En un contexto económico cada vez más exigente para los hogares, la morosidad en familias superó por primera vez el 10% y encendió señales de alarma en todo el sistema financiero. El deterioro del crédito ya no es una sensación: es un dato concreto, medido y sostenido en el tiempo.
Según el último informe del Banco Central (BCRA), el ratio de irregularidad en los créditos alcanzó el 10,6% en enero de 2026, cuando apenas dos meses antes, en noviembre de 2024, se ubicaba en el 2,5%. El salto no solo es abrupto, es histórico.
El crédito se rompe donde más duele: consumo diario
Los números más críticos se concentran en los productos más utilizados por la clase media:
- Préstamos personales: morosidad del 13,2%
- Tarjetas de crédito: sube al 11%
- Créditos prendarios: alcanzan el 6,3%
- Hipotecarios: se mantienen relativamente estables en 1,3%
El dato que termina de cerrar el círculo es el costo del dinero: las tasas de préstamos personales arrancaron el año cerca del 68,4% nominal anual, muy por encima de la inflación esperada. Traducido a la calle: financiarse sigue siendo caro, incluso en un escenario de desaceleración inflacionaria.
Acá no hay magia. Si los salarios no acompañan, la deuda empieza a pesar. Y cuando pesa, se deja de pagar.
15 meses seguidos de deterioro
El fenómeno no es puntual ni estacional. La morosidad crece hace 15 meses consecutivos, lo que confirma una tendencia estructural más que un desajuste momentáneo.
Y hay otro dato que inquieta al mercado: en el segmento de créditos no bancarios —donde operan fintech y prestamistas alternativos— la morosidad ya supera el 27%. Es decir, más de uno de cada cuatro créditos entra en zona de incumplimiento.
Empresas: mejor promedio, peor realidad
En el caso de las empresas, el ratio general parece más contenido:
- Morosidad total empresas: 2,8%
Pero el promedio esconde la verdadera historia.
Cuando se analiza por cantidad de empresas (y no por volumen de crédito), la situación cambia fuerte:
- 1 de cada 8 empresas (12,5%) tiene atrasos mayores a 90 días
Las más golpeadas:
- Hoteles y restaurantes: 17,2%
- Pesca: 12,7%
- Textil y calzado: 12,6%
Y ojo con esto: incluso sectores que vienen creciendo, como el agro o el petróleo, también muestran deterioro en la cadena de pagos. No alcanza con que la economía crezca si no hay demanda real y sostenida.
Las pymes, como siempre, quedan en el medio de la tormenta: menos espalda financiera, menos acceso a crédito barato y más exposición a la caída del consumo.
Qué dice el Banco Central
Desde el BCRA intentaron llevar calma. Señalaron que el crédito al sector privado creció fuerte en relación al PBI, y que este aumento en la morosidad es, en parte, una consecuencia esperable de esa expansión.
Además, remarcaron que el sistema financiero mantiene niveles sólidos de liquidez, previsiones y capital, lo que le permitiría absorber el impacto sin comprometer su estabilidad.
El fondo del problema
La foto es clara, pero el fondo es más incómodo:
- Salarios que corren detrás de los precios
- Tasas que siguen altas
- Consumo que no termina de reaccionar
- Crédito que se expandió… pero sin respaldo real en ingresos
Y entonces pasa lo inevitable: la cadena se empieza a cortar por el eslabón más débil.
Primero las familias. Después las pymes. Después… bueno, ahí es donde el sistema empieza a ponerse a prueba.
Una pregunta que queda flotando
Si el crédito crece pero los ingresos no, ¿no estamos pateando el problema para adelante?
Y más importante todavía: ¿cuánto margen queda antes de que esta morosidad deje de ser un dato y pase a ser una crisis?
Porque cuando la gente deja de pagar, no es por especulación. Es porque ya no puede.