Don Julio, la parrilla de Palermo que se volvió una parada obligada para turistas
En la esquina de Guatemala y Gurruchaga, Don Julio conserva el ritual del asado argentino y lo presenta ante visitantes de todo el mundo: carne de pastura, vinos locales, postres clásicos y una experiencia que ya forma parte del mapa gastronómico de Buenos Aires.
Quien recorre Palermo Viejo tarde o temprano se cruza con una escena ya clásica: gente sacando fotos en la esquina, mesas ocupadas desde el mediodía y una espera que confirma que ahí no hay una parrilla cualquiera. En Guatemala 4699, esquina Gurruchaga, funciona Don Julio, el restaurante fundado por Pablo Rivero en 1999 que pasó de ser una referencia palermitana a convertirse en uno de los destinos gastronómicos más buscados de la Ciudad.
La propuesta gira alrededor de una idea sencilla, aunque ejecutada con obsesión: mostrar la carne argentina en su mejor versión. La casa trabaja cortes de animales Aberdeen Angus y Hereford criados a pastura, con un proceso de maduración controlada que busca dar más ternura, sabor y jugosidad. No hay truco de magia: buena materia prima, tiempo, fuego y una parrilla atendida como corresponde.
El bife de chorizo es uno de los platos que más piden los turistas. Para muchos visitantes, especialmente quienes llegan desde Estados Unidos, Europa o Brasil, representa la postal más directa de una comida porteña: un corte generoso, dorado por fuera, rosado y jugoso en el centro, acompañado por papas, ensalada o verduras a la parrilla. También suelen aparecer en las mesas el ojo de bife, la entraña, el asado de tira, la colita de cuadril y las achuras, que para el viajero curioso son casi una clase práctica de cultura argentina.
Antes de la carne, el recorrido suele empezar con empanadas, provoleta y chorizo. Son sabores conocidos para los porteños, pero para el turismo internacional tienen el encanto de lo auténtico: una entrada al ritual del asado, sin apuro y con copa de vino en la mano. La carta de vinos es otra de las grandes protagonistas, con etiquetas argentinas de distintas regiones y una selección pensada para acompañar cortes intensos, carnes maduradas y largas sobremesas.
Los postres completan el viaje por los clásicos locales. El flan casero con dulce de leche y crema, los panqueques con dulce de leche, los helados y las opciones con frutas son parte de ese final que muchos visitantes buscan probar aunque ya no les quede lugar. En Buenos Aires, la sobremesa también cuenta como plato.
El salón, con sus paredes cubiertas de botellas firmadas, ayuda a construir la atmósfera. Hay mensajes de viajeros, comensales y amantes del vino que fueron dejando su marca con los años. Es una especie de cuaderno de visitas a gran escala: idiomas, fechas, brindis y pequeños recuerdos de personas que llegaron a Palermo con la idea de comer carne argentina y se llevaron una historia para contar.
La fama internacional de Don Julio no salió de la nada. En la edición 2025 de The World’s 50 Best Restaurants ocupó el puesto 10 del mundo y fue distinguido como el mejor restaurante de Argentina; además, figuró tercero en Latin America’s 50 Best Restaurants 2025. El ranking internacional la presenta como una casa familiar dedicada a la carne, los vinos locales y la hospitalidad argentina.
Por sus mesas también pasaron figuras conocidas. Lionel Messi cenó allí con su familia y amigos en 2023, en una visita que revolucionó la esquina de Palermo; aquella noche también estuvieron Adrián Suar y Griselda Siciliani. La visita del capitán terminó de confirmar algo que ya sabía buena parte del turismo: Don Julio es una de esas direcciones que aparecen en cualquier lista de “qué comer en Buenos Aires”.
Para ir conviene reservar con anticipación, sobre todo para las cenas y los fines de semana. Abre todos los días, de 11.30 a 16 y de 19 a 1, según informa el restaurante en su sitio oficial. Más que una comida rápida, la propuesta invita a sentarse, pedir con calma y hacer lo que el asado pide desde siempre: compartir la mesa.