Palermo Chico: historia, elegancia y naturaleza en el corazón de Buenos Aires
Ubicado entre las avenidas Figueroa Alcorta, Tagle y San Martín de Tours, Palermo Chico—también conocido como Barrio Parque—ha sido diseñado como un refugio de lujo, naturaleza y arquitectura exquisita en pleno tejido urbano de la ciudad. Su origen, sus curiosidades y su transformación a lo largo del tiempo merecen un recorrido detenido.
De “Barrio de las Ranas” a postal de la élite
Pocos saben que, mucho antes de albergar petit-hoteles de estilo francés, residencias diplomáticas o departamentos tríplex con piscina, Palermo Chico era conocido como el “Barrio de las Ranas”. La humedad del terreno, entonces cercano al río, propiciaba una fauna anfibia abundante que dio nombre al lugar en el siglo XIX. Pero ese entorno agreste también anticipaba algo más: tierras fértiles y promisorias para un proyecto de otra envergadura.
En aquellos tiempos, la zona era una sucesión de bañados, pajonales y pequeños cursos de agua que descendían hacia el Río de la Plata desde las barrancas que hoy bordean el Parque Tres de Febrero. Sin embargo, en 1912, bajo el gobierno de Roque Sáenz Peña, y con la inspiración directa del urbanismo francés, se encargó al arquitecto paisajista francés Carlos Thays y al ingeniero Benito Carrasco el diseño de un barrio jardín que rompería con la lógica cuadriculada de la ciudad. Así nació el trazado de calles curvas, diagonales y plazoletas arboladas que caracterizan a Palermo Chico, o como se llamó oficialmente: Barrio Parque.
Las primeras casas del barrio fueron encargadas por familias de la elite porteña: los Blaquier, los Anchorena, los Santamarina, los Alvear y los Bunge, entre otros. No escatimaron en detalles: contrataron arquitectos franceses y belgas, trajeron mármol de Carrara, hierro forjado de París, y azulejos sevillanos. Las casas respondían a un estilo ecléctico de inspiración europea: predominaban el academicismo francés, el neocolonial español y el racionalismo moderno, que coexistieron en armonía en este pequeño oasis urbano.
La construcción del MALBA en los años 2000 consolidó al barrio como polo cultural de élite. También se instalaron importantes embajadas (Estados Unidos, Arabia Saudita, Japón) y residencias diplomáticas. Con el tiempo, algunos palacetes se convirtieron en sedes corporativas, y los terrenos restantes dieron lugar a edificios de lujo, como los que diseñó Mario Roberto Álvarez en la calle San Martín de Tours o el célebre edificio «Los Eucaliptus», donde vivió María Julia Alsogaray.
Hoy, Palermo Chico es símbolo de sofisticación y discreción. Las propiedades cotizan en dólares blue y rara vez llegan al mercado abierto: se negocian de forma privada, en operaciones silenciosas. Las veredas anchas, los árboles centenarios y la ausencia de comercios mantienen el espíritu original del barrio jardín, ese que alguna vez fue territorio de ranas, pero que con el tiempo se volvió nido de magnates, diplomáticos y artistas consagrados.
Fue recién en 1912, cuando el genial Carlos Thays, arquitecto paisajista francés nacionalizado argentino, imaginó y diseñó un nuevo rincón porteño bajo el nombre de Barrio Parque. Con una mirada pionera, Thays no solo introdujo un modelo urbanístico distinto —con calles curvas y diagonales que rompían la cuadrícula tradicional de Buenos Aires— sino que también llenó el barrio de vegetación autóctona cuidadosamente elegida: Tipas, Jacarandás, Lapachos, Ceibos y Palos Borracho, muchos traídos directamente del norte argentino.
El trazo de Thays: cuando el verde es arquitectura
La visión de Thays estaba lejos de ser solamente estética. Su objetivo era crear un entorno urbano armónico con la naturaleza, donde las especies nativas convivieran con construcciones de alto valor patrimonial y cultural. Así surgieron elegantes casas de estilo clásico europeo, muchas de las cuales hoy albergan embajadas extranjeras, como la de España, Alemania o Arabia Saudita, aportando un aire cosmopolita a esta pequeña joya urbana.
Una de las construcciones emblemáticas del barrio es el Instituto Nacional Sanmartiniano, una réplica exacta de la casa donde vivió el General José de San Martín en Boulogne-sur-Mer, Francia. Inaugurado en 1946, se erige como faro de memoria y homenaje al Libertador, agregando contenido histórico a este oasis verde.
De los cabarés de Amendoville al arte del Malba
La transformación de Palermo Chico no fue solo paisajística. A fines del siglo XIX y principios del XX, en la zona se alzaron espacios de diversión como el famoso Pabellón de Las Rosas, que luego devino en el mítico Amendoville, donde se presentaban espectáculos y cantaba el mismísimo Carlos Gardel. Aquella bohemia tanguera y galante fue poco a poco desplazada por el espíritu residencial de alta categoría.
Hoy, los extremos conviven en armonía: desde el Palacio Errázuriz, emblema del clasicismo francés y actual sede del Museo Nacional de Arte Decorativo, hasta el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), ícono del arte moderno y contemporáneo, fundado por Eduardo Costantini.
El presente: entre flores, embajadas y cultura
Caminar por las calles de Palermo Chico en primavera es una experiencia multisensorial: el perfume del Lapacho en flor sobre Avenida Castilla, las sombras doradas de las Tipas en otoño, y los toques violetas de los Jacarandás en noviembre conforman un paisaje cambiante que le da vida propia al barrio. Muchas de estas especies fueron plantadas en el siglo XX por el paisajista Martín Ezcurra, heredero de la sensibilidad naturalista de Thays.
El barrio no solo es una zona de residencias exclusivas, sino también un punto de contacto con la historia, el arte y la cultura de la ciudad. Y como todo en Buenos Aires, está vivo, cambiante, palpitante. Palermo Chico no es solo un lugar: es una síntesis de lo que fue y lo que puede ser.
¿Qué opinás vos? ¿Conocías la historia del Barrio de las Ranas? ¿Te animás a recorrerlo con ojos de cronista urbano?
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