La mansión que perteneció a Franco Macri, ubicada en Eduardo Costa al 3000, en pleno Barrio Parque (Palermo Chico), no es solo una propiedad en venta: es un pedazo de historia urbana, empresarial y arquitectónica de la Ciudad de Buenos Aires.
La llamada Casa Salvadori fue proyectada en la década de 1940 por el arquitecto Antonio Ubaldo Vilar, una figura central en la consolidación del racionalismo en la Argentina. No estamos hablando de un arquitecto más: Vilar fue parte de esa generación que rompió con la ornamentación clásica para darle paso a una arquitectura más limpia, funcional y moderna, alineada con lo que estaba pasando en Europa entre guerras. Líneas rectas, volúmenes puros, distribución lógica. Nada de firuletes innecesarios. Todo pensado para durar.
En ese contexto histórico, Buenos Aires vivía una transformación silenciosa pero profunda. Mientras el centro se verticalizaba y la clase media crecía, en zonas como Barrio Parque —diseñado originalmente por el paisajista Carlos Thays— se consolidaba un enclave de elite, con residencias unifamiliares, calles curvas, baja densidad y una lógica casi europea de vida urbana. Ahí es donde encaja esta casa.
La propiedad tiene hoy unos 85 años de antigüedad, lo que la ubica directamente en ese momento bisagra entre la Buenos Aires aristocrática de principios del siglo XX y la ciudad moderna que empezaba a asomar.
Franco Macri y la lógica del poder
Décadas más tarde, la casa fue adquirida y utilizada por Franco Macri, uno de los empresarios más influyentes de la Argentina del siglo XX. Y acá aparece otro dato clave que le da espesor a la propiedad: no fue pensada originalmente como “mansión de empresario”, pero terminó siéndolo en la práctica.
Macri no construyó la casa desde cero, pero sí la habitó y la adaptó a su lógica de poder. Y eso se nota en la configuración interna: múltiples oficinas, salas de reunión, circulación independiente entre sectores, áreas de servicio completamente separadas. No es solo una casa para vivir: es una casa para operar. Una mezcla rara entre residencia familiar, base empresarial y símbolo de status.
Ese tipo de arquitectura —flexible, funcional, casi institucional— encaja perfecto con el racionalismo de Vilar. No es casualidad. Es como si la casa hubiera esperado a alguien como Macri para terminar de tener sentido.
Racionalismo porteño: menos estética, más estrategia
El racionalismo en Buenos Aires no fue solo una moda arquitectónica. Fue una declaración de principios. Venía a decir: basta de copiar estilos europeos del siglo XIX, hay que construir para la vida moderna. Y en esa lógica, casas como la Salvadori funcionan casi como manifiestos construidos.
Ambientes amplios pero conectados, circulación vertical eficiente (de ahí los dos ascensores), separación clara entre lo público y lo privado, y una fachada sobria que no necesita gritar para imponer respeto. Es poder sin exhibicionismo. Algo que hoy, en la era del vidrio espejado y el lujo ostentoso, parece casi de otra civilización.
Una pieza patrimonial en una ciudad que cambia
Hoy la casa tiene protección APH, lo que la convierte en una pieza patrimonial. Eso significa que su fachada, su volumetría y su identidad arquitectónica no pueden alterarse libremente. En una ciudad donde todo se demuele y se reemplaza por torres genéricas, esto es casi un acto de resistencia.
Y ahí está la paradoja: es una de las casas más caras del mercado, pero también una de las más condicionadas. No es para cualquiera. No es para alguien que quiera “hacer negocio rápido”. Es para alguien que entienda lo que está comprando.
¿Cuánto vale hoy la mansión?
La Casa Salvadori, la propiedad de Franco Macri, está publicada actualmente en torno a los USD 6.000.000.
Ojo con esto: no es un precio caprichoso. Viene de una montaña rusa inmobiliaria bastante brutal: arrancó cerca de USD 8,9 millones, bajó, volvió a bajar, tocó piso y ahora quedó en ese número que el mercado “tolera”. Es básicamente el punto medio entre lo que vale históricamente y lo que alguien hoy está dispuesto a pagar.
¿Qué inmobiliaria la vende?
La comercialización está en manos de
Martín Pinus Real Estate,
una firma especializada en propiedades premium.
No es menor: este tipo de casas no las vende cualquier inmobiliaria. Apuntan a compradores muy específicos —empresarios, fondos, embajadas— gente que no está mirando Zonaprop tomando mate.
Porque no estás comprando solo 1.280 m² en Palermo Chico.
Estás comprando una época.
Una forma de pensar la ciudad.
Y un tipo de poder que ya no se construye así.