Anticipan una caída en las ventas
En la previa de Semana Santa, los productos tradicionales de Pascua registran fuertes aumentos en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad. Según estimaciones de la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), un huevo de Pascua chico se venderá entre $8.000 y $10.000, mientras que una rosca costará entre $15.000 y $20.000. El incremento interanual se ubica entre el 35% y el 40%, impulsado por el encarecimiento de insumos y costos de producción.
Desde el sector advierten que esta situación impactará directamente en el consumo. “Este año va a ser peor que el anterior”, señaló Martín Pinto, referente de CIPAN y presidente del Centro de Panaderos de Merlo, al remarcar que los aumentos dificultan sostener precios accesibles en una fecha clave para la actividad. El diagnóstico es claro: menor poder adquisitivo y retracción de ventas en un contexto económico que sigue presionando sobre alimentos básicos y productos elaborados.
El huevo de Pascua, uno de los símbolos más reconocidos de esta celebración, tiene un origen anterior al cristianismo. En distintas culturas antiguas representaba la vida y la fertilidad, y con el tiempo fue incorporado por la tradición cristiana como símbolo de la resurrección. Durante la Edad Media, tras la prohibición del consumo de huevos en Cuaresma, su consumo se concentraba en Pascua, muchas veces decorados. Recién en el siglo XIX, con el desarrollo de la industria chocolatera en Europa, comenzaron a producirse los primeros huevos de chocolate como se conocen en la actualidad.
En Argentina, la tradición se consolidó con la inmigración europea y se convirtió en un consumo típico de Semana Santa. Sin embargo, el escenario actual muestra un cambio de tendencia. El aumento del precio del cacao a nivel internacional, sumado a subas en azúcar, manteca, leche, energía y logística, impacta directamente en el costo final. A eso se suma que muchos productos son elaborados de forma artesanal, lo que incrementa el valor.
En barrios como Palermo, donde conviven panaderías tradicionales y chocolaterías especializadas, ya se observa un ajuste en los hábitos de compra. Comerciantes del rubro coinciden en que las familias reducen cantidades, eligen tamaños más pequeños o directamente optan por compartir un solo producto. En algunos casos, incluso se reemplaza el huevo de chocolate por opciones más económicas o caseras.
El dato de fondo es que un producto históricamente asociado a una celebración familiar empieza a quedar condicionado por el precio. La suba no solo afecta a los huevos de Pascua, sino que refleja una tendencia más amplia: el encarecimiento de consumos tradicionales que hasta hace pocos años formaban parte del calendario habitual.
De cara a estas Pascuas, el sector anticipa menor volumen de ventas y una demanda más selectiva. Mientras tanto, la tradición se mantiene, pero con cambios visibles: menos cantidad, más cuidado en el gasto y un consumidor que prioriza en función de lo que puede pagar.