La casa blanca de Rufino de Elizalde: modernidad y linaje en el corazón de Palermo Chico
Entre las curvas elegantes del Barrio Parque, en Rufino de Elizalde 2831, se yergue una rareza arquitectónica con historia ilustre. Es la Casa de Victoria Ocampo, pionera del racionalismo en la Argentina, sede de vanguardias intelectuales y testimonio vivo del linaje patricio que moldeó la cultura nacional.
Una casa que rompió con el siglo XIX
La propiedad fue diseñada en 1928 por el arquitecto Alejandro Bustillo (1889–1982), por encargo de Victoria Ocampo, una de las figuras más destacadas de la cultura argentina del siglo XX. El terreno tiene poco más de 900 metros cuadrados, y la casa cuenta con tres plantas principales, dos terrazas, techos planos, ventanales horizontales y un esquema de líneas puras. Se trata de la primera casa de estilo racionalista construida en la Ciudad de Buenos Aires, y una de las primeras del país.
Inspirada en las ideas del suizo Le Corbusier, la construcción fue considerada escandalosa por la alta sociedad porteña de la época, que aún prefería los estilos afrancesados, eclécticos y ornamentales. Bustillo —quien luego diseñaría el Hotel Llao Llao, el Banco Nación y buena parte de Mar del Plata— nunca quiso firmar la obra, tal vez para no enemistarse con sus clientes aristocráticos. Sin embargo, la casa fue precursora, y con el tiempo, referente obligado de la arquitectura moderna argentina.
En 1973, Victoria Ocampo donó la casa al Estado nacional con fines culturales. Desde 2005, funciona allí la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, y en 2022 fue declarada Monumento Histórico Nacional.
¿Quién fue Victoria Ocampo?
Nacida en Buenos Aires en 1890, Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo fue hija de Ramón Ocampo y Dolores de Alvear, descendiente directa del prócer Carlos María de Alvear y del presidente Nicolás Avellaneda. Se educó entre institutrices francesas, clases de piano y estadías en Europa. Su lengua materna fue el francés, y no escribió fluidamente en español hasta la adultez.
Fue editora, escritora, crítica, ensayista y mecenas. Fundó en 1931 la revista Sur, la más importante publicación literaria del siglo XX en Hispanoamérica, desde donde promovió a figuras como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sabato, Octavio Paz, Gabriela Mistral, Virginia Woolf, Albert Camus, André Malraux y Rabindranath Tagore.
Mantuvo una relación estrecha con el poder político y cultural, sin perder nunca su independencia. Feminista en un tiempo que no perdonaba a las mujeres que opinaban, enfrentó a la Iglesia, a los nacionalistas y a los intelectuales conservadores. Fue también la primera mujer argentina en ingresar a la Academia de Letras.
Murió en 1979 a los 89 años. Está enterrada en la bóveda familiar del Cementerio de la Recoleta.
El clan Ocampo
Victoria fue parte de una familia de la alta sociedad porteña, ligada al mundo editorial, político y artístico. Su hermana, Silvina Ocampo, fue también escritora, poeta y cuentista, casada con Adolfo Bioy Casares. Ambas hermanas convivieron con las luces y sombras de una familia rica, tradicional y, a la vez, inquieta.
El apellido Ocampo estuvo ligado a la fundación del Fondo Nacional de las Artes, a la difusión de la cultura en América Latina y al mecenazgo que definió buena parte del siglo XX argentino. Sin Victoria, es probable que Borges no hubiera tenido quién lo bancara. Y sin Silvina, Bioy no habría sido el mismo. Su legado atraviesa generaciones.
Una casa viva en un barrio exclusivo
Ubicada en el corazón del Barrio Parque, dentro del perímetro del diseño paisajístico de Carlos Thays, la casa blanca contrasta con las mansiones de estilo francés y los petit hôtels de la elite diplomática. Frente a ella, el Instituto Nacional Sanmartiniano rinde homenaje al padre de la patria. A metros, la Embajada de España, la del Vaticano y la sede de Naciones Unidas completan el cuadro.
Hoy, la casa ofrece exposiciones, actividades culturales, visitas guiadas y talleres. Es parte de la vida pública y del patrimonio colectivo. Un museo habitable. Un espacio donde todavía se respira el perfume de la inteligencia.
¿Por qué importa?
En tiempos de demolición simbólica, donde lo antiguo es desecho y lo moderno se confunde con lo efímero, la Casa de Victoria Ocampo es un puente entre lo eterno y lo posible. Representa una arquitectura que no temió al futuro, y una mujer que no le temió a nadie.
¿La conocías? ¿Te gustaría que más casas como esta se abrieran al público? ¿Qué otras figuras creés que merecen un espacio así en Buenos Aires?