En la esquina verde de Jerónimo Salguero, Avenida Figueroa Alcorta y Martín Coronado, la Plaza República del Perú guarda una de las esculturas más potentes del corredor cultural de Palermo: el monumento al Inca Garcilaso de la Vega, escritor mestizo nacido en Cuzco y símbolo mayor del cruce entre el mundo incaico y el mundo hispánico.
En Palermo hay esquinas que parecen hechas sólo para pasar rápido, mirar el celular, cruzar hacia el museo, esquivar el tránsito de Figueroa Alcorta y seguir viaje. Pero en la Plaza República del Perú, a metros del Malba y en uno de los sectores más visitados de Palermo Chico, hay una presencia de piedra que obliga a levantar la vista: el Monumento al Inca Garcilaso de la Vega, una figura solemne, alta, blanca, parada entre árboles, cielo abierto y memoria americana. La escultura se encuentra en el espacio delimitado por Jerónimo Salguero, Avenida Presidente Figueroa Alcorta y Martín Coronado, ubicación registrada también por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes para esta obra de Joaquín Roca Rey.
La imagen de la plaza, con el monumento mirando hacia el barrio, resume una postal muy Palermo: patrimonio, arte, museos, árboles añosos, vecinos caminando, turistas que llegan por el Malba y una historia latinoamericana que muchas veces queda ahí, silenciosa, esperando que alguien la lea. En la base de la escultura aparece grabado el nombre “Inca Garcilaso de la Vega 1539-1616”, una inscripción breve para una vida enorme, atravesada por la conquista, el mestizaje, la escritura y la memoria del Perú antiguo.



El monumento fue realizado por el escultor peruano Joaquín Roca Rey. La obra está hecha en mármol de Carrara, mide alrededor de 3,50 metros de altura y se apoya sobre una base de mampostería enchapada en mármol. Es, además, una réplica de la estatua ubicada en Villa Borghese, Roma, también creada por el mismo artista. Según registros patrimoniales, fue emplazada en Buenos Aires el 13 de abril de 1973, en plena Plaza República del Perú.
La figura homenajeada no es el poeta español Garcilaso de la Vega, sino el Inca Garcilaso de la Vega, nacido como Gómez Suárez de Figueroa en Cuzco, el 12 de abril de 1539. Fue hijo del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas y de Isabel Chimpu Ocllo, mujer de la nobleza incaica. Esa doble pertenencia lo convirtió en una de las voces más singulares de América: hablaba desde dos mundos, con una herida y una herencia en cada mano.
Su obra más recordada es Comentarios reales de los incas, publicada en 1609, donde recuperó historias, tradiciones, instituciones y memorias del mundo incaico desde una mirada mestiza, formada entre el quechua de su infancia y la cultura letrada hispánica. También escribió La Florida del Inca y Historia general del Perú, textos centrales para entender cómo América empezó a narrarse a sí misma después del choque brutal de la conquista.
Por eso la estatua no funciona solamente como adorno urbano. El Inca aparece de pie, con porte noble, casi ceremonial, como si estuviera custodiando una pregunta que sigue abierta: qué somos cuando en una misma historia conviven conquista, sangre indígena, lengua española, memoria americana y una identidad que no entra cómoda en una sola bandera. Es una escultura sobre el mestizaje, pero no como consigna liviana de folleto turístico, sino como drama histórico y como raíz cultural.
La plaza también tiene su propia historia. La Plaza República del Perú fue proyectada por el gran paisajista brasileño Roberto Burle Marx, una figura fundamental del paisajismo moderno latinoamericano. El Malba recuerda que Burle Marx realizó en 1972 el proyecto de esta plaza, ubicada entre Martín Coronado, Jerónimo Salguero y Figueroa Alcorta. Años después, el museo incorporó en su explanada la obra Homenagem, inspirada precisamente en aquel diseño paisajístico de la Plaza Perú. (MALBA)
Hoy, lo que queda en ese punto de Palermo es un espacio verde que conserva una mezcla rara y hermosa: algo de plaza barrial, algo de corredor cultural, algo de jardín urbano y algo de museo al aire libre. El Gobierno porteño informó en 2025 una renovación integral del solado de Plaza Perú, con mejoras de accesibilidad, equipamiento y diseño paisajístico, manteniendo límites y canteros vinculados al trazado histórico del lugar.
En torno a la plaza crecen especies que hacen de este rincón una pausa vegetal dentro de una avenida intensa: hay registros de arce negundo, ceibo, palo borracho rosado, lapacho, jacarandá y tipa blanca, árboles que en distintas épocas del año cambian el clima visual del lugar. Palermo, cuando florece, no pide permiso: aparece de golpe y te acomoda el día.
Para el visitante, la Plaza República del Perú funciona como una parada ideal dentro de un circuito cultural. Se puede combinar con el Malba, con una caminata por Figueroa Alcorta, con el entorno de Palermo Chico, con el cercano eje de museos y embajadas, y con el paseo hacia los Bosques de Palermo. Es una zona donde Buenos Aires muestra una de sus mejores caras: arte, arquitectura, espacio verde y memoria latinoamericana en pocas cuadras.
El Monumento al Inca Garcilaso de la Vega merece ser mirado con calma. No está ahí para decorar una esquina cara de la Ciudad. Está para recordar que América también escribió su historia con voces mestizas, con cronistas nacidos entre dos mundos, con hombres que llevaron en el cuerpo la fractura de una época y en la pluma la voluntad de que una civilización no quedara reducida al silencio.
En tiempos de turismo veloz, de foto y salida rápida, Plaza Perú ofrece otra cosa: una pausa. Una estatua blanca bajo el cielo de Palermo. Un escritor peruano mirando Buenos Aires. Un mármol que dice, sin gritar, que la memoria americana también tiene monumentos y que algunos están ahí nomás, al costado de la avenida, esperando que alguien se detenga.
Datos útiles para Turismo Palermo Tour
Lugar: Plaza República del Perú.
Ubicación: Jerónimo Salguero, Avenida Presidente Figueroa Alcorta y Martín Coronado, Palermo.
Monumento principal: Inca Garcilaso de la Vega.
Autor: Joaquín Roca Rey.
Material: Mármol de Carrara.
Altura aproximada: 3,50 metros.
Emplazamiento: 13 de abril de 1973.
Circuito recomendado: Plaza Perú, Malba, Palermo Chico, Avenida Figueroa Alcorta y Bosques de Palermo.

Pie de foto
El Monumento al Inca Garcilaso de la Vega se levanta en la Plaza República del Perú, en Palermo, como homenaje al escritor mestizo nacido en Cuzco en 1539. La obra, realizada en mármol de Carrara por Joaquín Roca Rey, es una de las piezas patrimoniales más significativas del corredor cultural de Figueroa Alcorta.
Resumen del Inca Garcilaso de la Vega
El Inca Garcilaso de la Vega, nacido como Gómez Suárez de Figueroa en Cusco el 12 de abril de 1539 y fallecido en Córdoba, España, el 23 de abril de 1616, fue escritor, historiador y militar. Era hijo del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, por lo que su figura quedó asociada al cruce entre la cultura española y la herencia incaica.
Se lo considera uno de los grandes símbolos del mestizaje cultural americano. No fue solamente “hijo de dos mundos”: supo narrar esa mezcla con una prosa elegante, culta y poderosa. Por eso también fue llamado el “príncipe de los escritores del Nuevo Mundo”.
Su obra más importante fue Comentarios reales de los incas, publicada en 1609, donde reconstruyó la historia, las costumbres, la organización y la memoria del mundo incaico. El libro fue tan influyente que, después del levantamiento de Túpac Amaru II, la Corona española lo prohibió en América por considerarlo peligroso para sus intereses.
Entre sus otras obras se destacan La Florida del Inca, publicada en 1605, sobre la expedición de Hernando de Soto, y Historia general del Perú, publicada de manera póstuma en 1617, donde aborda la conquista del Perú, las guerras civiles entre conquistadores y el inicio del virreinato.
En síntesis, el Inca Garcilaso fue una figura clave de la literatura y la historiografía americana: un hombre formado entre el quechua, el español, la memoria inca y el humanismo europeo. Su valor está en haber dejado por escrito una mirada americana sobre el pasado indígena, cuando la historia oficial era escrita casi siempre desde el poder conquistador.