Resurrección en Palermo: las esculturas del Centenario vuelven al Pabellón olvidado
Oculto durante décadas en el corazón militar de Palermo, el Pabellón del Centenario —único sobreviviente arquitectónico de los fastos de 1910— vuelve a alzar su voz con un conjunto escultórico que mira al cielo. Las cinco mujeres que simbolizan los continentes ya coronan la cúpula. Y se evalúa reabrir sus puertas al público. Un acto de justicia patrimonial en tiempos de olvidos.
Una joya centenaria, entre andamios y roldanas
En la zona más desconocida de Palermo, donde la arquitectura se mezcla con la memoria militar, un monumento resucita. El viejo Pabellón del Centenario, obra del arquitecto italiano Virginio Colombo, ubicado dentro del predio del Regimiento de Infantería 1 de Patricios, está siendo restaurado. Y no solo eso: acaba de recuperar su coronamiento escultórico, desaparecido desde fines de los años 60.
Diseñado originalmente como “Pabellón de Correos y Telégrafos” para los festejos de 1910, fue parte de un conjunto de construcciones efímeras celebratorias de la Revolución de Mayo. Pero, como si el tiempo le hubiera tenido piedad, esta estructura no fue demolida como las demás. Y hoy, más de un siglo después, vuelve a brillar.
Las cinco mujeres del mundo
El conjunto escultórico original mostraba a cinco mujeres tomadas de las manos, sosteniendo un globo terráqueo. Cada figura representaba un continente. Durante décadas, se creyó perdido. Hoy, gracias al trabajo del artista platense Julio Ricciardi, esas mujeres vuelven a habitar el cielo de Palermo.
Ricciardi, con formación en Bellas Artes y experiencia en el Teatro Argentino de La Plata, respetó la idea de Colombo pero no cayó en la trampa de la réplica exacta. “No hay fotos de calidad del original. Preferimos crear una versión respetuosa, sin caer en la falsificación”, explicó. Las figuras —de cuatro metros de altura— están modeladas en telgopor reforzado, hierro y fibra de vidrio. Una decisión estética y técnica que prioriza no sobrecargar estructuralmente al monumento.
Izamiento con roldanas, como en los tiempos del siglo XIX
El montaje fue artesanal. Las figuras, demasiado voluminosas para grúas modernas, fueron izadas con roldanas, casi a la antigua. Un gesto coherente con la poética de esta resurrección. El globo terráqueo, también reconstruido in situ, fue ensamblado sobre anclajes originales descubiertos en trabajos arqueológicos.
¿Los colores? Piedra París para el mundo; una “neo piedra París” más clara para las mujeres. Todo pensado a partir de estudios estatigráficos sobre la superficie del Pabellón.
Palermo y su pasado de exposiciones universales
La restauración recuerda que Palermo fue el escenario de una Buenos Aires que se soñaba capital del mundo. Como si la París criolla quisiera competir con la Belle Époque europea, se construyeron estructuras dignas de una Exposición Universal.
Pero la historia se encargó de taparlas. El Pabellón del Centenario quedó oculto tras muros y uniformes. A diferencia del Jardín Japonés, el Rosedal o el Planetario, este tesoro arquitectónico permaneció invisible.
¿Se abrirá al público? La clave está en el Ejército
Según confirmaron fuentes oficiales, una vez terminada la restauración —prevista para fin de año—, la empresa Cencosud entregará las llaves al Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, dueño formal del predio. Desde allí evalúan si será posible organizar visitas guiadas, aunque aún no hay certezas.
El gesto sería histórico: abrir las puertas de un bien nacional rescatado del olvido, en plena ciudad, para que lo pisen vecinos, estudiantes y turistas. Palermo no solo sería barrio de bares, pasajes, artistas o inmigrantes. También sería testigo de una joya monumental que volvió a respirar.
La larga noche del Pabellón del Centenario: abandono, militares y una restauración que tardó más de medio siglo
El renacimiento del Pabellón del Centenario no empezó este año. En realidad, empezó hace décadas, cuando vecinos, arquitectos, artistas y especialistas en patrimonio comenzaron a denunciar que una de las obras más extraordinarias de la Buenos Aires del Centenario se estaba cayendo a pedazos detrás de los muros del Regimiento de Patricios.
La historia de este edificio parece salida de una novela porteña. Nació para mostrarle al mundo una Argentina rica, moderna y ambiciosa. Terminó olvidado, vandalizado, lleno de humedad y rodeado de silencio militar. Y ahora, más de cien años después, intenta volver a respirar.
El Palermo de 1910: cuando Buenos Aires quería parecer París
Para entender el valor del Pabellón hay que viajar a 1910. La Argentina celebraba el Centenario de la Revolución de Mayo y el país quería exhibirse como potencia emergente. Buenos Aires era una ciudad en expansión, llena de inmigrantes, tranvías eléctricos, palacios afrancesados y sueños de grandeza.
En Palermo se montó una gigantesca Exposición Internacional del Centenario. Hubo pabellones de distintos países, muestras ferroviarias, automóviles europeos, locomotoras, avances tecnológicos, carruajes y hasta aeroplanos. Era la época en que la elite argentina creía que el país estaba destinado a competir con Europa.
De todos esos edificios efímeros levantados para la fiesta patria, casi ninguno sobrevivió. La mayoría fueron desmontados o demolidos con el correr de los años. El único que quedó en pie fue el antiguo Pabellón de Correos y Telégrafos, hoy conocido como Pabellón del Centenario. (Palermo Tour Noticias)
Virginio Colombo, el arquitecto italiano que dejó una marca secreta en Buenos Aires
El autor de la obra fue Virginio Colombo, uno de los arquitectos más fascinantes y excéntricos de la Buenos Aires de principios del siglo XX. Nacido en Milán y formado en la Academia de Brera, llegó a la Argentina en 1906 y rápidamente se convirtió en una figura central del art nouveau porteño.
Colombo diseñó edificios que todavía hoy parecen salidos de un delirio modernista: la Casa de los Pavos Reales, la Casa Calise y numerosas construcciones cargadas de ornamentación, curvas, figuras humanas y símbolos fantásticos.
El Pabellón del Centenario fue una de sus obras más importantes. De hecho, por este trabajo obtuvo una medalla de oro durante las celebraciones de 1910.
La cúpula vidriada, las esculturas alegóricas y la monumentalidad del edificio buscaban transmitir una idea muy concreta: la Argentina estaba conectada con el mundo y entraba al siglo XX como una nación moderna.
¿Por qué quedó dentro de un predio militar?
Después de la exposición internacional, el predio volvió a manos del Ejército Argentino. Allí se consolidó el histórico asentamiento del Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, una de las unidades militares más antiguas y simbólicas del país.
El regimiento fue trasladado oficialmente a Palermo en 1913 y ocupó estructuras construidas originalmente para la exposición ferroviaria del Centenario.
Así, el Pabellón quedó encapsulado dentro del predio militar. Durante décadas funcionó para distintas tareas administrativas y médicas del Ejército. Más adelante terminó prácticamente abandonado.
Mientras Palermo crecía hacia afuera con bares, parques, cafés y torres, el edificio quedaba escondido detrás de rejas, garitas y árboles enormes. Muchísimos porteños jamás supieron que existía.
Décadas de abandono, humedad y vandalismo
El deterioro empezó fuerte hacia fines de los años 60. Allí desapareció el coronamiento escultórico original: las figuras femeninas que sostenían el globo terráqueo fueron removidas o destruidas.
Después vino todo lo demás: filtraciones, vidrios rotos, grafitis, estructuras corroídas, desprendimientos y vandalismo. El edificio pasó años convertido en una especie de fantasma arquitectónico.
Especialistas en patrimonio denunciaron durante décadas que el lugar estaba literalmente desintegrándose.
Incluso hubo temor de demolición cuando comenzaron distintos proyectos inmobiliarios sobre terrenos cercanos. Pero el Pabellón sobrevivió gracias a su declaración como Monumento Histórico Nacional y a la presión constante de organizaciones vecinales, arquitectos y grupos culturales.
Los vecinos y arquitectos que evitaron que desapareciera
Detrás de la recuperación hubo años de militancia patrimonial silenciosa. La Comisión de Cultura y Patrimonio del Consejo Consultivo de la Comuna 14 impulsó campañas, muestras y recorridas para visibilizar el edificio.
También participaron colectivos como Croquiseros Urbanos, artistas, historiadores y especialistas en restauración.
Muchos arquitectos insistieron durante años con la necesidad de recuperar el pabellón antes de que fuera demasiado tarde. Entre ellos aparecieron investigadores patrimoniales, restauradores y profesionales vinculados a la Comisión Nacional de Monumentos.
La presión finalmente dio resultado cuando la Corte Suprema ordenó avanzar con tareas concretas de restauración. Desde entonces comenzaron trabajos estructurales, estudios arqueológicos, recuperación ornamental y reconstrucción de piezas perdidas.
Julio Ricciardi y la reconstrucción de las esculturas perdidas
Uno de los nombres clave de esta nueva etapa es el artista platense Julio Ricciardi, encargado de recrear las esculturas femeninas que habían desaparecido hacía más de medio siglo.
Ricciardi trabajó junto a equipos técnicos y restauradores para reconstruir las figuras sin caer en una copia falsa del original. Como casi no existían fotografías precisas, optó por reinterpretar el espíritu de la obra respetando la estética de Colombo.
Las esculturas fueron realizadas en materiales livianos como fibra de vidrio, hierro y telgopor reforzado para evitar sobrecargar la estructura centenaria.
El montaje tuvo algo casi teatral: las piezas fueron izadas mediante roldanas y maniobras artesanales porque las dimensiones complicaban el uso de grúas modernas.
El resultado ya puede verse desde distintos puntos de Palermo. Después de décadas mutilado, el edificio volvió a tener su remate escultórico mirando hacia el cielo porteño.
¿Qué otros pabellones existían en 1910?
Durante la Exposición Internacional del Centenario hubo numerosos pabellones nacionales y temáticos.
Entre ellos estuvieron:
- El Pabellón Italiano.
- El Pabellón Argentino.
- Sectores ferroviarios y de transporte.
- Muestras industriales.
- Espacios franceses, alemanes, austríacos y británicos.
- Galerías técnicas y de maquinaria pesada.
Muchos eran estructuras temporales, armadas para durar pocos meses. El Pabellón del Centenario fue el único sobreviviente importante de aquel conjunto monumental. Por eso su valor patrimonial es enorme: funciona como una cápsula física de aquella Buenos Aires del Centenario.
El futuro: museo, visitas guiadas y reapertura
Hoy el gran interrogante es qué pasará cuando termine la restauración.
El Ejército Argentino evalúa convertir el edificio en un centro de exposiciones históricas y culturales. También se analiza habilitar visitas guiadas para vecinos, turistas y estudiantes.
Sería una transformación histórica. Durante más de cien años el Pabellón estuvo prácticamente escondido. Abrirlo implicaría incorporar definitivamente esta joya arquitectónica al circuito cultural de Palermo y de Buenos Aires.
Porque detrás de los bares, las cervecerías y el marketing turístico del barrio todavía late otra ciudad: la Buenos Aires monumental, inmigrante, industrial y soñadora que alguna vez quiso deslumbrar al mundo entero.
¿Y vos qué opinás, vecino de Palermo, turista curioso o flâneur porteño?
¿Deberían abrirse al público estos monumentos históricos, aunque estén en terrenos militares? ¿Tiene sentido que recién ahora, más de 110 años después, se devuelva su dignidad a esta obra de arte y símbolo patrio? ¿Cuántos otros pabellones olvidados duermen bajo la costra de cemento de esta ciudad?
Decinos qué pensás del barrio que habla.