Carranza 1962, en pleno Palermo en la Fundación Sí. Está dando una mano para armar útiles que luego serán donados a chicos de diversos puntos del país. Y no es el único: allí, en la Fundación Sí, pasaron más de 300 personas este fin de semana.
Ni bien se entra a la vieja pero remodelada casona, uno se puede encontrar con el taller donde se arman letras y números para los niños más pequeños. Daniela en la seño que enseña a los voluntarios que pueden ir hasta el 22 de marzo los sábados y domingos de 14 a 20. Allí conviven, entre otras, Feli, de 10 años (“me gusta coser y puedo ayudar a la genteâ€, dijo la nena) y Agustina, de 17, que es santafecina y está estudiando para modelo. “Ayer vino a ayudar una señora de 98 añosâ€, contaron.
Al cruzar la siguiente puerta aparece la sala empapelada de diarios y hay mujeres que, como Sandra Flores, de 47, hacen tapas y contratapas para carpetas. “Me gusta hacer esto y ayudar en lo que puedoâ€, comentó. Cerca se hacen las mochilas. Todo es colorido, como en la habitación donde se arman las cartucheras de tela. Y el mencionado Chicou dice: “Acompaño a mi mujer y sus dos hijos. Queremos que ellos aprenden a compartir y a colaborar y que crezcan con la cultura de la solidaridadâ€.
Aparece, luego, el pasillo que conduce al patio donde Analía le está explicando a sus tres sobrinos cómo reciclar papel y a un costado se ven los guardapolvos tendidos y blanquísimos tras pasar por los lavarropas que donó una empresa.
“Nuestro objetivo es llegar a 3 mil kits que se componen de mochila, cuaderno, hojas y cartucheraâ€, le explicó Manuel Lozano, al frente de la Fundación Sí. Los productos que salgan de “La Fábrica de útiles escolares†llegarán a centros comunitarios, escuelas y “algo se repartirá en las recorridas nocturnas que hacemosâ€, afirmó.
El taller del fondo es el más populoso. Por el aire acondicionado y porque chicas, señoras y adolescentes que hacen cartucheras tubos y cuadernos anillados. Mientras, Nicolás, reparte budín de banana y chocolate y algo para tomar. Ya es la tarde y el aroma principal no cambia; es el de la solidaridad.