El Banco Central de la República Argentina (BCRA) oficializó una modificación normativa que permitirá a los bancos otorgar créditos en dólares a empresas que no generan ingresos en esa moneda, siempre que presenten garantías consideradas suficientes por las entidades financieras.
La medida fue incorporada mediante la Comunicación «A» 8446 y elimina una restricción que obligaba a que los vencimientos de los préstamos guardaran relación con los ingresos del tomador en la misma moneda del crédito.
Hasta ahora, quien recibía un préstamo en dólares debía demostrar capacidad de repago con ingresos también dolarizados, una regla diseñada para evitar los denominados «descalces cambiarios», uno de los factores que contribuyeron a profundizar la crisis económica y financiera que desembocó en el colapso de 2001.
Desde el Gobierno sostienen que la flexibilización permitirá ampliar el acceso al financiamiento utilizando activos dolarizados como garantía, tales como inmuebles, depósitos bancarios o títulos en moneda extranjera.
Sin embargo, economistas de distintas corrientes advierten que la Argentina tiene una larga historia de endeudamiento en dólares de actores que generan ingresos en pesos. Cuando el tipo de cambio permanece estable, el mecanismo parece funcionar. El problema aparece cuando se produce una devaluación: las cuotas medidas en pesos se disparan y la capacidad de pago se deteriora abruptamente.
La memoria económica argentina conserva ejemplos contundentes. Durante la etapa de la llamada «tablita» de José Alfredo Martínez de Hoz en la última dictadura militar y posteriormente durante la convertibilidad de los años noventa, miles de empresas y particulares asumieron compromisos en dólares convencidos de que la estabilidad cambiaria sería permanente. Cuando el esquema se quebró, las consecuencias fueron devastadoras.
Los defensores de la medida argumentan que el sistema financiero actual posee mayores controles, mejores regulaciones y exigencias de garantías que las existentes en aquellas épocas. Los críticos responden que el problema estructural sigue siendo el mismo: Argentina no produce dólares en cantidad suficiente para sostener un endeudamiento generalizado en moneda extranjera.
La discusión vuelve así a instalar un viejo debate nacional. ¿Es una herramienta para impulsar inversiones y ampliar el crédito o la repetición de una experiencia que terminó varias veces en crisis?
Por ahora, la nueva normativa abre una puerta que permanecía cerrada desde hace años. Lo que ocurra dependerá de la evolución de la economía, del tipo de cambio y, sobre todo, de la prudencia con la que bancos y empresas administren un riesgo que la historia argentina conoce demasiado bien.
Recuadro
Qué cambió
- Los bancos podrán otorgar créditos en dólares a empresas sin ingresos dolarizados.
- El requisito de correspondencia entre ingresos y moneda del préstamo deja de ser obligatorio en determinados casos.
- Los préstamos deberán contar con garantías aceptadas por las entidades financieras.
- El objetivo oficial es ampliar el acceso al crédito y movilizar los dólares depositados en el sistema financiero.
Lo que preocupa a los analistas
- Posibles descalces cambiarios.
- Empresas que facturan en pesos y se endeudan en dólares.
- Riesgo de fuertes aumentos de deuda ante una devaluación.
- Antecedentes negativos en la crisis de 2001 y en otros ciclos de endeudamiento externo.
Cierre editorial
La Argentina parece tener una relación permanente con el dólar. Cada generación escucha promesas similares: que esta vez será diferente, que existen más controles y que los riesgos están acotados. La historia, sin embargo, enseña que cuando los ingresos son en pesos y las deudas en dólares, la estabilidad suele durar menos de lo que duran los créditos.