Está ubicado detrás del cementerio y mantiene el viejo techo de chapa sobre la vereda, el cartel original pintado en el vidrio y las antiguas mesas de madera.
El bar tiene su propia película, Rodney, que filmó el director Diego Rafecas, y también una canción El bar de la calle Rodney, grabada por el grupo musical, La Portuaria.
La historia comenzó en la década de 1930. Por entonces, funcionaba en la esquina de Jorge Newbery y Rodney un almacón de ramos generales con despacho de bebidas «una típica «Pulpería», aunque los porteños de esa época eran renuentes a usar este mote por resultarle muy campero.
Dada la cercanía de galpones, fábricas y «La Quema» (inexistente en nuestra época) rápidamente se convirtió en punto de encuentro obligado de conocidos personajes de esos tiempos.
En 1956 sirvió de locación para una película con el gran ángel Magaía y en 1974 para otra con «Palito» Ortega, mientras seguía funcionando el viejo almacén.
Ya en 1978, Ramón Quintana (dueño de la propiedad, aún hoy) decide transformarlo en Bar; eso sí, respetando su arquitectura original y dando comienzo al mito.
En 1991, La Portuaria lo inmortaliza con su canción «El Bar de la Calle Rodney filmando su videoclip en un día cualquiera y con la gente habitué. Al final de esa década, el Rodney cierra sus puertas. Sin embargo, a principios de 2000, Pappo es quien insiste en reabrirlo y es así como un día después de su entierro, un amigo del «Carpo» se encarga de los trámites necesarios para que ese sueño se cumpla.