Los gestos dicen más que las palabras: un estudio revela cómo se percibe la aceptación en el diálogo
Buenos Aires, diciembre de 2025 – En tiempos de pantallas, audios acelerados y conversaciones a medias, una investigación académica vuelve a poner el foco donde siempre estuvo: en el cuerpo. Un estudio realizado por docentes y egresados de la Universidad Austral reveló que la aceptación o el rechazo en los diálogos interpersonales se perciben, en mayor medida, a través de gestos, miradas, posturas y tonos de voz que por las palabras explícitas.
La investigación, desarrollada entre 2020 y 2025, analizó 558 señales de interacción registradas por estudiantes de posgrado y concluyó que el 60 % de los feedbacks de aceptación fueron no verbales. Es decir: antes de escuchar lo que decimos, el otro siente cómo estamos.
“El cuerpo habla incluso cuando no somos plenamente conscientes de ello. Muchas veces creemos que aceptamos con palabras, pero el otro lo percibe, sobre todo, a través de nuestra mirada, nuestra postura y el tiempo que le damos”, explicó Roxana Fantin, investigadora y una de las autoras del trabajo.
Mirar, quedarse, escuchar: las claves invisibles del vínculo
El estudio, titulado “Una aproximación al campo: Feedbacks de aceptación/rechazo”, fue realizado por Roxana Fantin junto con María Soledad Jouliá, Marina López Saudibet y Agustina Zapiola, y se basó en una muestra de 143 estudiantes de posgrado de la Universidad Austral. Durante una semana, los participantes registraron de manera libre las señales verbales y no verbales de aceptación y rechazo que percibían en sus diálogos cotidianos.
Los resultados muestran una clara predominancia de la aceptación sobre el rechazo: 425 señales de aceptación frente a 133 de rechazo. Además, se detectó una fuerte coincidencia en los términos utilizados para describir las percepciones y un alto nivel de detalle en los registros, lo que permitió construir categorías a partir de la autopercepción de los participantes.
“Solemos pensar que aceptar al otro es estar de acuerdo con lo que dice, pero en esta muestra se advierte que es mucho más complejo. El silencio, por ejemplo, tiene un rol especial”, explicó Fantin.
Entre los principales hallazgos, se destaca que la mirada atenta es la variable de mayor peso para percibir aceptación. En el extremo opuesto, la falta de contacto visual aparece como el signo más fuerte de no aceptación. A esto se suman otros factores clave: postura corporal relajada, tono de voz pausado, silencio respetuoso y tiempo disponible para el otro.
El rechazo no siempre grita: a veces se va
“El mayor impacto no lo genera tanto el acuerdo o desacuerdo con lo que se dice, sino si el otro siente que estamos ahí, presentes, disponibles, escuchando de verdad”, señaló Fantin. Desde esta perspectiva, aceptar es permanecer en el diálogo; su contrario se percibe a través de micro movimientos que expresan un claro “deseo de huida”.
El estudio identificó que el 50 % de los registros de aceptación se vinculan con la capacidad atencional, mientras que un 30 % se relaciona con el tiempo disponible durante la interacción. En cambio, el rechazo suele manifestarse mediante interrupciones, cuerpo inquieto, rigidez corporal, tono cortante, respuestas monosilábicas y falta de priorización del intercambio.
“Los feedbacks registrados permiten inferir que sentirse ignorado pesa más, como signo de rechazo, que el desacuerdo de ideas”, remarcó Fantin.
Una mirada filosófica sobre la aceptación
Desde el enfoque teórico, la investigación dialoga con la perspectiva de Emmanuel Levinas, para quien aceptar implica recibir a la persona en su totalidad, más allá de coincidir o no con sus ideas, en una dimensión afectiva, corporal y pre-cognitiva.
“La aceptación no es solo un acto racional. Es también afectiva, corporal, incluso espiritual. Y eso se refleja claramente en los resultados”, subrayó la investigadora.
Otro punto relevante es que las experiencias de aceptación o rechazo no se construyen a partir de un solo gesto aislado, sino por la combinación de múltiples señales interdependientes: miradas, silencios, tonos y tiempos que se entrelazan en cada intercambio.
La investigación no busca generalizar conclusiones, sino abrir nuevas preguntas: cómo se construye la aceptación en el diálogo, qué vínculo existe entre atención y acuerdo, y hasta qué punto estas percepciones dependen del contexto y de la subjetividad de cada persona.
En una época donde todo parece decirse rápido y sin pausa, el estudio deja una idea clara: sentirse aceptado no depende tanto de lo que se dice, sino de cómo se está. Y eso, muchas veces, se nota antes de que aparezcan las palabras.