Una radiografía precisa de la industria textil argentina fue expuesta en las últimas horas a partir de un informe de Analytica, donde fue confirmado que el sector perdió 18.333 puestos de trabajo formales desde el inicio del actual ciclo económico, en paralelo con una baja real de precios del 30,6% frente al promedio de la economía. El dato fue interpretado como el resultado directo de la apertura comercial, la retracción del consumo interno y la falta de políticas sectoriales activas.
Según el reporte, fue registrado que desde noviembre de 2023 los precios del rubro indumentaria aumentaron 149,4%, muy por debajo de la inflación acumulada del 259,4%. De este modo, la ropa alcanzó su nivel relativo más bajo desde 2016, contribuyendo a la desaceleración inflacionaria general, aunque a costa de un fuerte ajuste productivo.
Fue señalado que, para el consumidor promedio, el poder de compra mejoró: con un salario mensual se adquieren hoy 13 jeans, contra 9 unidades de dos años atrás. Sin embargo, desde el lado de la producción, fue advertido que esa mejora respondió a un proceso defensivo de precios para sostener ventas en un contexto adverso.
Empleo, cierres y producción en retroceso
De acuerdo con los datos relevados, fue constatado el cierre de 558 establecimientos textiles, lo que representó una contracción del 9% del entramado productivo. La información fue confirmada por Fundación Pro Tejer, desde donde se alertó además que la pérdida real de empleo sería mayor debido a los altos niveles de informalidad, especialmente en confecciones, donde se estimó una tasa cercana al 72%.
Durante 2025, la actividad textil acumuló caídas en 10 de los 11 meses, consolidándose como el sector más afectado del Índice de Producción Industrial (IPI). En noviembre, la producción fue ubicada 31,2% por debajo de diciembre de 2024 y 47,6% por debajo de noviembre de 2023.
La utilización de la capacidad instalada fue estimada en apenas 29%, el nivel más bajo de la serie histórica, excluyendo el período más crítico de la pandemia. Subsectores como curtido y artículos de cuero registraron caídas del 44,1%, seguidos por tejidos y acabados textiles (-34,7%) y preparación de fibras (-33,7%).
Importaciones en alza y presión sobre las pymes
En el mismo período, fue verificado un salto significativo de las importaciones, fenómeno que impactó de lleno en las pequeñas y medianas empresas locales. En 2025, las compras externas de indumentaria crecieron 97,3% interanual, con un aumento de US$336 millones. Otros textiles avanzaron 121,2%, mientras que el calzado subió 25,2%.
El crecimiento del comercio vía courier y plataformas digitales también fue señalado como un factor determinante. Las operaciones a través de Shein y Temu registraron un aumento acumulado del 274,2%, impulsando importaciones que alcanzaron US$681 millones en indumentaria, el valor real más alto de toda la serie histórica. En calzado, el total llegó a US$825 millones, acercándose al récord de 2017.
Debate político y postura sectorial
Desde la Federación de Industrias Textiles Argentinas fue advertido que el debate público fue simplificado de manera errónea. Se sostuvo que las recientes rebajas impositivas y la desburocratización beneficiaron principalmente a los productos importados, mientras la producción nacional continuó enfrentando alta presión tributaria, costos energéticos elevados y escaso financiamiento.
“El problema no es la competitividad, es la competencia fraudulenta”, fue remarcado por voceros del sector.
En el plano político, fueron recordadas declaraciones públicas de funcionarios del actual gobierno de Javier Milei, entre ellos el ministro de Economía Luis Caputo y la senadora Patricia Bullrich, en las que fue elogiada la ropa importada y cuestionada la industria local. Dichos posicionamientos generaron rechazos desde el ámbito cultural y productivo, al ser considerados descontextualizados frente a la situación social y laboral.
Un sector que sobrevive ajustando
Fue concluido que la industria textil atraviesa una etapa de supervivencia defensiva, en la que los precios fueron utilizados como última herramienta para sostener consumo, mientras se profundizó la pérdida de empleo, el cierre de fábricas y la dependencia de productos importados. El abaratamiento de la ropa, aunque funcional al corto plazo inflacionario, fue presentado como el reverso de una estructura productiva en retroceso, con impacto directo en el entramado industrial y social del país.