Un joven de 18 años se incrustó contra el banco de Galicia el que trata a los clientes como roedores
La madrugada porteña volvió a dejar una escena de esas que mezclan velocidad, imprudencia y milagro urbano. Un joven de 18 años perdió el control de su automóvil y terminó incrustado contra la entrada de una sucursal bancaria en una de las esquinas más transitadas de Palermo: el cruce de las avenidas Raúl Scalabrini Ortiz y Santa Fe. El episodio ocurrió cerca de las 2.30 de la mañana del jueves y generó conmoción entre vecinos, taxistas y trabajadores nocturnos de la zona.
El vehículo involucrado fue un Chevrolet Cruze gris que, por causas que ahora intenta determinar la Justicia, terminó impactando de lleno contra el frente del Banco Galicia ubicado sobre la avenida Santa Fe. Dentro del auto viajaban el conductor, de 18 años, y una acompañante de 19. Ambos fueron asistidos por personal del SAME y, según confirmaron fuentes oficiales, presentaban lesiones leves y no necesitaron ser trasladados a un hospital.
Borrachos y sin control
Sin embargo, la situación cambió de tono cuando se realizó el control de alcoholemia ordenado por la fiscalía interviniente. El resultado fue contundente: el conductor tenía 1,25 gramos de alcohol por litro de sangre, más del doble de lo permitido para particulares en la Ciudad de Buenos Aires y una cifra incompatible con una conducción segura. Mientras tanto, una hora después del impacto, trabajó en el lugar la Policía Científica junto a efectivos de la Comisaría Comunal 14A para realizar las pericias correspondientes.
La esquina de Scalabrini Ortiz y Santa Fe no es una esquina cualquiera. Es uno de los grandes nodos comerciales y peatonales de Palermo, atravesado a toda hora por colectivos, taxis, bicicletas, peatones y autos que entran y salen del corazón del barrio. De día, la zona respira comercio, bancos, cafeterías y oficinas. De noche, la circulación disminuye, pero la velocidad aumenta. Y ahí aparece el viejo problema porteño: jóvenes manejando de madrugada como si la ciudad fuera una pista.
Vecinos de la zona aseguran que los accidentes nocturnos vienen creciendo en distintos puntos de Palermo, especialmente durante fines de semana y madrugadas. El combo se repite demasiado seguido: alcohol, autos potentes, exceso de confianza y avenidas anchas donde muchos pisan el acelerador como si estuvieran en la autopista. Esta vez fue contra un banco. La próxima podría ser contra una parada de colectivo o un peatón cruzando.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda pero inevitable en Buenos Aires: la relación entre el consumo de alcohol y la conducción entre jóvenes. Porque detrás de cada choque hay una postal repetida de la noche urbana argentina, donde todavía muchos consideran normal “manejar igual” después de tomar. Y Palermo, entre bares, boliches y avenidas rápidas, suele transformarse en escenario recurrente de esas historias.
La investigación quedó en manos de la Justicia porteña, mientras el vehículo permanecía dañado frente al banco y varios curiosos frenaban a sacar fotos en plena mañana palermitana. Una postal extraña: el vidrio roto, el Cruze atravesado y la ciudad arrancando el día como si nada. Buenos Aires tiene esa costumbre rara de naturalizar el caos hasta que ocurre una tragedia mayor.