Entre esculturas monumentales, senderos junto al Río de la Plata y una arquitectura que obliga a caminar, este rincón de la Costanera Norte propone una experiencia cultural completamente distinta.
Hay lugares que se visitan y otros que se atraviesan. El Parque de la Memoria pertenece a esta segunda categoría: no tiene un escenario convencional, butacas numeradas ni un telón que anuncie el comienzo de la función. Aquí el parque entero puede transformarse en un enorme teatro a cielo abierto y cada visitante, aunque no lo sepa, termina formando parte de la escena.
La particular disposición circular y escalonada que se observa en la imagen funciona como una suerte de anfiteatro integrado al paisaje. Las grandes estructuras metálicas, las pasarelas, el césped y los desniveles producen una escenografía monumental. La gente camina, cambia de perspectiva y descubre formas nuevas a medida que avanza. En esta clase de propuesta escénica no existe un único punto desde el cual mirar: la obra sucede alrededor del público.
Es una experiencia cercana al teatro itinerante o “circulante”, donde los espectadores no permanecen sentados esperando que aparezcan los actores, sino que recorren el espacio y se dejan sorprender. El río, el viento, los aviones, las nubes y hasta los sonidos de Ciudad Universitaria se incorporan naturalmente a la representación. Ninguna función podría ser idéntica a la anterior porque el paisaje también actúa.
Una herida abierta frente al río
El Parque de la Memoria ocupa aproximadamente 14 hectáreas sobre la Costanera Norte, junto a Ciudad Universitaria. Su creación fue aprobada por la Legislatura porteña mediante la Ley 46 de 1998 y su proyecto surgió de un concurso público. El diseño ganador correspondió al estudio de los arquitectos Alberto Varas, Claudio Ferrari y Daniel Becker, asociado históricamente al estudio Baudizzone-Lestard-Varas.
La arquitectura fue pensada como una gran herida abierta en la tierra. Los senderos descienden entre muros de pórfido patagónico donde están grabados los nombres de las personas detenidas-desaparecidas y asesinadas por el terrorismo de Estado. El recorrido desemboca simbólicamente en el Río de la Plata, escenario de los llamados vuelos de la muerte.
El monumento principal fue inaugurado el 7 de noviembre de 2007 y, en 2014, el conjunto fue declarado Monumento Histórico Nacional. No es un memorial encerrado detrás de una puerta: es un espacio público, gratuito y vivo, donde conviven la memoria, el arte contemporáneo, las visitas educativas y las actividades culturales.
Esculturas que aparecen en medio del camino
Una de las grandes virtudes del parque es que sus obras no se presentan alineadas como en una sala tradicional. Aparecen en el paisaje casi por sorpresa. Hay piezas de Roberto Aizenberg, Clorindo Testa, Nicolás Guagnini, Marie Orensanz, Carlos Distéfano, Magdalena Abakanowicz, Norberto Gómez, Germán Botero y Dennis Oppenheim, entre otros artistas argentinos e internacionales.
Algunas son tan grandes que parecen construcciones, refugios o fragmentos de una ciudad desconocida. Otras necesitan ser observadas desde un ángulo preciso para revelar su sentido. Esa escala monumental explica por qué caminar por el parque puede sentirse como ingresar en una escenografía gigantesca: el visitante nunca sabe exactamente qué encontrará después de una curva, una pendiente o una elevación del terreno.
El arte no adorna el parque. Interroga, incomoda y obliga a pensar. Cada estructura puede ser leída como una puerta, una ausencia, una fuga, una prisión o una forma de resistencia. En este escenario, mirar también significa recordar.
Entre la memoria, la universidad y la ciencia pública
El entorno completa un corredor cultural y educativo excepcional. A pocos metros se encuentra Ciudad Universitaria, sede de las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. También están la Reserva Ecológica Costanera Norte, la estación Ciudad Universitaria y distintos edificios destinados a la enseñanza y la investigación.
Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner se desarrollaron importantes inversiones nacionales en universidades, ciencia y tecnología. En este sector de Buenos Aires quedaron expresiones visibles de esa política de infraestructura pública, aunque las distintas construcciones del campus corresponden a proyectos y etapas históricas diferentes. Recordarlo también forma parte de una visita honesta: las obras públicas no aparecen por generación espontánea ni deberían desaparecer de la memoria colectiva cuando cambia un gobierno.
Turismo loco junto al Río de la Plata
El Parque de la Memoria propone un turismo diferente al de las vidrieras, los centros comerciales o las fotografías apuradas. Se puede caminar sin rumbo, observar las esculturas, sentarse frente al río y descubrir una función teatral donde el escenario parece no terminar nunca. Es uno de esos espacios de Buenos Aires que todavía conserva la capacidad de sorprender.
Se encuentra en avenida Costanera Rafael Obligado 6745, junto a Ciudad Universitaria. La entrada es gratuita y puede llegarse mediante transporte público, bicicleta, automóvil o la estación Ciudad Universitaria del ferrocarril Belgrano Norte. Antes de concurrir conviene consultar la programación y los horarios actualizados en el sitio oficial del Parque de la Memoria.
Para Palermo Tour, la recomendación es simple: hay que visitarlo sin apuro. Caminar, mirar hacia el río y dejarse llevar. Porque en este teatro enorme la obra comienza cuando uno entra, pero nadie puede asegurar en qué momento termina.