Pocos saben que entre los lagos, los patos y las bicicletas del Rosedal, hay una cancha de 18 hoyos donde se respira el aire de St. Andrews en pleno Buenos Aires.
El Campo Municipal «Juan B. Segura» no es un lujo reservado a pocos, sino un legado deportivo, cultural y urbano que sigue en pie, esperando que más vecinos se animen a jugar.
En pleno Parque Tres de Febrero, entre árboles centenarios, lagos artificiales y monumentos históricos, se encuentra uno de los secretos deportivos mejor guardados de Buenos Aires: el Campo de Golf Municipal Juan B. Segura. Con 18 hoyos y 36 hectáreas de superficie, este campo es el único de su tipo en América del Sur ubicado dentro del tejido urbano de una ciudad capital. Abierto al público, económico, y con una historia que se remonta a principios del siglo XX, el golf de Palermo combina accesibilidad, tradición y naturaleza en un entorno único.
Ubicado sobre la avenida Ernesto Tornquist 6397, frente al Lago Regatas y a metros del Hipódromo de Palermo, el campo recibe jugadores de martes a domingo desde las 9 de la mañana. No es necesario ser socio ni tener hándicap oficial para jugar, lo que lo convierte en una opción ideal tanto para principiantes como para golfistas experimentados que buscan una ronda rápida sin salir de la ciudad. Tampoco es obligatorio presentar credenciales de la Asociación Argentina de Golf, salvo en torneos o competencias internas.
Para quienes quieren iniciarse en el deporte, el campo cuenta con una escuelita municipal que ofrece clases a niños, adultos y jubilados. También hay programas para personas con discapacidad y la posibilidad de tomar clases particulares con instructores habilitados. Se recomienda llevar palos propios, ya que no se ofrece servicio de alquiler, y respetar las normas de vestimenta del club, que incluyen pantalón largo o bermuda de golf, remera con cuello y calzado adecuado.
El diseño del campo es desafiante. Con par 72 y una longitud total de 6.300 metros, ofrece hoyos técnicos, fairways angostos en tramos y greens con leves ondulaciones. El hoyo 7, flanqueado por un histórico eucaliptal, es célebre por una anécdota que involucra al ex presidente Marcelo T. de Alvear, quien mandó talar las copas de los árboles porque no lograba superarlas con sus golpes. Esa decisión, insólita y verídica, forma parte de la mitología oral del golf porteño.
El predio tiene un driving range, putting green, vestuarios y un pequeño restaurante en la casa club. A diferencia de clubes privados de zona norte, no se exige ser parte de una comunidad cerrada ni cumplir con requisitos de admisión. Tampoco se pagan abultadas cuotas mensuales. El costo por ronda es accesible y existen tarifas diferenciadas para residentes, menores y personas mayores.
Para los golfistas federados o con experiencia, el campo de Palermo es una excelente opción para mantener el ritmo de juego, practicar entre semana o entrenar para competencias. Aunque no cuenta con carritos eléctricos ni servicios premium, su ubicación céntrica, entorno natural y recorrido técnico lo convierten en una alternativa valiosa. Además, se celebran torneos esporádicos y encuentros abiertos a quienes acrediten hándicap, con cupos limitados.
En los últimos años, hubo intentos por transformar el campo en un parque urbano abierto, bajo el argumento de ampliar el espacio verde disponible. Aunque el predio ya es de acceso público y cumple funciones sociales, culturales y educativas, el proyecto de reconversión impulsado por el gobierno porteño fue rechazado por vecinos, ambientalistas y jugadores. Desde entonces, el debate permanece abierto.
Aprender a jugar al golf en Palermo no requiere más que voluntad, una pequeña inversión inicial en equipo, y el deseo de pasar tiempo al aire libre en un entorno cuidado y con historia. Para los profesionales, representa un oasis urbano donde seguir entrenando sin desplazarse a clubes lejanos. Para los vecinos curiosos, es una oportunidad de acercarse a un deporte distinto, que combina técnica, estrategia, calma y contacto con la naturaleza.
Ventajas frente a otros clubes privados
- Ubicación privilegiada en plena Capital Federal.
- Accesible en transporte público (colectivos, Subte D, estación Palermo y tren Mitre).
- Precios significativamente menores que clubes como San Isidro, Olivos o Pilar.
- Sin necesidad de ser socio ni tener padrino.
- Entorno natural con lagos, árboles centenarios y aire puro.
Críticas y desafíos actuales
No todo es color de green. Entre las observaciones más recurrentes:
- Horarios limitados: Abre a las 9 y no hay turnos muy tempranos.
- Campo a veces sobrecargado los fines de semana.
- Mantenimiento variable: Hay zonas con pasto alto o greens irregulares.
- Faltan servicios básicos para el golfista profesional: No hay alquiler de carritos, ni palos ni sistema online de reservas.
- Reglas estrictas de comportamiento y vestimenta.
El golf de Palermo sigue ahí. Vivo, abierto, resistente. Entre árboles y pelotas, el deporte convive con la ciudad. Quienes lo conocen lo defienden. Quienes lo descubren, lo adoptan. Y quienes aún no lo han pisado, tienen una cancha completa esperándolos a pasos del Rosedal.