Ubicada en la esquina de avenida Córdoba y Darwin, la Plaza Dr. Esteban Laureano Maradona se convirtió en un oasis para los vecinos que buscan un momento de tranquilidad entre el tránsito, el ferrocarril y el movimiento permanente de una de las zonas que más cambió en los últimos años.
A simple vista puede parecer un espacio verde más, pero esta pequeña plaza de la Comuna 14 guarda parte de la historia urbana de Buenos Aires. El terreno quedó como remanente de las grandes transformaciones que vivió el sector tras la desaparición del histórico Puente de la Reconquista y la construcción del Viaducto San Martín, obras que modificaron completamente la circulación y recuperaron espacios para uso público.
Hoy el lugar ofrece senderos, bancos, sectores con vegetación y amplios espacios abiertos que son aprovechados durante todo el día por vecinos que pasean a sus perros, personas que esperan el colectivo, trabajadores de la zona y quienes simplemente buscan hacer una pausa antes de continuar su recorrido.
Enfrente también se encuentra una plazoleta con grandes macetas y nuevas áreas parquizadas que forman parte de la renovación urbana del corredor de avenida Córdoba, generando una imagen completamente distinta a la que existía hace apenas algunos años.
Durante décadas, este sector fue uno de los puntos más complicados de la ciudad cada vez que llovía fuerte. La cercanía del arroyo Maldonado y la baja cota del terreno provocaban frecuentes inundaciones. Las obras hidráulicas y la posterior transformación ferroviaria modificaron profundamente el paisaje, devolviendo espacio al peatón y mejorando la circulación.
La plaza lleva el nombre del doctor Esteban Laureano Maradona, uno de los médicos rurales más queridos de la Argentina, reconocido por dedicar su vida a atender gratuitamente a poblaciones alejadas del país. La Legislatura porteña le otorgó oficialmente esa denominación mediante la Ley 2.384, sancionada en 2007.
Para quienes viven en Palermo, Villa Crespo o simplemente transitan por la zona, este pequeño rincón verde demuestra que incluso entre avenidas, vías ferroviarias y grandes obras de infraestructura todavía hay lugar para detenerse unos minutos, sacar a pasear al perro, tomar aire y disfrutar de un espacio que recuperó la ciudad para sus vecinos.