Frente al Palacio Bosch, entre avenidas, árboles centenarios y monumentos, sobrevive un templete de estilo Luis XVI cuya historia conecta el antiguo paisaje inundable del Río de la Plata, la estancia de Juan Manuel de Rosas, un gigantesco establecimiento militar, la aristocracia porteña de comienzos del siglo XX y la actual Embajada de los Estados Unidos. Una investigación de Palermo Tour revela, además, qué se sabe —y qué todavía no puede probarse— sobre su emplazamiento, sus reparaciones y su protección patrimonial.

A simple vista parece una construcción menor. Una pequeña glorieta blanca, sostenida por columnas, levantada sobre una plataforma y coronada por una cubierta curva. Un rincón elegante donde los visitantes se detienen para descansar, conversar, tomar fotografías o buscar sombra antes de continuar hacia el Rosedal, el Ecoparque, La Rural o el Monumento de los Españoles.
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Pero la glorieta de Plaza Intendente Seeber no es solamente un adorno.
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Es la pieza más delicada de un paisaje que fue diseñado para dialogar con uno de los palacios más extraordinarios de Buenos Aires. También es la silenciosa ocupante de un terreno sobre el cual funcionó la Maestranza de Juan Manuel de Rosas, un establecimiento enorme que reunía talleres, herrerías, caballerizas, depósitos, oficinas, servicios veterinarios, soldados, peones y centenares de caballos.
Antes de todo eso, mucho antes de que existieran Palermo, la avenida del Libertador o el Parque Tres de Febrero, el lugar formaba parte de una zona baja, húmeda e inundable, vinculada con el antiguo borde del Río de la Plata.
La glorieta, por lo tanto, no está simplemente en una plaza: está apoyada sobre varias ciudades superpuestas.
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El templete que todos llaman glorieta
Su nombre popular es “la glorieta de Plaza Seeber”. Algunas personas también la llaman pérgola. Sin embargo, la denominación utilizada en el inventario de Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad de Buenos Aires es más precisa: Templete.
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La pieza aparece registrada con el número de inventario MOA 373 y está clasificada como “motivo decorativo”. El mismo registro señala que pertenece al estilo Luis XVI y que formó parte de los jardines del Palacio Bosch. No atribuye la obra a un arquitecto determinado y, lo más importante para esta investigación, consigna que no existe una referencia disponible sobre su fecha de inauguración.
El origen de dominio indicado es igualmente revelador: fue adquirida por la antigua Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, la glorieta no pertenece a la Embajada de los Estados Unidos ni a los propietarios del palacio ubicado enfrente. Es patrimonio público de la Ciudad. La ficha patrimonial del templete puede consultarse en el inventario basado en los registros del MOA.
Esta ausencia de fecha obliga a separar los datos comprobados de las versiones repetidas sin documentación.
El templete está históricamente vinculado con el Palacio Bosch y con su composición paisajística. Pero el inventario oficial no informa cuándo fue inaugurado, cuándo lo compró la Municipalidad ni si fue trasladado físicamente desde el interior del jardín privado hasta su posición actual.
Por eso, una noticia rigurosa no debería afirmar que fue “mudado en 1929”, “instalado en 1914” o “construido por Charles Thays” sin exhibir el documento que lo demuestre. Hasta el momento, esos datos no aparecen en la ficha oficial de la obra.
La fecha más probable, pero todavía no definitiva
Aunque no se conoce el año exacto, es posible establecer una ventana histórica razonable.
El Palacio Bosch fue encargado alrededor de 1910 por Ernesto Bosch y Elisa de Alvear. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto francés René Sergent, mientras que Achille Duchêne diseñó los jardines, Charles Thays intervino en su materialización y André Carlhian trabajó en la decoración interior. La familia comenzó a ocupar la residencia en 1917.
Por su lenguaje francés y por su relación escenográfica con el palacio, el templete debió ser concebido dentro de ese ciclo de construcción y parquización de comienzos del siglo XX, aproximadamente entre 1911 y 1917. Pero esa aproximación no equivale a una fecha documental.
Una descripción arquitectónica del conjunto sostiene, además, que el templete del paseo público fue expresamente incorporado a la composición visual de la fachada lateral del palacio, evocando los jardines franceses y las perspectivas del Petit Trianon de Versalles.
Eso introduce una posibilidad particularmente interesante: quizás el templete no fue simplemente un objeto privado trasladado años después, sino una pieza pensada desde el comienzo para prolongar el paisaje del Palacio Bosch más allá de los límites de su parcela.
La ficha del MOA dice que formó parte de los jardines y que después fue adquirido por la Municipalidad. La documentación arquitectónica lo relaciona con el paseo público. Ambas informaciones pueden ser compatibles si se entiende que “los jardines” no eran solamente un recinto cerrado, sino una composición paisajística más amplia, construida para ser contemplada desde el palacio y desde el espacio exterior.
La respuesta más honesta es, entonces, la siguiente: el templete probablemente fue levantado durante la construcción del Palacio Bosch, entre 1911 y 1917, pero la fecha exacta de emplazamiento todavía no está documentada en el inventario público consultado.
Antes de Palermo había agua
Para comprender la historia profunda de Plaza Intendente Seeber hay que retroceder mucho más allá de los palacios y de las avenidas.
El sector bajo de Palermo era un paisaje inestable. El río avanzaba durante las sudestadas, el agua quedaba retenida en depresiones naturales y se formaban lagunas, bañados y terrenos pantanosos. Había sauces, talas, ceibos, espinillos, pajonales, mimbreras, ombúes y algarrobos. También nutrias, reptiles, aves acuáticas y una fauna asociada con el borde fluvial.
El arqueólogo e historiador Daniel Schávelzon reconstruyó este ambiente en su investigación El caserón de Rosas. Historia y arqueología del paisaje de Palermo. Allí señala que el cruce actual de las avenidas Sarmiento y del Libertador formaba parte de una gran depresión, aprovechada durante el gobierno de Rosas para conformar un estanque navegable.
Naturalistas del siglo XIX consideraban que esas tierras habían integrado, en tiempos geológicos anteriores, el lecho del Río de la Plata. Los estudios arqueológicos posteriores comprobaron la presencia de tosca a poca profundidad y una napa de agua elevada, características que ayudan a explicar tanto las inundaciones históricas como la dificultad para construir en el lugar. La investigación completa de Schávelzon puede consultarse en esta edición digital.
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¿Había población indígena exactamente debajo de la glorieta?
No existe evidencia arqueológica publicada que permita asegurarlo. En el complejo histórico de Palermo aparecieron algunos fragmentos cerámicos posiblemente anteriores al siglo XIX, pero son demasiado escasos para sostener que hubo un asentamiento indígena permanente en el lote preciso de Plaza Seeber.
La prehistoria comprobable del sitio es, ante todo, ambiental: un antiguo borde fluvial, bajo y anegadizo, anterior a las grandes transformaciones urbanas.

Juan Manuel de Rosas compra la esquina
Durante el siglo XIX, Juan Manuel de Rosas comenzó a reunir una enorme propiedad en Palermo mediante la compra de numerosos terrenos. No recibió toda la superficie en un solo acto: fue formando su establecimiento a través de decenas de escrituras.
La primera adquisición documentada se produjo el 12 de enero de 1838. En total, Rosas habría reunido el dominio mediante 36 operaciones. El terreno que hoy ocupa Plaza Intendente Seeber fue comprado el 11 de abril de 1842.

Este dato permite responder una de las preguntas centrales de la historia de la plaza: antes de ser un espacio público, esas tierras pertenecieron a Juan Manuel de Rosas y quedaron incorporadas a su gran establecimiento de Palermo de San Benito.
No debe confundirse esta propiedad con la familia Bosch-Alvear, vinculada al palacio construido enfrente muchas décadas después. Son dos capítulos distintos.
Rosas fue dueño del suelo sobre el cual hoy se encuentra la plaza. Ernesto Bosch y Elisa de Alvear fueron los propietarios y comitentes del palacio de comienzos del siglo XX. El templete relacionaría finalmente ambos mundos.
La Maestranza de Rosas estaba exactamente allí
En el terreno que actualmente ocupa Plaza Intendente Seeber se levantó la denominada Maestranza de Rosas.
No era un pequeño galpón auxiliar. Era un conjunto de grandes dimensiones, organizado alrededor de un patio central, con talleres, depósitos, caballerizas, herrería, carpintería y otros servicios necesarios para sostener la residencia, las tropas, los animales y la actividad productiva de Palermo.
En la Maestranza funcionaron dependencias vinculadas con la agricultura, la selección y conservación de semillas, la atención veterinaria, la cría de animales, la reparación de carruajes y herramientas, el almacenamiento de materiales y la administración del establecimiento. También hubo espacios de enfermería o asistencia sanitaria y una farmacia.
Por allí pasaban soldados, miembros de la escolta, trabajadores, artesanos, peones y encargados de los caballos. El elegante césped actual fue entonces un espacio de ruido, fuego, martillos, carros, animales, armas y trabajo cotidiano.
Después de la caída de Rosas en la batalla de Caseros, el conjunto continuó teniendo usos militares. La antigua Maestranza fue transformada en cuartel de artillería. Un informe de 1892 describía instalaciones capaces de reunir aproximadamente 500 hombres y más de 1.200 caballos, aunque ya denunciaba malas condiciones sanitarias y la ausencia de desagües adecuados.
Por eso, cuando alguien pregunta “qué se hacía ahí”, la respuesta depende del período.
En el templete propiamente dicho se contemplaba el jardín y se completaba una escenografía aristocrática. Pero en el mismo suelo, algunas décadas antes, funcionaba uno de los centros de producción, mantenimiento y logística más importantes del establecimiento de Rosas.
Confiscación, restitución y una disputa que duró años
Después de Caseros, las propiedades de Rosas atravesaron una compleja sucesión de confiscaciones, restituciones parciales y disputas jurisdiccionales.
El 16 de febrero de 1852 se ordenó la confiscación de sus bienes. Justo José de Urquiza dispuso una restitución meses después, el 7 de agosto, pero la revolución de septiembre alteró nuevamente el escenario político. Rosas, ya exiliado, nunca recuperó efectivamente Palermo.
El 29 de julio de 1857, la Legislatura ratificó la expropiación y declaró municipales las tierras de Palermo y otras propiedades vinculadas con el exgobernador. Sin embargo, el territorio estaba atravesado por la disputa entre la ciudad de Buenos Aires, el municipio de Belgrano, la provincia y la Nación.
En 1864, Belgrano obtuvo el control del sector y promovió la instalación de una Escuela de Artes, Oficios y Agronomía. Parte de sus talleres funcionó en la antigua Maestranza. Posteriormente, una ley del 31 de octubre de 1867 incorporó los terrenos a la jurisdicción de la Capital y otra norma, en 1870, terminó de desplazar las pretensiones de Belgrano.
El Ministerio de Guerra volvió a interesarse en el edificio. En 1871 se pidió que pudiera ser utilizado como escuela de caballería.
La transformación de una propiedad personal de Rosas en un parque público no fue, entonces, inmediata. Fue el resultado de expropiaciones, litigios, proyectos educativos, necesidades militares y decisiones urbanísticas tomadas durante más de veinte años.
El nacimiento del Parque Tres de Febrero
La Ley Nacional 658, sancionada el 25 de junio de 1874, impulsó la creación del Parque Tres de Febrero sobre las antiguas tierras de Palermo. La primera sección fue inaugurada el 11 de noviembre de 1875.
Domingo Faustino Sarmiento fue uno de los principales promotores del proyecto. El objetivo era convertir el antiguo territorio asociado con Rosas en un gran paseo público, higienista y recreativo para la ciudad.
Con el tiempo aparecieron caminos, jardines, lagos, instalaciones deportivas, residencias aristocráticas y edificios destinados a exposiciones. La urbanización fue rellenando bajos, rectificando sectores y modificando casi por completo el antiguo paisaje fluvial.
La actual Plaza Intendente Seeber quedó vinculada geográfica e históricamente con ese gran sistema verde, aunque hoy posee una identidad y una parcela diferenciadas.
Una demolición con dos fechas
¿Cuándo desapareció la Maestranza?
Aquí aparece otra dificultad documental que una investigación responsable debe mostrar.
En su estudio, Schávelzon menciona 1914 como año de demolición en una parte de la reconstrucción histórica. Sin embargo, en otro pasaje del mismo trabajo aparece 1924. Esta segunda fecha fue repetida después por numerosas páginas de internet.
La denominación oficial de Plaza Intendente Seeber fue dispuesta mediante una ordenanza del 28 de abril de 1914. Esa fecha coincide mejor con una transformación temprana del lugar en espacio público, pero no resuelve por sí sola si todos los edificios de la Maestranza desaparecieron ese mismo año o si la demolición y limpieza del terreno continuaron durante la década siguiente.
Por lo tanto, la respuesta prudente es que el desmantelamiento se produjo durante la transformación urbana de las primeras décadas del siglo XX, probablemente iniciado hacia 1914, aunque existe una referencia que lo extiende hasta 1924.
Para cerrar definitivamente la discusión sería necesario hallar el expediente de demolición, los contratos de obra o un plano municipal fechado.
¿Quién fue el intendente Seeber?
Francisco Seeber nació en 1841 y murió en 1913. Fue militar, empresario, ingeniero y funcionario. Participó en la Guerra del Paraguay, presidió el Ferrocarril del Oeste y ocupó la Intendencia de Buenos Aires entre el 10 de mayo de 1889 y el 4 de junio de 1890.
Aunque gobernó durante poco más de un año, su administración estuvo asociada con obras de pavimentación, saneamiento y ordenamiento urbano. También promovió medidas relacionadas con la circulación, los baños públicos y la higiene de los sectores próximos al río.
Durante su gestión se impulsó el Museo Histórico de la Capital, antecedente del actual Museo Histórico Nacional. También se lo relaciona con el desarrollo de la zona que posteriormente se convertiría en Villa Urquiza. La Legislatura porteña conserva una reseña biográfica de Francisco Seeber.
La plaza fue bautizada en su homenaje un año después de su muerte. Seeber no fue propietario de esas tierras ni tuvo participación conocida en la construcción del templete. Su relación con el lugar es conmemorativa.
El Palacio Bosch y la familia Alvear
Al comenzar el siglo XX, los alrededores del Parque Tres de Febrero se convirtieron en uno de los escenarios preferidos por las familias de la élite porteña.
Ernesto Bosch había representado diplomáticamente a la Argentina en Francia y luego fue ministro de Relaciones Exteriores. Junto con su esposa, Elisa de Alvear, encargó una residencia capaz de reproducir en Buenos Aires la elegancia de la arquitectura francesa.
El arquitecto elegido fue René Sergent, una figura destacada de la arquitectura residencial de la Belle Époque. En Buenos Aires trabajaron como profesionales asociados Eduardo Lanús y Pablo Hary. Achille Duchêne se ocupó del diseño paisajístico, Charles Thays colaboró en la ejecución de los jardines y André Carlhian intervino en los interiores.
La familia Bosch-Alvear comenzó a ocupar la residencia en 1917.
En 1929, el embajador estadounidense Robert Woods Bliss propuso comprarla. Ernesto Bosch aceptó vender el inmueble al Gobierno de los Estados Unidos. Desde entonces, el Palacio Bosch funciona como residencia oficial del embajador de ese país en la Argentina.
En 2018, el Estado nacional declaró Monumento Histórico Nacional al palacio y a los jardines comprendidos dentro de su parcela. El decreto identifica específicamente el terreno ubicado sobre avenida del Libertador, Seguí y Fray Justo Santa María de Oro. El Decreto Nacional 1085/2018 detalla la historia, los autores y el alcance de la protección.
La precisión de la parcela es importante: la declaración nacional protege el Palacio Bosch y sus actuales jardines, pero no incorpora automáticamente la Plaza Intendente Seeber ni el templete situado en ella.
¿La glorieta perteneció realmente al Palacio Bosch?
La ficha oficial del MOA responde que sí: señala que el templete “formó parte de los jardines del Palacio Bosch”.
Sin embargo, esa frase no necesariamente significa que haya estado instalado dentro de los límites actuales de la residencia y que luego fuera trasladado. La arquitectura francesa de ese período acostumbraba construir perspectivas que integraban jardines privados, calles y paseos exteriores.
El templete está alineado visualmente con la residencia y actúa como una prolongación del paisaje palaciego. Desde determinados puntos parece una pequeña “folie” francesa situada al final de una vista planificada.
La Municipalidad adquirió la pieza, pero el registro consultado no publica la fecha ni el expediente de esa compra. Tampoco informa sobre un eventual traslado.
La versión más sólida es que la glorieta fue concebida como parte del conjunto paisajístico del Palacio Bosch, posiblemente en el espacio del paseo público, y que posteriormente fue incorporada formalmente al patrimonio municipal.
Hasta que aparezca el expediente original, la historia del “traslado desde la embajada” debe ser tratada como una hipótesis y no como un hecho definitivamente probado.
No era necesariamente un palco musical
En Buenos Aires se utiliza la palabra glorieta para denominar construcciones muy diferentes. Algunas, como la de Barrancas de Belgrano, fueron utilizadas como quioscos de música y escenarios para bandas. Otras eran pabellones ornamentales o miradores.
No se encontró documentación que demuestre que el templete de Plaza Seeber haya sido construido como palco estable para conciertos.
Su registro oficial lo clasifica como motivo decorativo. Su función original parece haber sido principalmente paisajística: organizar la perspectiva, ofrecer un punto de contemplación y aportar una referencia francesa al entorno del Palacio Bosch.
Eso no impide que, con el paso de las décadas, haya sido utilizado espontáneamente para fotografías, encuentros vecinales, descanso, juegos infantiles o pequeñas actividades. Pero esos usos contemporáneos no deben confundirse con la función arquitectónica original.
¿Cuándo fue reparado?
Esta es otra pregunta para la cual no aparece una respuesta completa en los registros públicos accesibles.
No se localizó una ficha oficial que consigne una “restauración integral” del templete con fecha, empresa responsable, presupuesto, diagnóstico y detalle de los materiales utilizados.
Una crónica fotográfica de 2016 mostraba la glorieta con señales de abandono, particularmente en la cubierta. Ese registro permite observar el estado que presentaba en aquel momento.
Por otra parte, el informe final de gestión del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana correspondiente al período 2019-2023 incluye al “Templete Plaza Seeber” dentro de las intervenciones de alumbrado y muestra su iluminación ornamental nocturna. El documento oficial fue incorporado al Decreto 80/2024.
Eso permite afirmar que hubo una intervención lumínica antes de finalizar 2023. No alcanza, en cambio, para sostener que se haya realizado una restauración arquitectónica integral.
Pudieron existir tareas de pintura, limpieza, reparación de revoques o mantenimiento de la cubierta. Pero, sin un expediente publicado, no corresponde presentar esos trabajos como una restauración patrimonial documentada.
La respuesta periodística, aunque resulte menos espectacular, es clara: no se encontró una fecha oficial de reparación integral; la intervención comprobable más reciente es la iluminación ornamental ejecutada durante el período 2019-2023.
Tres propiedades diferentes frente a frente
La confusión sobre la pertenencia del templete se explica porque en una misma perspectiva visual aparecen tres realidades jurídicas distintas.
| Bien | Propietario o responsable actual | Situación patrimonial |
|---|---|---|
| Palacio Bosch y jardines interiores | Gobierno de los Estados Unidos | Monumento Histórico Nacional desde 2018 |
| Plaza Intendente Seeber | Ciudad Autónoma de Buenos Aires | Espacio verde público de la Ciudad |
| Templete o glorieta | Ciudad Autónoma de Buenos Aires | Obra inventariada por el MOA con el número 373 |
La Plaza Intendente Seeber está catastralmente identificada en la Circunscripción 18, Sección 21, Manzana 81. Esa identificación reaparece en la Ley porteña 6432, que autorizó el emplazamiento permanente de la obra Más allá del tiempo, de Marie Orensanz, dentro de la plaza. El texto oficial de la Ley 6432 confirma la ubicación catastral y el carácter público del espacio.
La glorieta, por su parte, fue adquirida por la antigua Municipalidad. Su sucesora jurídica y administrativa es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En términos simples: la glorieta es de la Ciudad y, por lo tanto, pertenece al patrimonio público porteño. No es propiedad de la Embajada de los Estados Unidos.
¿Tiene protección histórica?
La respuesta requiere distinguir inventario, catalogación urbanística y declaración monumental.
El templete está inventariado por Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad. Esa inclusión permite identificarlo, registrarlo y colocarlo bajo la órbita del organismo que conserva y restaura monumentos porteños. El MOA, creado en 1956, trabaja sobre miles de esculturas, fuentes, placas, mástiles y motivos ornamentales distribuidos en el espacio público. La Ciudad describe aquí las funciones actuales del MOA.
Sin embargo, no se encontró una ley que declare individualmente al templete Monumento Histórico Nacional ni un documento público que le otorgue una catalogación estructural individual equivalente a la del Palacio Bosch.
La situación de la plaza también es particular. En 2011 obtuvo aprobación inicial una propuesta para incorporarla al Área de Protección Histórica 2, correspondiente al Parque Tres de Febrero. El proyecto fue incluido posteriormente en una audiencia pública de 2012. La aprobación inicial puede leerse en el Boletín Oficial porteño y la convocatoria a audiencia aparece en esta publicación oficial.
La investigación no encontró una norma final que haya completado expresamente esa incorporación. Estudios académicos recientes sobre la cartografía del Código Urbanístico todavía colocan a Plaza Seeber entre los espacios verdes sin una definición patrimonial específica, mientras que el núcleo del Parque Tres de Febrero sí se encuentra dentro del APH 2.
Por consiguiente, y con las fuentes públicas consultadas hasta agosto de 2026, la conclusión es:
- El Palacio Bosch tiene protección nacional expresa.
- El Parque Tres de Febrero posee protección como APH 2.
- Plaza Seeber fue propuesta para su incorporación al área protegida, pero no se encontró la norma final que la confirme.
- El templete está inventariado por el MOA, aunque no aparece declarado individualmente como Monumento Histórico Nacional.
Inventariado no significa desprotegido, pero tampoco equivale a contar con el máximo nivel de protección legal. Esta diferencia es fundamental ante cualquier proyecto de obra, traslado, modificación o restauración.
Las otras obras de Plaza Seeber
La glorieta no está sola.
El inventario de arte público registra en la plaza dos esculturas de ciervos, un mástil, un jarrón de mármol blanco, el monumento ecuestre a Juan Manuel de Rosas, la escultura Lucha del tigre y la obra contemporánea Más allá del tiempo, de Marie Orensanz. El listado patrimonial reúne las obras localizadas en Plaza Intendente Seeber.
El monumento a Rosas, inaugurado en 1999, devuelve simbólicamente al antiguo gobernador al terreno donde estuvo su Maestranza.
La obra de Orensanz, integrada por grandes agujas de reloj realizadas en acero espejado, introduce otra capa temporal. La ley que aceptó su donación fue sancionada en 2021 y su incorporación al inventario se produjo posteriormente. Su presencia resulta especialmente significativa: un reloj sin esfera instalado en un lugar donde las fechas todavía están en discusión.
De los caballos a los festivales
La Plaza Seeber contemporánea es uno de los espacios de mayor capacidad y visibilidad del corredor verde de Palermo.
Además de su uso cotidiano, fue elegida para festivales gastronómicos, ferias, actividades culturales, campañas públicas y transmisiones deportivas. Durante el Mundial de Qatar 2022 funcionó allí Encuentro Mundial BA, con pantalla gigante y propuestas para vecinos y turistas entre noviembre y diciembre. La programación fue anunciada oficialmente por la Ciudad.
También fue escenario de FECA, el festival dedicado al café, con puestos gastronómicos, charlas, música y actividades. La edición realizada en Plaza Seeber fue difundida por el Gobierno porteño.
El contraste es extraordinario. Donde alguna vez hubo un establecimiento con centenares de caballos y dependencias militares, hoy se montan pantallas, escenarios y puestos de café. Donde se reparaban herramientas y carruajes, las personas descansan sobre el césped o se fotografían junto a una glorieta francesa.
Una visita turística con varias capas
Plaza Intendente Seeber se encuentra delimitada por las avenidas del Libertador, Sarmiento, Colombia y John Fitzgerald Kennedy, en Palermo, Comuna 14.
Puede integrarse fácilmente a un circuito a pie que incluya:
- Plaza Italia y La Rural.
- El Ecoparque de Buenos Aires.
- El Monumento de los Españoles.
- El Planetario Galileo Galilei.
- El Rosedal y los lagos de Palermo.
- El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
- El Jardín Japonés.
La mejor manera de observar la glorieta es caminar alrededor de ella y buscar la perspectiva hacia el Palacio Bosch. Recién entonces se entiende que no fue colocada al azar: la pequeña arquitectura blanca dialoga con la residencia, con sus jardines y con una idea francesa de profundidad y simetría.
La mañana permite apreciar mejor las columnas y los detalles de la cubierta. Al atardecer, la luz atraviesa los árboles y cambia por completo el paisaje. Por la noche, la iluminación ornamental destaca el volumen del templete, aunque también hace visibles las necesidades de mantenimiento que pueda presentar.
La plaza es un espacio público y su recorrido exterior es gratuito. El Palacio Bosch, en cambio, es una residencia diplomática y no funciona como museo de acceso libre.
La guía turística oficial del corredor verde destaca los árboles añosos, el césped, las esculturas y el templete procedente del conjunto paisajístico del Palacio Bosch. Entre las especies del entorno aparecen plátanos, tipas, jacarandás y robles. El circuito verde oficial de Turismo de la Ciudad incluye a Plaza Intendente Seeber.
Un patrimonio que todavía necesita respuestas
La glorieta de Plaza Intendente Seeber es uno de esos objetos urbanos que Buenos Aires conserva sin haber contado todavía toda su historia.
Se conoce su estilo. Se conoce su relación con el Palacio Bosch. Se sabe que fue adquirida por la antigua Municipalidad y que actualmente pertenece a la Ciudad. Se puede reconstruir el ambiente natural anterior, la compra del terreno por Juan Manuel de Rosas, el funcionamiento de la Maestranza, la confiscación posterior a Caseros y la transformación del sector en espacio público.
Pero quedan preguntas abiertas.
No aparece publicada la fecha exacta de construcción o emplazamiento. No se conoce el expediente de adquisición municipal. No existe una prueba accesible de un traslado desde el interior del Palacio Bosch. Tampoco se encontró una memoria técnica que documente una restauración integral del templete.
Estas ausencias no disminuyen el valor de la obra. Al contrario: muestran cuánto falta investigar y cuánto patrimonio porteño permanece disperso entre inventarios, planos, fotografías, expedientes administrativos y relatos vecinales.
El riesgo comienza cuando el vacío documental es reemplazado por una leyenda repetida como verdad. Una glorieta de aspecto versallesco invita a imaginar bailes, orquestas y reuniones aristocráticas. Pero la investigación histórica exige otra disciplina: afirmar solamente aquello que las fuentes permiten sostener.
La evidencia disponible indica que el templete fue, ante todo, una pieza ornamental. Un punto de contemplación, una referencia francesa y una extensión visual del Palacio Bosch sobre el paseo público.
Debajo de sus columnas, sin embargo, permanece invisible la historia más profunda: el agua que alguna vez avanzaba desde el río, el terreno comprado por Rosas en 1842, los talleres de la Maestranza, los soldados, los caballos, la disputa por las tierras y el proyecto de convertir Palermo en un parque público.
Quizás allí radique su verdadero valor turístico.
No es solamente una glorieta bonita para fotografiar. Es una puerta pequeña hacia casi dos siglos de historia argentina.
¿Debería la Ciudad publicar el expediente completo de adquisición y restauración del templete? ¿Corresponde incorporarlo, junto con toda la Plaza Seeber, al Área de Protección Histórica del Parque Tres de Febrero? ¿Podría una investigación arqueológica no invasiva determinar qué restos de la antigua Maestranza sobreviven bajo el césped?
La glorieta continúa allí, blanca y aparentemente liviana, mientras debajo de ella se acumula el peso de todo Palermo.
Seeber. Intendente Seeber
Nació en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1841, falleciendo en la misma ciudad el 13 de diciembre de 1913.
Fue Capitán del Ejército Argentino en la Guerra del Paraguay y empresario antes de ser designado cuarto Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, cargo que ocupó desde el 10 de mayo de 1889 hasta el 4 de julio de 1890.
En un informe presentado al Presidente Juárez Celman manifiesta “No creo obra fácil ordenar la marcha de una ciudad como Buenos Aires, totalmente mal empedrada, con tres mil cuadras sin afirmado alguno, con hospitales y lazaretos repletos, con pantanos inundados en sus alrededores, con cincuenta mil habitantes en la boca del Riachuelo … con tres mil conventillos donde viven 150.000 habitantes, todos construidos en flagrante oposición a las ordenanzas vigentes, donde la gente vive apiñada tradicionalmente, durmiendo diez personas en un solo cuarto, violando las reglas de la higiene y la moral”
Siendo estas sus preocupaciones, en los 14 meses que ejerció su mandato, decretó la creación del Museo Histórico de la Capital, predecesor del Museo Histórico Nacional, proyectó el ensanche de la calle Florida, lanzó la primera ordenanza sobre tráfico urbano con la base de «conserve su izquierda», siguiendo el modelo inglés, llevó a cabo el saneamiento de La Boca, instaló baños públicos, suprimió el lavado de ropa en ríos e hizo pavimentar más de 400 cuadras.
Se lo considera el fundador del actual barrio porteño de Villa Urquiza.
La plaza ubicada entre las avenidas Del Libertador, Colombia, Sarmiento y Kennedy, en el barrio de Palermo, le rinde homenaje.