En la esquina de Avenida del Libertador y Lafinur se levanta uno de los edificios más distinguidos del racionalismo porteño. Pero no está solo. Palermo guarda varias joyas arquitectónicas que no necesitan marketing para brillar. Algunas son silenciosas, otras imponentes. Y todas tienen historia. Acá, una recorrida por esos hitos de hormigón, ladrillo y audacia.
Libertador y Lafinur: la curva racionalista que aún emociona
Diseñado en 1936 por el estudio Sánchez, Lagos y De la Torre, este edificio de alquiler para familias acomodadas fue una apuesta a la modernidad funcional, con un lenguaje limpio y contundente. La esquina redondeada con balcones amplios, la planta baja originalmente libre (luego alterada por reformas), y su estructura de hormigón armado lo convirtieron en un modelo para la arquitectura de viviendas urbanas en Argentina.
Hoy, aún con los locales comerciales que taparon parte del concepto original, sigue siendo un ícono racionalista del barrio.
Los Patos (Cabello y Salguero): un oasis residencial con historia
Este conjunto de viviendas bajas con pasajes internos, jardines y unidades de gran categoría fue concebido como una alternativa urbana a la casa quinta. Habitualmente confundido con una mini ciudad dentro de la ciudad, el Palacio de los Patos se convirtió en sinónimo de sofisticación, discreción y buen vivir.
Aunque su nombre remite a uno solo, hay dos bloques principales y una lógica de pasaje que lo vuelve único en Buenos Aires.
Los Gansos (Salguero y Ugarteche): art déco en clave porteña
Menos conocido que Los Patos, el conjunto conocido como Los Gansos combina líneas curvas, ornamentaciones geométricas y una volumetría típica del art déco porteño de los años 40. Frente al Ecoparque y cerca del Rosedal, conserva aún esa mezcla de glamour y calma barrial que define al Palermo más residencial.
Las Torres de Castex – Clorindo Testa en su versión brutalista
Acá va la posta: el edificio de Clorindo Testa en Palermo está en Castex 3327. Es un conjunto de dos torres proyectado en 1975 junto a Héctor Lacarra, Héctor Korn e Ignacio Lopatín, y finalizado en los 80. Es la única obra de vivienda brutalista de gran escala que Testa realizó en el barrio.
Las torres no buscan agradar: están ahí para imponer. Hormigón visto, pasarelas, dobles alturas, jardines elevados, terrazas profundas. Todo habla del Clorindo rebelde, escultor del espacio urbano, amante del vacío y del ritmo inesperado. Es una obra que se siente más que se mira.
Palermo: un museo al aire libre para quien sepa mirar
Palermo no es solo cafés con avocado toast y ferias de diseño. Es también un museo de arquitectura viviente. En sus calles conviven el racionalismo, el art déco, el brutalismo y el modernismo con naturalidad. Y aunque muchos pasen de largo, los edificios siguen ahí, contando la historia de una ciudad que alguna vez pensó en clave de vanguardia.
¿Vivís en uno de estos edificios? ¿Tenés fotos o anécdotas?