Tarifas en alza: el gasto en servicios públicos en el AMBA ya supera a la inflación y golpea el bolsillo barrial
En los hogares del Área Metropolitana de Buenos Aires el ajuste de tarifas dejó de ser un dato técnico para transformarse en una preocupación cotidiana. El gasto en servicios públicos aumentó en febrero 10 puntos por encima de la inflación interanual y el impacto ya se siente en el día a día de miles de familias, donde el transporte se consolida como el rubro más pesado del presupuesto mensual.
Según un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-Conicet), un hogar promedio del AMBA sin subsidios destinó en febrero $192.181 mensuales para cubrir energía eléctrica, gas, transporte y agua potable. Aunque el monto representa una leve baja del 0,3% respecto de enero —explicada por un menor consumo estacional— el costo total es 41% más alto que en febrero de 2025 y supera ampliamente el aumento del Índice de Precios al Consumidor, estimado en 31% interanual.
En términos concretos, la canasta de servicios públicos ya equivale al 11% del salario promedio registrado, estimado en $1.733.146. Traducido a la economía doméstica: hoy un sueldo alcanza para cubrir nueve canastas de servicios, menos que el año pasado, cuando el ingreso permitía afrontar 9,6.
El dato más sensible aparece en el transporte, que registró un incremento interanual del 56% y se convirtió en el principal componente del gasto en servicios. Dentro del presupuesto destinado a tarifas, casi la mitad —un 46%— se va en movilidad. En los barrios donde el colectivo es el medio esencial para trabajar, estudiar o atender obligaciones diarias, el aumento se percibe de forma directa en la rutina.
El informe también detalla subas importantes en otros servicios. La energía eléctrica aumentó 35% interanual, el gas natural 37% y el agua 19%. En el caso del gas, se aplicaron incrementos del 3,2% en el cargo fijo y del 20% en el variable, impulsados por la quita total de subsidios durante el verano. Para quienes dejaron de recibir asistencia estatal, la factura llegó a subir hasta un 21% en un solo mes.
En electricidad ocurrió un fenómeno similar: el menor consumo tras el pico de enero fue compensado por nuevos cuadros tarifarios, con subas del 3% en el cargo fijo y del 14,1% en el variable. En el servicio de agua, en tanto, comenzó un esquema de aumentos escalonados con topes mensuales del 4% hasta abril.
Más allá del impacto mensual, el dato que marca el cambio de época es la evolución acumulada de las tarifas. Desde diciembre de 2023 hasta febrero de 2026, la canasta de servicios públicos en el AMBA aumentó 593%, mientras que el nivel general de precios lo hizo en torno al 200%. La diferencia refleja la recomposición del sistema tarifario tras años de subsidios generalizados.
Actualmente, los usuarios pagan en promedio el 65% del costo real de los servicios, mientras que el Estado cubre el 35% restante, aunque la proporción varía según el nivel de ingresos y el tipo de servicio.
En la vida barrial, estos números se traducen en decisiones concretas: ajustar el consumo de luz, moderar el uso del gas, reorganizar viajes o resignar gastos cotidianos. La discusión sobre tarifas, lejos de los despachos técnicos, se instaló en la mesa familiar, en el comercio de la esquina y en la charla del colectivo.
El panorama abre interrogantes sobre el futuro inmediato: cómo evolucionarán los salarios frente a los aumentos, cuánto margen queda para nuevas subas y qué impacto tendrá el costo de los servicios en el consumo general de los hogares. Mientras tanto, la economía doméstica sigue haciendo equilibrio entre números que no paran de crecer y bolsillos que buscan resistir.