El termómetro que le marcar el límite a Milei
Buenos Aires, abril de 2026 — El consumo masivo en la Argentina volvió a mostrar señales claras de deterioro y encendió una alarma que ya no puede disimularse con relato político ni con rebotes estadísticos. Según datos relevados por la consultora Centia, uno de los indicadores más amplios del mercado, en marzo de 2026 el consumo cayó un 5,1% interanual, consolidando una tendencia negativa que atraviesa distintos canales de venta.
La comparación, lejos de cualquier distorsión estacional, enfrenta marzo contra marzo. Es decir, mide exactamente el mismo momento del año. Y el resultado es contundente: se compra menos.
Supermercados, mayoristas y el corazón del problema
El desglose por rubros deja todavía más expuesta la situación:
- Supermercados: -7% interanual
- Mayoristas: -8,8%
- Kioscos y almacenes: -4,5%
- Autoservicios: +0,9%
- Farmacias: +0,9%
- E-commerce: +34%
El dato del comercio electrónico, que crece con fuerza, no alcanza a compensar la caída del consumo físico. Es más: confirma un cambio de hábito, pero no una mejora del poder de compra.
El fenómeno es simple, casi brutal en su lógica: la gente no dejó de consumir porque quiera, sino porque no puede.
Salarios en retroceso y consumo en retirada
El deterioro del consumo encuentra su explicación principal en la caída del salario real, que viene acumulando meses de retroceso. La ecuación es vieja como la economía misma: si el ingreso pierde contra los precios, el consumo se ajusta.
Y cuando el consumo cae, la economía se enfría.
Comerciantes de distintos rubros —indumentaria, muebles, dietéticas, librerías— coinciden en un diagnóstico que se repite como eco en cada barrio: menos ventas, menos flujo de clientes y márgenes cada vez más finos.
No es un fenómeno aislado ni sectorial. Es transversal.
El humor social: del ajuste a la fatiga
Más allá de los números, empieza a aparecer un dato más difícil de medir pero igual de relevante: el humor social.
Durante los primeros meses del gobierno de Javier Milei, una parte de la sociedad toleró el ajuste bajo la expectativa de una mejora futura. Pero ese crédito empieza a mostrar desgaste.
La lógica del “es ahora para estar mejor después” necesita resultados concretos. Y el consumo —uno de los indicadores más sensibles— todavía no los muestra.
2027 en el horizonte
En política, la economía no es todo… pero casi. Y cuando el consumo cae, el impacto no tarda en trasladarse al terreno electoral.
Si esta tendencia se mantiene, el gobierno enfrenta un desafío estructural: sostener el respaldo social en un contexto donde la mejora prometida todavía no llega al bolsillo.
El 2027 aparece, así, no como una fecha lejana sino como un horizonte que empieza a condicionar decisiones presentes.
Un dato incómodo para todos
El problema, en el fondo, va más allá de un gobierno puntual. La caída del consumo vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para toda la dirigencia argentina:
¿Cómo se construye un modelo económico que ajuste sin destruir la demanda?
Porque sin consumo, no hay comercio.
Sin comercio, no hay empleo.
Y sin empleo, no hay estabilidad posible.
La discusión recién empieza. Pero el dato ya está sobre la mesa. Y no miente.