El ojo de bife de Don Julio ya cuesta $87.000 y vuelve a encender el debate sobre el precio de la parrilla porteña
La emblemática parrilla de Palermo mantiene su liderazgo gastronómico en América Latina, pero sus precios reflejan el nuevo mapa de la alta cocina argentina.
En el corazón del barrio de Palermo, sobre la calle Guatemala, el restaurante Don Julio vuelve a ser noticia. No por un premio internacional ni por una nueva carta de vinos, sino por algo mucho más simple y mucho más argentino: el precio de un bife.
Según la carta actualizada de marzo de 2026, el ojo de bife cuesta $87.000 y se sirve sin guarnición, un valor que confirma que comer en una de las parrillas más famosas del continente es hoy una experiencia gastronómica premium.
Fundado a fines de los años noventa y dirigido por el empresario gastronómico Pablo Rivero, Don Julio se convirtió con el tiempo en un símbolo de la parrilla argentina moderna. En 2024 fue elegido el mejor restaurante de América Latina y en 2025 volvió a subir al podio del ranking Latin America’s 50 Best Restaurants, consolidando su prestigio internacional.
Pero como suele ocurrir en Buenos Aires, cuando el precio de la carne aparece en la conversación, el tema rápidamente se vuelve cultural.
Cuánto cuestan los cortes en Don Julio
La carta actual del restaurante ofrece una amplia variedad de carnes maduradas y cortes tradicionales de la parrilla argentina. Entre los principales precios se destacan:
- Ojo de bife: $87.000
- Bife de chorizo angosto: $75.000
- Bife de chorizo ancho: $82.000
- Bife de chorizo mariposa: $90.000
- Bife de cuadril: $85.000
- Vacío del fino: $85.000
- Bife de lomo: $99.000
- Entrecot: $97.000
- Asado de tira: $97.000
El restaurante trabaja con ganado Aberdeen Angus y Hereford seleccionado, con procesos de maduración propios y trazabilidad completa de cada animal, un detalle que forma parte de su propuesta gastronómica y que explica en parte los precios.
La comparación inevitable con otras parrillas porteñas
En el circuito de parrillas tradicionales de Buenos Aires, Don Julio sigue siendo uno de los restaurantes más caros.
En parrillas reconocidas como La Cabrera, también en Palermo, el ojo de bife suele ubicarse entre $65.000 y $75.000, dependiendo del peso del corte.
En La Brigada, clásico de San Telmo famoso por su parrilla de barrio, el mismo corte ronda entre $55.000 y $65.000, mientras que en El Preferido de Palermo, otro restaurante del mismo grupo gastronómico de Rivero, el valor suele ubicarse cerca de $60.000 o $70.000.
La diferencia no está solo en la carne. También se paga el servicio, la experiencia gastronómica, la bodega de vinos —una de las más grandes de la región— y el prestigio internacional que convirtió a Don Julio en una parada obligada para turistas.
Palermo, capital de la parrilla global
En los últimos años Palermo se transformó en uno de los polos gastronómicos más importantes de América Latina. Restaurantes, bodegones renovados, bares de vinos y parrillas conviven en un circuito que atrae a visitantes de todo el mundo.
Don Julio, en ese mapa, funciona casi como un faro culinario: mesas reservadas con semanas de anticipación, turistas fotografiando cada plato y una parrilla que se convirtió en parte del imaginario gastronómico de la ciudad.
El precio del ojo de bife puede parecer alto para el bolsillo promedio argentino, pero en términos internacionales sigue siendo competitivo. Para muchos visitantes extranjeros, pagar ese valor por uno de los mejores bifes del mundo sigue siendo parte del ritual obligatorio de visitar Buenos Aires.
El eterno debate porteño
La pregunta queda flotando en el aire de cualquier mesa del barrio.
¿Vale la pena pagar $87.000 por un bife en un restaurante famoso?
Para algunos, la respuesta está en la experiencia completa: carne madurada, vinos excepcionales y un servicio que convirtió a Don Julio en referencia mundial.
Para otros, el mejor ojo de bife sigue estando donde siempre estuvo: en una parrilla improvisada, con amigos, pan crujiente, vino tinto y el humo lento del carbón.
Porque en Buenos Aires, más allá del precio o del ranking internacional, la carne sigue siendo algo más que un plato: es una tradición que se discute con la misma pasión con la que se cocina.