Parque Ferroviario Palermo: un paseo entre la memoria del ferrocarril, Palermo Soho y Hollywood
Junto al viaducto del tren San Martín, el parque recuperó una parte del antiguo corredor ferroviario y creó un nuevo recorrido urbano conectado con Distrito Arcos, el Polo Científico, la calle Godoy Cruz y la avenida Juan B. Justo.
El Parque Ferroviario Palermo ocupa una franja estratégica del barrio: el borde que durante décadas separó a Palermo Soho de Palermo Hollywood. Allí donde antes había vías a nivel, paredones, depósitos y terrenos ferroviarios abandonados, hoy aparece un espacio público que permite caminar, descansar, jugar y mirar el barrio desde otra perspectiva.
El paseo se desarrolla junto al viaducto del ferrocarril San Martín, entre Soler y el entorno de Costa Rica y Niceto Vega. Su acceso más reconocible se encuentra cerca de la esquina de Soler y la avenida Juan B. Justo, frente al sector del Polo Científico Tecnológico y a pocos minutos de Distrito Arcos.
No es solamente una plaza. Es una costura urbana construida sobre una vieja herida del barrio.
Un parque entre dos Palermos
La avenida Juan B. Justo funciona como la división más visible entre Palermo Soho y Palermo Hollywood. Hacia un lado se extiende el sector de casas bajas, locales de diseño, bares y movimiento turístico que rodea la plaza Serrano; hacia el otro aparecen las productoras audiovisuales, restaurantes, estudios y antiguas construcciones de Palermo Hollywood.
Debajo de la avenida corre entubado el arroyo Maldonado, uno de los cursos de agua que marcaron la geografía original de Buenos Aires. Sobre esa traza avanzan el tránsito, los colectivos, las bicicletas y una vida urbana que difícilmente deja imaginar el arroyo escondido bajo el asfalto.
El ferrocarril profundizaba todavía más esa separación. Los pasos a nivel de Soler, Honduras, Gorriti y otras calles obligaban a esperar el paso de los trenes y convertían los laterales de las vías en corredores angostos y poco transitados. La elevación del San Martín modificó completamente esa relación: liberó cruces, abrió visuales y permitió recuperar sectores que habían permanecido aislados.
Qué se puede encontrar en el Parque Ferroviario Palermo
El sector habilitado cuenta con senderos, espacios parquizados, mobiliario urbano, juegos infantiles, áreas de descanso y una cinta para caminar o realizar actividad física. El viaducto acompaña todo el recorrido como una gran estructura de hormigón, mientras los trenes pasan elevados sobre el parque.
El proyecto integral fue pensado para incorporar una senda aeróbica, sectores con lomadas y desniveles, una isla de ejercitación, juegos, espacios deportivos, un área de skate, iluminación y nuevas especies de árboles.
La propuesta paisajística contempló tipas, jacarandás, algarrobos y palos borrachos. La idea central fue construir una franja verde longitudinal que pudiera convivir con el ferrocarril sin perder asoleamiento ni visibilidad.
El plan maestro fue diseñado por los arquitectos Mario Boscoboinik y Jorge Iribarne, con la colaboración de Julián Santarsiero, Pablo Vrecic y Javier Herrera. La propuesta obtuvo el primer premio en el concurso organizado por la Sociedad Central de Arquitectos para transformar la antigua Playa Ferroviaria Palermo.
El proyecto completo fue anunciado con una superficie aproximada de 26.500 metros cuadrados y cerca de un kilómetro de longitud. Sin embargo, resulta importante diferenciar el gran plan urbano de la parte efectivamente construida y habilitada. La primera intervención pública recuperó alrededor de 5.000 metros cuadrados, mientras que el resto del corredor continúa sujeto a distintas obras, decisiones urbanísticas y proyectos inmobiliarios. La propia información oficial distingue esa primera etapa del desarrollo integral originalmente anunciado por la Ciudad.
Desde Distrito Arcos hasta el parque
El recorrido turístico puede comenzar en Distrito Arcos, el paseo comercial a cielo abierto instalado entre Santa Fe, Juan B. Justo, Godoy Cruz y Paraguay. Allí se conservaron y reciclaron construcciones de ladrillo pertenecientes al antiguo predio ferroviario y al conjunto relacionado con las ex Bodegas Giol.
El paseo reúne locales de indumentaria, gastronomía, patios exteriores y sectores verdes. Su arquitectura mantiene parte de la imagen industrial y ferroviaria del lugar: ladrillos vistos, arcos, galpones y estructuras que recuerdan que antes del shopping existió otro Palermo, vinculado con los trenes, los depósitos y el movimiento de mercaderías.
Desde Distrito Arcos se puede caminar por Godoy Cruz hasta la Plaza de las Ciencias, ubicada frente al Polo Científico Tecnológico. Este espacio funciona como una antesala del Parque Ferroviario y aporta juegos, sectores de descanso y una pausa verde en medio de uno de los puntos de mayor circulación del barrio.
Al continuar hacia Soler aparece el ingreso al parque. Desde allí, el paseo acompaña el viaducto y se aproxima a Nicaragua, Costa Rica, Honduras y Gorriti, calles que conectan rápidamente con los restaurantes, cafés, cervecerías y hoteles de Palermo Hollywood.
Godoy Cruz, una calle que cambió de cara
Godoy Cruz pasó de ser una calle lateral del ferrocarril, con paredones, depósitos y sectores poco transitados, a transformarse en uno de los corredores más dinámicos de Palermo.
Entre Santa Fe y Paraguay conserva el perfil comercial y turístico de Distrito Arcos. Frente al Polo Científico toma una identidad institucional y cultural. Más adelante aparecen edificios residenciales, emprendimientos inmobiliarios, oficinas, cafés y accesos al parque.
La bicisenda permite recorrer buena parte del eje en bicicleta y enlazarlo con otros circuitos de Palermo. Las nuevas aperturas y prolongaciones proyectadas alrededor de la antigua playa ferroviaria buscan conectar calles que históricamente terminaban contra las vías.
Honduras y Gorriti cumplen un papel especial. Son dos de las grandes calles gastronómicas y nocturnas del barrio y vinculan el entorno ferroviario con Palermo Soho, plaza Serrano y Palermo Hollywood. De noche, sus bares y restaurantes reciben buena parte del movimiento turístico; durante el día, funcionan como corredores barriales atravesados por vecinos, trabajadores, repartidores y ciclistas.
La memoria difícil del corredor ferroviario
La transformación urbana no debería borrar lo que ocurrió en este lugar. En el acceso ferroviario de Soler, entre Godoy Cruz y Juan B. Justo, la periodista Manuela Fernández Mendy sufrió un intento de abuso sexual cuando fue atacada por dos hombres. El episodio expuso la inseguridad de un pasillo angosto, oscuro y aislado ubicado junto a las vías.
El hecho no ocurrió dentro del parque actual —que todavía no existía—, sino en el antiguo corredor ferroviario sobre el cual se desarrollaron posteriormente las obras urbanas. La denuncia impulsó reclamos por iluminación, presencia policial, apertura de calles y recuperación del espacio público.
En la misma gran franja ferroviaria también existió el asentamiento conocido popularmente como “Villa Hollywood”. Estaba compuesto por viviendas precarias levantadas en distintos sectores próximos a Juan B. Justo, Honduras, Paraguay y Godoy Cruz. Hubo más de un operativo de desalojo y, con el paso de los años, los terrenos fueron destinados al Polo Científico, el paseo comercial, el viaducto, el parque y desarrollos privados.
Conviene distinguir los puntos: el antiguo asentamiento, el lugar del ataque, Distrito Arcos y el Parque Ferroviario formaban parte del mismo extenso corredor ferroviario, aunque no ocupaban exactamente una única parcela.
Un proyecto que nació rodeado de polémicas
La transformación de la Playa Ferroviaria Palermo estuvo atravesada por discusiones políticas, urbanísticas y comerciales. Una de las controversias apareció cuando el proyecto de Boscoboinik e Iribarne obtuvo el primer premio del concurso.
En aquel momento, Boscoboinik se desempeñaba como funcionario del Gobierno porteño. Desde la administración nacional se objetó su participación por considerar que podía existir una incompatibilidad entre su función pública y la futura fiscalización de las obras vinculadas con el proyecto.
El premio finalmente se mantuvo, pero la discusión dejó planteada una pregunta que todavía acompaña a las grandes operaciones urbanas de Buenos Aires: quién diseña, quién controla, quién construye y quién se beneficia con la valorización de los terrenos públicos.
También generó debate la venta de parcelas ferroviarias para levantar edificios frente al nuevo espacio verde. La creación del parque mejoró el entorno, pero al mismo tiempo elevó el valor inmobiliario de una de las áreas más cotizadas de Palermo.
Un recorrido turístico posible
Una caminata completa puede comenzar en la estación Palermo de la línea D o del ferrocarril San Martín. Desde allí se ingresa a Distrito Arcos, se recorren sus antiguos galpones y se continúa por Godoy Cruz hacia la Plaza de las Ciencias.
Después de cruzar Soler se llega al Parque Ferroviario. El recorrido puede continuar por el borde del viaducto hasta Honduras o Gorriti y desviarse hacia Palermo Hollywood para almorzar, tomar un café o conocer sus productoras, restaurantes y construcciones recicladas.
Quienes prefieran Palermo Soho pueden cruzar la avenida Juan B. Justo y caminar hacia plaza Serrano por Honduras, El Salvador o Costa Rica. En pocas cuadras, el paisaje cambia: del hormigón ferroviario se pasa a los pasajes, las casas antiguas, los murales y los locales de diseño.
Un parque que todavía está escribiendo su historia
El Parque Ferroviario Palermo recuperó un sector degradado y abrió un nuevo espacio para vecinos y visitantes. También puso en primer plano las contradicciones del desarrollo urbano: la necesidad de sumar verde, la presión inmobiliaria, la venta de tierras públicas, la memoria de quienes vivieron allí y el derecho a circular con seguridad.
Hoy el tren pasa por arriba, la gente camina por abajo y los dos Palermos vuelven a mirarse de frente. El desafío es que la integración no quede limitada a una postal inmobiliaria, sino que produzca un espacio público amplio, cuidado, seguro y verdaderamente accesible.
Porque Palermo cambia sin pedir permiso, pero cada terreno conserva sus capas. Debajo del parque permanecen la memoria ferroviaria, el viejo Maldonado, los conflictos y las historias de una ciudad que primero levanta paredes y después, con suerte, aprende a abrirlas.