Vuelta al colegio en Buenos Aires: útiles por las nubes y familias en alerta por el inicio del ciclo lectivo
El comienzo del ciclo lectivo 2026 volvió a poner en evidencia una realidad que golpea directo al bolsillo de las familias porteñas: el costo de la canasta escolar se transformó en uno de los gastos más pesados del año, con precios que obligan a recorrer mayoristas, organizar compras grupales y financiar hasta el último cuaderno.
En la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, el regreso a clases no solo moviliza mochilas y guardapolvos, sino también una verdadera ingeniería doméstica para enfrentar aumentos que tensionan la economía familiar y reconfiguran hábitos de consumo.
La canasta escolar: un gasto que presiona cada vez más
De acuerdo con relevamientos del mercado, una canasta básica de 20 artículos escolares para primaria ronda los 63.636 pesos, con un incremento interanual del 12%. Sin embargo, el dato técnico queda relativizado en la vida cotidiana: la percepción generalizada entre padres y madres es que equipar a un alumno implica un desembolso mucho mayor cuando se suman mochila, calzado, uniforme y materiales específicos solicitados por las instituciones.
Las versiones más completas o de marcas reconocidas pueden superar ampliamente los 200.000 pesos, mientras que el equipamiento para nivel secundario presenta subas aún más pronunciadas en productos vinculados a insumos importados, como lapiceras, reglas y materiales técnicos.
El fenómeno se inscribe en un contexto económico complejo, marcado por una fuerte reestructuración del modelo económico nacional, caída del poder adquisitivo y reacomodamientos de precios que impactan en bienes esenciales para la educación.
Once, el refugio del ahorro
Frente a este escenario, el histórico barrio comercial de Once volvió a consolidarse como el principal refugio para quienes buscan precios más accesibles. Allí se registran diferencias significativas respecto de supermercados e hipermercados.
En comercios minoristas especializados pueden encontrarse cuadernos desde 4.000 pesos, mochilas desde 15.000 y sets escolares a valores considerablemente inferiores a los de grandes cadenas.
El verdadero salto en el ahorro aparece en el circuito mayorista. Las compras grupales entre familias o asociaciones de padres permiten adquirir mochilas desde 4.000 pesos, cuadernos por menos de 3.000 y útiles básicos a valores que llegan a ser la mitad de los ofrecidos en supermercados.
Este fenómeno generó nuevas formas de organización social: grupos de WhatsApp de padres coordinando compras conjuntas, recorridas colectivas por galerías comerciales y estrategias de abastecimiento anticipado.
El “mix” como estrategia de supervivencia
Especialistas del sector describen una tendencia clara: las familias combinan distintos canales de compra según el tipo de producto.
Los artículos voluminosos se adquieren en mayoristas, los productos urgentes en comercios de cercanía y los gastos más elevados —como mochilas o indumentaria— se financian en cuotas mediante tarjetas en grandes cadenas.
Este esquema refleja un cambio cultural en el consumo educativo, donde el ahorro se convierte en prioridad y la planificación reemplaza a la compra espontánea.
La incertidumbre por cuotas y aranceles educativos
Más allá de los útiles, la preocupación también se extiende a los costos educativos en sí mismos. Persisten dudas sobre futuros ajustes en cuotas de colegios privados, tanto confesionales como laicos, lo que agrega incertidumbre a un escenario ya complejo para las familias de clase media.
En muchos hogares el presupuesto escolar dejó de ser un gasto estacional para convertirse en una variable estructural de la economía familiar.
Educación, bolsillo y realidad social
El inicio de clases siempre fue un ritual de renovación, expectativa y esperanza. Sin embargo, en el contexto actual el regreso a las aulas aparece atravesado por tensiones económicas que obligan a priorizar gastos y reorganizar hábitos.
Mientras las mochilas vuelven a poblar las calles porteñas, el debate sobre el costo real de la educación, el acceso a los materiales y el impacto de la situación económica en las familias se instala nuevamente en la agenda pública.
El ciclo lectivo comienza, pero la pregunta persiste en miles de hogares: cuánto cuesta hoy educar y quién puede realmente sostener ese esfuerzo año tras año.