Las Cañitas: de cañaverales y corralones a polo de alta gama
En el corazón noreste de Palermo, entre avenidas arboladas y recuerdos militares, existe un enclave con nombre de leyenda: Las Cañitas. No es un barrio oficial, pero sí una marca registrada en la memoria de Buenos Aires. Desde su origen en los bajos anegados del arroyo Maldonado hasta su actual glamour gastronómico y residencial, Las Cañitas resume un siglo de transformaciones, donde conviven la historia, el turf, el ejército y la noche porteña.
El origen: cañas, carretas y quintas olvidadas
El nombre «Las Cañitas» remite a un tiempo en que los pastizales dominaban la escena. En los márgenes del arroyo Maldonado crecía cañaveral espeso y silvestre, junto a una quinta homónima que ocupaba las actuales avenidas Luis María Campos y Libertador. Al costado de esa quinta, un sendero de tierra –el «Camino de Las Cañitas»– marcaba la huella de las carretas que cruzaban hacia el río. Allí, dicen, había una pulpería famosa por despachar «una cañita» a los viajeros.
Con el tiempo, aquel camino polvoriento fue rebautizado en 1914 como Avenida Luis María Campos. Para entonces, ya había comenzado el loteo de las quintas y el asentamiento de instituciones militares, que definirían el carácter del barrio por varias décadas.
Caballerizas, polo y adoquines
A comienzos del siglo XX, el Estado nacional instaló en la zona complejos de monoblocks para personal de las Fuerzas Armadas, además del Campo Hípico Militar y otras dependencias como el Regimiento, la Escuela de Guerra y la Sastrería Militar. No tardaron en llegar los stud y los corralones de caballos. En 1928 se inauguró el Campo Argentino de Polo, consolidando a Las Cañitas como apéndice ecuestre del Hipódromo de Palermo.
Para 1937, la construcción de la Iglesia Santa Adela –donde antes se improvisaban canchas de fútbol y se instalaban circos como el legendario Sarrasani– fue señal de que el barrio comenzaba a tomar forma urbana. Las calles empedradas, las norias a caballo, los carros de mimbre y los lecheros que recorrían Maure, Arévalo o Báez componían una postal entrañable de época. Algunos vecinos aún recuerdan los tranvías 35 y 36 cruzando Cerviño y Libertador, y el boulevard de eucaliptos que refrescaba a los jinetes bajo el sol.
El esplendor de la vida tranquila
Durante los años ‘50 y ‘60, Las Cañitas fue refugio de la vida apacible. Las diagonales le daban resguardo del tránsito, los vecinos se conocían por nombre, y el ritmo era barrial. Se tomaba vermut en el Bar La Paloma, se compraba en la lechería La Vascongada o en el almacén de Don Manuel, y los martes y jueves se recorría la feria sobre el Boulevard Chenaut.
Aquella versión de Las Cañitas, tranquila y sin pretensiones, fue anterior al Palermo que hoy conocemos. Para algunos historiadores urbanos, incluso, Las Cañitas es más antigua como unidad sociourbana que el mismísimo Palermo Soho.
La noche se prende: boom de los ‘90
La década del ‘90 marcó un antes y un después. La calle Báez, hasta entonces anodina, se convirtió en epicentro de la vida nocturna con la apertura de pubs, boliches y parrillas. La gastronomía se convirtió en motor de desarrollo. La zona –delimitada por Dorrego, Libertador y Luis María Campos– comenzó a brillar con nombre propio.
El pequeño shopping Solar de la Abadía, ubicado en una antigua fábrica de hielo seco, fue pionero en instalar marcas de diseño y moda en medio del barrio. Las Cañitas ya no era solo polo, sino también sushi, cocina fusión, tragos y boutiques.
Cañitas hoy: alta gama con raíces
Hoy Las Cañitas es una de las zonas más cotizadas de la Ciudad. Sus edificios de alta gama miran al Campo Argentino de Polo y ofrecen amenities de lujo. La presencia de estudiantes extranjeros, profesionales jóvenes y artistas mediáticos convirtió al barrio en sinónimo de estilo de vida exclusivo. Y aunque la movida gastronómica emigró parcialmente hacia Palermo Soho y Hollywood, Las Cañitas se redefinió como barrio residencial premium.
Los nuevos desarrollos inmobiliarios ya no apuntan solo a departamentos de 1 y 2 ambientes. Se construyen unidades de 3 y 4 con amenities familiares, espacios verdes y servicios pensados para una vida más estable. El corredor Cañitas – La Imprenta (zona que toma su nombre por una antigua imprenta del Hipódromo) se consolidó como una microciudad dentro de la ciudad.
¿Palermo o Belgrano?
Durante años se debatió si Las Cañitas pertenecía a Palermo o Belgrano. La duda ya es anecdótica. El Hipódromo se llama “de Palermo”, y eso dice mucho. Las Cañitas, sin ser barrio legal, tiene más identidad que muchos barrios enteros. Nació del barro, creció con caballos, se empedró con historias mínimas y hoy se viste de gala sin olvidar del todo su alma corralonera.
¿Y vos? ¿Recordás alguna noche inolvidable en Las Cañitas o fuiste parte de su historia barrial?