabajar para que todos los ciudadanos y visitantes de Buenos Aires puedan disfrutar del verde dentro de la Ciudad.