La otra Maradona: una plaza olvidada entre Palermo y Villa Crespo recuerda al doctor que vivió por y para los otros
Aunque su apellido evoca a una leyenda del fútbol, el homenaje no va para Diego. La plazoleta Dr. Esteban Laureano Maradona, ubicada entre Av. Córdoba, Darwin y las vías del tren San Martín, honra a un médico rural que eligió curar, enseñar y sembrar dignidad en los márgenes de la patria.
En la Ciudad de Buenos Aires, a pasos del bullicio de la Avenida Córdoba y el movimiento de Darwin, entre Palermo y Villa Crespo, existe un rincón verde que no muchos conocen por su nombre. Es la Plaza o Plazoleta Dr. Esteban Laureano Maradona, bautizada oficialmente por la Ley N° 2.384, sancionada el 12 de julio de 2007 y promulgada por el Decreto Nº 1.116/007 apenas semanas después.
¿Quién fue Esteban Laureano Maradona?
No, no tiene nada que ver con Diego Armando. Esteban Maradona fue un médico, naturalista, escritor, filósofo y humanista que dedicó más de 50 años de su vida al cuidado de las comunidades originarias del norte argentino, particularmente en Estanislao del Campo, Formosa. Murió en 1995, a los 99 años. Un sabio de los de antes, de esos que vivían con lo justo y entregaban todo.
Se recibió de médico en Rosario, pero el destino lo llevó a tierras pobres donde no había hospital, ni luz, ni agua corriente, pero sí malaria, lepra y tuberculosis. Ahí se quedó, como quien se planta para florecer en el barro. Fue llamado “el médico de los pobres”, aunque su obra trasciende la medicina: escribió más de veinte libros, la mayoría dedicados a la flora, la fauna y la cultura indígena.
La plaza entre rieles y barrios
Ubicación exacta: Av. Córdoba 5401, C1414, en una esquina triangular encerrada por las vías del ferrocarril San Martín. Un espacio humilde, de los que parecen pasar desapercibidos pero cargan historia.
Lo curioso es que la plazoleta se encuentra justo en el borde entre Palermo Hollywood y la frontera invisible que marca el paso hacia Villa Crespo, una zona donde el ruido de los camiones y el perfume de los cafés coexisten con galpones reciclados y pasos de tren.
¿Por qué una plaza con su nombre aquí, en pleno corazón porteño, tan lejos del monte formoseño? Porque Buenos Aires —al menos en sus buenas intenciones— busca no olvidar a quienes sembraron grandeza sin micrófonos, ni camisetas firmadas. Porque también hay héroes sin estadio ni goles.
Un rincón con nombre y sin identidad barrial
Hoy, la Plaza Dr. Esteban Laureano Maradona no es muy distinta de tantas otras plazas mínimas de la ciudad: algunos bancos de cemento, árboles nobles, pasto irregular y el paso constante de vecinos que van apurados, sin mirar. Pero lo que le falta de puesta en valor, lo tiene de simbolismo.
El cartel con su nombre suele pasar desapercibido, eclipsado por grafitis, publicidades pegadas y el trajín urbano. Y sin embargo, ahí está. Una piedra fundacional de memoria en un barrio donde la historia se reinventa cada día entre deliverys, disquerías hipster y parrillas para turistas.
¿Y si la resignificamos?
La pregunta queda picando: ¿cuántos vecinos saben quién fue el doctor Esteban Maradona? ¿Cuántos saben que se entregó a curar gratis en el monte, que fue propuesto tres veces al Premio Nobel de la Paz, y que murió sin más patrimonio que su sabiduría y su dignidad?
Quizás esta plaza merezca más que ser un paso entre avenidas. Tal vez sea hora de que el barrio la abrace, la resignifique y le dé un nuevo aire. ¿Un mural? ¿Una placa con su biografía? ¿Un ciclo de charlas sobre medicina social o pueblos originarios?
Porque en un mundo de ídolos de cartón, recordar a un médico sabio y generoso como Esteban Maradona no es un gesto nostálgico: es un acto revolucionario.