Candidatos y empanadas: safari electoral en la Ciudad de Buenos Aires
Por Palermotour – Magazine de Palermo. Comuna 14
Tiempo de lectura: 6 minutos
Entre listas, afiches y promesas: un paseo entre los futuros legisladores porteños
La Ciudad de Buenos Aires, siempre vibrante y contradictoria, ya desplegó su alfombra democrática rumbo a las elecciones del 18 de mayo. Y como quien se adentra en un museo de rarezas o se sienta a merendar entre libros en una biblioteca con wifi lento, el panorama electoral se presenta como un paseo turístico entre figuras que intentan legislar y carteles que apenas se despegan.
La grilla de candidatos a la Legislatura porteña parece salida de una feria de diseño de autor: nombres conocidos, otros nuevos, estilos diversos y una pizca de excentricidad. Si se observa con detenimiento, la campaña se vive como un city tour por la fauna política porteña, con paradas tan curiosas como previsibles.
Primera parada: el PRO y sus debates de peluquería hipster
En una esquina de Palermo, mientras un barista sirve flat white con leche de avena, se escucha el nombre de Silvia Lospennato. La diputada nacional vuelve a la Ciudad como si fuera una edición limitada: con pasado verde, presente amarillo y futuro incierto. Su campaña parece diseñada para una expo de urbanismo político con hashtags como #CentroModerado o #FeminismoDeCorbata.
Dicen que Mauricio Macri la bendijo como quien suelta una paloma con GPS: una apuesta estética y audaz que busca sumar sin dividir, aunque el resto del PRO no se pone de acuerdo ni para elegir playlist de campaña. A su lado, otras fuerzas centristas como el radicalismo con Lucille Levy o la Coalición Cívica con Paula Oliveto, ofrecen discursos más blancos que el glaciar Perito Moreno, pero igual de erosionados por el tiempo.
Segunda parada: libertarios con look cyberpunk
En el universo libertario, todo es intenso. Ramiro Marra vuelve con estética de tráiler de videojuego y Manuel Adorni aparece como un vocero que habla en caps lock emocional. Cada frase suena a tweet viralizado, cada propuesta tiene aroma a MercadoLibre en horario pico.
Karina Milei, la “jefa” de este rincón pixelado de la política, ordena, mueve fichas y genera interna con la precisión de quien maneja un joystick sin leer el manual. El votante libertario, joven y disruptivo, recorre la campaña como quien explora una feria de tecnología: no siempre entiende todo, pero se queda mirando.
Tercera parada: el socialdemócrata sensible
Leandro Santoro camina por la avenida Rivadavia como quien lee a Borges mientras escucha a Fito Páez. Es el candidato más «Ciudad Universitaria» del menú: bien hablado, con un leve tono melancólico y dispuesto a invocar la justicia social sin romper demasiadas cosas.
Santoro propone una Buenos Aires más amable, con menos motos ruidosas y más plazas con bancos. Su campaña parece curada por un librero de Parque Rivadavia: progresista, prolija, sin signos de exclamación. El PJ lo respalda en silencio, como quien pasa un mate sin mirarse.
Cuarta parada: curiosidades varias en el mapa electoral
Entre nombres que suenan y propuestas que titilan, también aparece Guillermo Moreno con su habitual tono retro y el siempre colorido Alejandro Kim, quien mezcla Corea y Mataderos con una naturalidad que descoloca. Su fuerza, “Principios y Valores”, parece un kiosco que vende diarios, revistas y teoría económica de los ‘70.
El menú electoral, en definitiva, es amplio: desde la croqueta palermitana de centro republicano hasta el panqueque libertario con doble dulce de Twitter. Y como buen turista cívico, el votante de la Ciudad pasea por las opciones con incredulidad, como quien mira la carta de un restaurante caro sabiendo que va a pedir agua.
Un safari electoral para nerds del voto
Para muchos vecinos, la elección de legisladores porteños es ese dato de trivia que uno repasa por si algún día lo pregunta un taxista o un tuitero. Pero en el fondo, es una gran oportunidad para mirar la política con ojos de turista curioso: observar cómo se mueven, qué dicen, y sobre todo, qué callan.
Entre brunchs y bicisendas, empanadas veganas y recitales en anfiteatros barriales, la campaña late como parte del folklore urbano. Se puede mirar sin compromiso, como una instalación artística. Se puede votar con nafta ideológica o con piloto automático. Pero lo cierto es que el tour está en marcha y nadie queda afuera.
Conclusión: votar también es pasear
Quizás esta elección no cambie tu vida. Quizás ni recuerdes el nombre del legislador al que votaste. Pero en la Ciudad de Buenos Aires, donde se puede discutir política entre un vermut y una librería con jazz en vivo, la democracia es también parte del paisaje.
¿Y vos? ¿Ya elegiste tu recorrido electoral o te vas a dejar llevar por el mapa de los que más te divierten? Total, siempre hay tiempo para perderse en una buena caminata porteña y, de paso, meter el sobre en la urna como quien compra una postal que no piensa mandar.
Fuente exclusiva: Palermo Tour Noticias
Magazine de Palermo. Comuna 14.
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