Tras pasar tres semanas cerrado. Antaño: Tomar la leche en el Zoológico.

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Tras pasar tres semanas cerrado, este sábado reabre sus puertas el Zoológico de la Ciudad. Lo hará a pesar de que se había anunciado que el predio se transformaría en un ecoparque, luego de que el Gobierno porteño le quitara la concesión a la empresa que lo manejaba y se hiciera cargo de su mantenimiento.

Entre las tareas de mantenimiento que se hicieron en el zoo durante las tres semanas de cierre están la limpieza de lagos y lagunas, el reacondicionamiento de las calzadas y el reemplazo de las baldosas del ingreso por hormigón peinado de diferentes colores para dar jerarquía a la entrada y mejorar el tránsito.

También se limpiaron, pintaron y arreglaron todos los puentes del predio, se podaron las plantas, se extrajeron los árboles secos o en riesgo y se ampliaron los canteros de árboles protegidos. Los recintos de los animales, incluidos fosas, monumentos y obras de arte, fueron hidrolavados, se les cambiaron los techos y se reforzó su seguridad ara evitar la fuga de los ejemplares y el contacto con los visitantes.

Tomar la leche en el Zoológico.

Había quedado en hablar sobre el tambo en el zoológico. No el que está ahora , sino al que estuvo al principio de los 40, durante mi infancia.
El edificio que se ve en la foto es el pabellón hindú. En el proyecto original de Clemente Onelli cada pabellón debía corresponder al origen del animal que lo ocupaba. No se si en ese entonces no había ninguno de ese origen o consideraban que era inadecuado para tigres u otros posibles ocupantes, pero decidieron darle otro destino, muy útil desde el punto de vista educativo.
En ese tiempo recién se comenzaba a trabajar en los tambos de Europa con ordeñadoras mecánicas. El cambio desde el ordeñe manual necesitaba modificar métodos de trabajo, instalaciones y hasta mentalidades. En Argentina recién empezaba a insinuarse, como muchos otros cambios tecnológicos que llegaban por la oferta comercial o la publicidad pero no se tenían al alcance.
En lo que yo creo que fue una audacia de las autoridades del Zoológico, pusieron fuera del pabellón un rebaño de vacas holando-argentinas. Entrando al pabellón por la puerta cercana a la calle Rep. de la India, podía verse un corredor cerrado con vidrios que permitía el paso de una fila de 4 vacas, que ocupaban lugares donde había equipos ardeñadores automáticos, que se distribuían a espacios regulares, de modo que cada vaca ocupaba el lugar correspondiente. Cuando todas las vacas de la línea habían sido ordeñadas, salían y eran reemplazadas por las siguientes, hasta completar el horario de ordeñe.
Pero no nos daban directamente esa leche. El producto del ordeñe pasaba a una serpentina de pasteurización, visible en la pared lateral, de modo que los niños podíamos aprender todo el proceso de tratamiento de la leche. Frente a las vidrieras, un mostrador en el que prolijos mozos servían, por una moneda, un vaso alto de leche, acompañado de un paquete de tres vainillas. Para mi, como para muchos niños, esa era la merienda de la nuestra tarde en el Zoo. Pero además recibíamos una enseñanza dificil de brindar en las aulas. Lamentablemente los cambios de política se tradujeron en cambios en la dirección del Zoológico y en el abandono de las instalaciones por muchos años.
Y un PEDIDO:
Quizás llame la atención de los lectores mi insistencia en hablar del Zoológico y de los negocios del barrio en el pasado, pero les pido que imaginen lo que era la posible visión de una niña de entre 7 y 11 años a fines de los años 30. La vereda de la casa, la escuela y mis tardes en el Zoológico eran los márgenes normales. La gente de Palermonline piensa que esos recuerdos de un Palermo de hace 70 años pueden interesar a la gente de hoy.

Norma Drobner