El Rosedal de Palermo no es solamente una postal linda para caminar: es una colección viva de rosales, colores, perfumes y nombres propios. Durante julio, además, los vecinos podrán retirar esquejes gratuitos de la poda invernal para plantar en sus casas.
El Rosedal de Palermo es uno de esos lugares donde el barrio parece bajar un cambio. Entre el lago, los senderos, los puentes, los bancos y los canteros, crece una de las colecciones de rosas más queridas de Buenos Aires. Según la información oficial de la Ciudad, el jardín alberga 93 especies diferentes de rosas dentro de un diseño realizado por el paisajista y agrónomo Benito Carrasco.
En plena floración, entre septiembre y noviembre, el paseo se transforma en un espectáculo de color. Agencia Noticias Argentinas consignó que el Rosedal cuenta con aproximadamente 8.000 rosales y más de 18.000 flores en su momento de mayor esplendor.
No todas las rosas son iguales
A simple vista, uno ve “rosas”. Pero el Rosedal es bastante más fino que eso. Hay rosales de distintos portes, colores, formas de floración y perfumes. Algunas rosas aparecen en racimos, otras en flores grandes y solitarias. Algunas tienen aroma intenso; otras seducen más por el color que por el perfume. Hay rosales bajos, arbustivos, compactos, floribundos, híbridos de té y variedades pensadas para lucirse en canteros.
Ahí está la gracia del Rosedal: no es un jardín puesto al tuntún. Es una biblioteca vegetal. En vez de libros, pétalos. En vez de estantes, canteros.
La Sevillana: el rojo que se ve de lejos
Una de las variedades más conocidas del Rosedal es La Sevillana, famosa por su color rojo intenso, con tonos anaranjados. Es una rosa muy usada en jardines porque tiene presencia, resistencia y capacidad de florecer en cantidad. Se la clasifica como una rosa floribunda y también como rosal arbustivo de paisaje.
La Sevillana es de esas rosas que no piden permiso. Aparece y domina la escena. Tiene algo de vestido flamenco, de patio andaluz y de baldosa caliente al sol. No casualmente su nombre remite a Sevilla y al imaginario español.
Johan Strauss: una rosa con nombre de música
Otra variedad destacada es Johan Strauss, de tonos rosados y salmón, con matices amarillos suaves. Es una floribunda de aspecto romántico, con flores dobles y una fragancia leve que algunas fichas especializadas describen con notas de manzana y limón.
El nombre le queda perfecto: no es una rosa gritona, sino elegante. Tiene algo de vals, de paseo lento, de primavera antigua. En el Rosedal, estas variedades rosadas aportan una paleta más delicada, menos explosiva que los rojos, pero muy fotogénica.
Charles Aznavour: blanco, rosa y nostalgia francesa
La Charles Aznavour lleva el nombre del célebre cantante francés y es otra de las variedades más mencionadas entre las rosas del paseo. Se la describe como una floribunda de flores claras, blancas o casi blancas, con bordes rosados y floración abundante.
Es una rosa de aire sentimental, muy de canción vieja, de esas que parecen hechas para mirar sin apuro. En el conjunto del Rosedal, cumple un rol importante: suaviza la composición, ilumina los canteros y contrasta con las variedades rojas, amarillas y rosadas fuertes.
Frederic Mistral: perfume y rosa clásico
La Frederic Mistral es otra de las variedades señaladas entre las más comunes del Rosedal. Se trata de una rosa de tonalidad rosada suave, muy apreciada por su perfume. En catálogos especializados aparece como una rosa híbrida de té, con flores grandes, dobles y fragancia intensa.
Este tipo de rosa suele ser la que muchos imaginan cuando piensan en “la rosa clásica”: flor armada, pétalos generosos, tallo elegante y aroma marcado. En el Rosedal, estas variedades aportan ese toque de jardín tradicional, casi de postal europea, pero plantado en el corazón de Palermo.
Elina: la rosa amarilla clara
Entre los tonos más luminosos aparece Elina, una rosa amarillo claro o crema, clasificada como híbrida de té. Fue desarrollada por Patrick Dickson en el Reino Unido en la década de 1980 y es reconocida por sus flores grandes y delicadas.
La Elina funciona como una lámpara dentro del jardín. No tiene el dramatismo del rojo ni la nostalgia del rosa, pero aporta luz. En los canteros, las rosas amarillas son fundamentales porque abren la paleta y levantan visualmente el conjunto.
Las floribundas y los híbridos de té: dos familias para mirar mejor
En el Rosedal conviven distintos tipos de rosales. Las floribundas suelen dar muchas flores, muchas veces agrupadas en racimos. Son ideales para canteros porque generan volumen, color continuo y presencia colectiva. Ahí entran variedades como La Sevillana, Johan Strauss y Charles Aznavour.
Los híbridos de té, en cambio, suelen destacarse por flores más grandes, muchas veces solitarias, de forma elegante y tallos más largos. Son las rosas de exposición, de ramo, de perfume, de foto de cerca. Ahí aparecen variedades como Frederic Mistral y Elina.
Dicho sencillo: las floribundas hacen multitud; los híbridos de té hacen escena. Unas llenan el cantero, otras se paran como divas. Y el Rosedal necesita a las dos.
Por qué se podan las rosas
La poda invernal es clave para que el Rosedal vuelva a florecer fuerte en primavera. No se corta por cortar. Se eliminan ramas viejas, débiles, cruzadas o mal orientadas para rejuvenecer la planta, estimular nuevos brotes y favorecer una floración de mejor calidad. Agencia Noticias Argentinas informó que esta tarea se realiza cada invierno siguiendo criterios técnicos de mantenimiento.
La Real Academia Española define podar como cortar o quitar ramas superfluas para que la planta se desarrolle con más vigor. Traducido al idioma del vecino: se poda para que el rosal no gaste energía en lo que ya no sirve y pueda florecer mejor cuando llegue el buen tiempo.
Qué son los esquejes
Los esquejes son gajos o fragmentos de tallo que pueden plantarse para generar una nueva planta. En este caso, son partes de los rosales que se obtienen durante la poda. Con cuidados básicos, tierra adecuada, humedad controlada y paciencia, un esqueje puede echar raíces y convertirse en un nuevo rosal.
No hace falta tener una mansión con jardín francés. Una maceta, una lata limpia con agujeros abajo o un envase profundo pueden servir. Lo importante es que drene bien, que no se encharque y que el esqueje quede protegido del sol fuerte, del viento y de las heladas.
Cuándo retirar esquejes gratis en el Rosedal
Fechas: 6, 7 y 8 de julio, y del 13 al 17 de julio.
Horario: de 13 a 17 horas.
Lugar: Paseo del Rosedal, Infanta Isabel 900, Parque 3 de Febrero, Palermo.
Actividad: gratuita.
Importante: se suspende en caso de lluvia.
Durante las jornadas habrá voluntarios que explicarán cómo plantar los esquejes y darán recomendaciones para favorecer el crecimiento de los rosales.
Cómo plantar un esqueje en una maceta o latita
Para plantar un esqueje en casa conviene usar un recipiente con agujeros en la base. Se coloca tierra fértil, liviana y con buen drenaje. El tallo se entierra aproximadamente hasta la mitad, dejando algunas yemas hacia arriba. Después se riega sin inundar.
La maceta debe quedar en un sitio luminoso, pero sin sol directo fuerte durante los primeros días. La tierra tiene que mantenerse húmeda, no empapada. Y lo más importante: no andar tocando el esqueje cada cinco minutos para ver si “prendió”. La ansiedad mata más plantas que el invierno.
Un truco casero es cubrirlo con una botella plástica cortada, como un pequeño invernadero, dejando algo de aire para evitar hongos. Si todo va bien, con las semanas aparecerán brotes y, más adelante, raíces firmes.
Un pedacito del Rosedal en cada balcón
La entrega de esquejes convierte la poda en una tradición barrial. El Rosedal no se queda solamente en el Parque 3 de Febrero: viaja a balcones, terrazas, patios y veredas de Palermo. Un vecino se lleva un gajito y, con suerte, meses después aparece una rosa.
Eso tiene algo hermoso y antiguo. Antes de comprar todo hecho, las plantas se compartían así: de mano en mano, de casa en casa, de abuela a nieto, de vecino a vecino. Palermo, entre tanto cemento, todavía conserva esos gestos.