El país de los extremos: condenas por el atentado a Cristina y el ocaso moral del PRO entre narcos, dinero sucio y poder
El país cerró hoy una de sus páginas más oscuras y, al mismo tiempo, más reveladoras.
El Tribunal Oral Federal N°6 condenó a Fernando Sabag Montiel a 10 años de prisión por el intento de asesinato contra la entonces vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y a Brenda Uliarte a 8 años de prisión como partícipe necesaria del mismo ataque.
El tercer acusado, Nicolás Gabriel Carrizo, será absuelto.
El juicio —que duró más de un año y escuchó a 157 testigos— confirmó lo que todos intuían: detrás de la bala que no salió, hubo odio, organización y una red de desinformación política que incendió la conciencia social.
Pero mientras la justicia cerraba ese capítulo, otra historia comenzaba a escribirse en la trastienda del poder.
Y esa historia lleva nombres que también marcaron la política de los últimos años: José Luis Espert, Patricia Bullrich y el PRO.
El eco del atentado y la moral partida del poder
El intento de magnicidio contra Cristina fue el punto más bajo de una Argentina enferma de odio.
Tres años después, las sentencias llegan con el aire tibio de la justicia tardía, mientras el país observa cómo los que juraban “traer orden” se hunden en el desorden de sus propias miserias.
Mientras la justicia condenaba a los autores materiales del atentado, el PRO y sus satélites libertarios —el mismo espacio político que aplaudió el discurso de odio— se enredaban en causas por lavado de dinero, aportes ilegales y vínculos con el narcotráfico.
Espert y el dinero sucio: el libertario que se manchó de verde dólar
El economista José Luis Espert, hoy con licencia en Diputados pero aún cobrando su sueldo, fue imputado por el fiscal federal Fernando Domínguez por presunto lavado de dinero.
El origen: 200.000 dólares que habría recibido del empresario argentino Federico “Fred” Machado, acusado por narcotráfico y estafas internacionales.
Machado —detenido y requerido por la justicia de Estados Unidos— es señalado como parte de una red de financiamiento político que operó durante las campañas de 2019 y 2021.
Los mismos años en los que Patricia Bullrich construía su figura de “dama de hierro” y tejía puentes con el entorno liberal de Espert.
Bullrich: la ministra que habla de orden mientras camina entre sombras
Patricia Bullrich, hoy ministra de Seguridad y emblema del oficialismo libertario, no aparece formalmente imputada.
Pero su nombre resuena en los pasillos judiciales y mediáticos cada vez que se habla del circuito financiero de Fred Machado.
Su entorno político compartió consultores, aportantes y operadores con el de Espert.
En ese mismo entramado, se investigan movimientos de dinero hacia fundaciones y consultoras de comunicación vinculadas a la estructura del PRO.
Bullrich, fiel a su estilo, calla.
Y ese silencio pesa más que cualquier denuncia.
El PRO en ruinas: de la pureza liberal al barro judicial
Lo que alguna vez fue el “partido del cambio” hoy parece una cueva de supervivientes.
Diego Santilli, Cristian Ritondo, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, José Luis Espert: nombres que en 2015 simbolizaban modernidad y hoy figuran en expedientes, traiciones internas y operaciones cruzadas.
El votante PRO, aquel que en su momento creyó que la política podía ser eficiente y honesta, observa hoy un espectáculo de decadencia.
Los que gritaban “República” conviven con el narcoempresariado; los que hablaban de “ética” piden licencias sin dejar de cobrar.
El liberalismo se transformó en un refugio de cínicos que solo creen en el mercado cuando les conviene.
Del odio al desmoronamiento
El atentado contra Cristina Kirchner no surgió de la nada.
Fue el resultado de un discurso político que convirtió la violencia simbólica en rating y la deshumanización en campaña.
Ese mismo discurso —difundido y amplificado por los medios aliados al PRO— hoy se les vuelve en contra:
porque detrás del dedo acusador siempre hubo manos sucias.
El odio, como el dinero, siempre termina regresando a su dueño.
Una moral de saldo y liquidación
Patricia Bullrich se presenta como la guardiana del orden, pero su historia la delata:
montonera en los 70, funcionaria en los 2000, aliada del macrismo, y ahora libertaria.
Una vida entera saltando de un discurso al otro, como quien cambia de piel para sobrevivir.
Hoy, mientras el país intenta sanar las heridas de un atentado político, ella y su entorno enfrentan el juicio silencioso de la opinión pública:
la sospecha de haber tejido vínculos con el dinero oscuro que financió campañas, favores y silencios.
Conclusión: el país que se repite
Sabag Montiel y Brenda Uliarte fueron condenados por intentar matar a una líder política.
Pero la verdadera bala —la del dinero sucio, la del poder sin ética— sigue cargada.
Porque mientras el pueblo se pelea en redes y en la calle, los de arriba hacen negocios, pactan impunidades y se reciclan con la misma velocidad con la que cambian de partido.
La justicia puede encerrar cuerpos.
Pero el poder, cuando se mezcla con el dinero del narco, sigue libre.
¿Cuántas veces más va a perdonar el votante del PRO la corrupción de sus ídolos? ¿Cuántas veces más el pueblo argentino va a confundir discurso de orden con mafia de traje?