Entre el fulgor de las torres vidriadas y la oleada de PHs reciclados con alma de coworking, en el corazón de Palermo todavía subsiste un puñado de edificios que no gritan modernidad, pero susurran historia. Uno de ellos, “La Colorada”, es un manifiesto de ladrillo inglés que sobrevive con dignidad entre avenidas, cafés de moda y departamentos boutique.
Ubicado en la intersección de Cabello y República Árabe Siria, este edificio inaugurado en 1911 por el arquitecto e ingeniero británico Regis Pigeon es más que un vestigio: es una declaración estética que refleja una era, una clase y un modo de habitar Buenos Aires que aún no se ha extinguido del todo.
El estilo inglés que llegó en barco
“La Colorada” es un caso paradigmático de arquitectura inglesa industrial aplicada al ámbito residencial urbano. Pigeon, que venía del mundo ferroviario, decidió construir un edificio al estilo londinense: robusto, austero, eficiente y elegante.
- Fachada de ladrillo visto rojo, sin revoque, como se estilaba en la Inglaterra victoriana.
- Estructura de hierro importado desde Reino Unido, igual que los herrajes, puertas, ventanas, barandas y hasta los zócalos.
- Un ascensor Roux-Combaluzier, igual al que usaron en la Torre Eiffel, aún funciona como testigo mecánico del pasado.
El edificio se organizó con planta baja, subsuelo y cuatro pisos de viviendas para empleados jerárquicos del Ferrocarril Central Argentino, otro dato que marca la huella británica en la infraestructura de la ciudad.
El barrio como escenario: Palermo entre rieles y jardines
A comienzos del siglo XX, Palermo era aún una zona semi-rural, con quintas, villas y una incipiente urbanización alrededor de los parques diseñados por Carlos Thays. La cercanía con los rieles del ferrocarril y el crecimiento del Jardín Zoológico, el Botánico y la Rural dieron lugar a un nuevo tipo de edificación: sólida, burguesa, con espíritu europeo pero con alma porteña.
La arquitectura inglesa vino a sentar las bases de ese Palermo elegante y funcional, muy distinto al Palermo “Soho” o “Hollywood” de hoy. La Colorada no fue la única. También sobreviven algunos chalets con bow windows, rejas de fundición y jardines al frente sobre calles como Lafinur, Ugarteche o Seguí.
Funcionalismo antes del modernismo
Este tipo de arquitectura no es monumental ni ornamentada como la francesa del Barrio Norte o la italiana de Almagro. Es funcional, pensada para durar, para iluminar sin derrochar, para ventilar sin ventiladores, para habitar sin ostentación.
El diseño de La Colorada incluye:
- Un hall central con lucarna para distribuir la luz natural.
- Ambientes conectados por pasillos internos sin desperdicio de metros.
- Materiales nobles y duraderos: pinotea, hierro forjado, mármol y bronce.
Su belleza radica en lo que no necesita mostrar: es una estética de la sobriedad y el orden. Un lujo que no grita.
Protección patrimonial y presente activo
Desde 1990 el edificio está protegido por ley como bien patrimonial. En 2007 se le otorgó protección estructural. Hoy conviven en sus interiores un puñado de viviendas con estudios de arquitectura, diseño, arte y moda. Se ha convertido en un emblema de la resistencia estética, en medio de una zona que cambia fachada cada año.
Es uno de los edificios más fotografiados de Palermo, aunque pocos conocen su historia. Apareció en películas como El vampiro negro o Apartment Zero, y su interior conserva esa mezcla entre misterio inglés y calidez criolla que seduce a cualquier visitante atento.
¿Qué representa “La Colorada” en el Palermo actual?
Es un recordatorio. Un pedazo de la ciudad que no se entrega al olvido ni a la especulación. Una lección de diseño honesto, que nos invita a pensar si no hemos perdido algo en la carrera por lo nuevo.
¿Qué pasaría si los edificios dejaran de ser producto de inversión y volvieran a ser producto de un pensamiento arquitectónico? ¿Cuántas “Coloradas” se habrán demolido sin darnos cuenta? ¿Y cuántas quedan por redescubrir?