La visita de León XIV despierta una curiosidad que también llega a la cocina: qué le van a servir al Papa.
El menú completo de su estadía argentina todavía no fue difundido públicamente.
Sus gustos conocidos, sin embargo, permiten descubrir una historia de comidas sencillas y un fuerte cariño por la gastronomía peruana.
Por Ernesto Magneto
Recetas | Palermo Tour
Entre las misas, los encuentros y los preparativos de la visita de León XIV a la Argentina, aparece una pregunta bien de sobremesa: ¿qué come el Papa? ¿Le prepararán un asado, probará empanadas o tendrá una dieta especial? Por ahora, conviene separar las ganas de agasajarlo de las decisiones efectivamente comunicadas. No hay un menú completo confirmado públicamente para su paso por el país, y tampoco corresponde presentar los clásicos argentinos como platos ya elegidos para su mesa.
Qué se sabe de su almuerzo en Córdoba
Uno de los datos concretos sobre la organización gastronómica surgió en Córdoba. Los sacerdotes Juan Martínez y Munir Bracco, responsables de la coordinación y la comunicación de la visita, explicaron en octubre que se buscaba resolver un almuerzo sencillo, compatible con los tiempos de la jornada. Se había ofrecido un servicio de tipo buffet, pero en ese momento todavía no tenían definido el menú particular del pontífice.
La información permite hablar de una comida práctica y de una organización austera. No alcanza, en cambio, para anunciar qué carne, qué guarnición o qué postre tendrá delante. Tampoco se difundió allí una lista de alimentos prohibidos, exigencias culinarias extraordinarias o una dieta médica específica. Un almuerzo sencillo es una característica del servicio; no equivale a una prescripción nutricional.
El sabor de Perú en la memoria del Papa
Para conocer sus preferencias hay que viajar hacia Chiclayo, en el norte del Perú, donde Robert Francis Prevost ejerció como obispo antes de convertirse en León XIV. Allí, sus años de trabajo pastoral también dejaron recuerdos alrededor de la mesa. Personas que lo conocieron vinculan sus gustos con el seco de cabrito, el ceviche y el arroz con pato, tres preparaciones representativas de una cocina regional con mucha personalidad.
El dato tiene interés gastronómico y biográfico: sus preferencias conocidas remiten a los lugares donde vivió y a las comidas que compartió. No constituyen una carta de pedidos para la Argentina ni permiten asegurar qué va a elegir durante este viaje.
Seco de cabrito: una olla con identidad norteña
El seco de cabrito es uno de los platos más asociados con sus gustos. Se trata de una preparación de cocción lenta, con carne de cabrito y un aderezo que, según la versión, incorpora cebolla, ajo, ajíes, cilantro y chicha de jora, una bebida fermentada de maíz.
Su nombre puede despistar al comensal argentino: “seco” no significa que la carne llegue reseca al plato. La gracia está en una salsa concentrada y una carne tierna. Suele acompañarse con arroz y porotos, una combinación que convierte la comida en un almuerzo completo. Es cocina de paciencia, de esas que perfuman la casa antes de que alguien pregunte a qué hora se come.
Arroz con pato: mucho más que una guarnición
El arroz con pato ocupa otro lugar destacado en la tradición de Lambayeque. El cilantro aporta su característico tono verde, mientras el aderezo y el fondo de cocción integran el sabor del ave con el arroz.
Para quien lo descubre desde Buenos Aires, vale una aclaración: el arroz tiene protagonismo propio. Absorbe los sabores de la preparación y sostiene la identidad del plato. No está ahí para completar un espacio vacío junto a la carne.
Ceviche: un recuerdo de sus años en Chiclayo
El ceviche también aparece en los testimonios sobre su vida peruana. Un mozo que lo atendió recordó que Prevost lo había comido durante una visita a un restaurante. Ese recuerdo permite documentar una experiencia concreta, aunque sería exagerado convertirla en una supuesta costumbre cotidiana o en una indicación para sus anfitriones argentinos.
¿El Papa sigue una dieta especial?
La palabra “dieta” puede referirse a los hábitos de alimentación o a un régimen indicado por motivos de salud. En el caso de su visita argentina, no se encontró una pauta médica pública que permita detallar calorías, restricciones o cantidades.
Desde Chiclayo, el obispo Edinson Farfán describió a León XIV como una persona sencilla a la hora de comer y señaló que no lo había escuchado pedir una dieta especial. Ese testimonio habla de su trato cotidiano con la comida; no reemplaza información médica ni permite afirmar que actualmente pueda comer cualquier alimento sin restricciones.
¿Habrá asado, empanadas o dulce de leche?
Son candidatos naturales en la imaginación de cualquier anfitrión argentino. Las empanadas permiten recorrer provincias; el asado reúne alrededor del fuego; el dulce de leche suele aparecer cuando llega la hora de mostrar nuestros sabores. Pero ninguno de esos productos debe anunciarse como parte del menú papal sin una confirmación específica.
La gastronomía también cuenta una visita: quién cocina, qué ingredientes elige y de qué manera recibe al invitado. En el caso de León XIV, lo conocido hasta ahora conduce hacia una mesa sencilla y hacia los sabores peruanos que acompañaron una parte importante de su vida.
Desde Palermo, donde conviven parrillas, bodegones y cocinas de toda América Latina, la pregunta queda servida: ¿qué plato argentino elegirías para recibirlo? ¿Una empanada regional, un guiso de familia o ese almuerzo que en tu casa siempre significa “bienvenido”?