La Calesita de Pedrito en Plaza Las Heras.

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El calesitero de alma, ese que realmente queire ver la sonrisa en los chicos (y en los grandes). Siempre con buena onda y predisposición, atento a que dentro de lo posible, todos saquen la sortija alguna vez.Los objetos de la cale son algo viejitos pero bien cuidados; guardan sueños e ilusiones de algunos que ya estamos grandes, y llevamos a nuestros hijos para que construyan los propios.Tradicional calesita de Palermo, ubicada en el parque Las Heras (recientemente remodelado) Es muy recomendable para hacer un paseo económico con chicos. La calesita es grande (tiene 2 pisos) con gran variedad de autos, camiones, etc para dar la vuelta.La higiene y el mantenimiento de los juegos son el punto a mejorar.

Las calesitas en Buenos Aires han tenido un gran auge durante gran parte del siglo XX. Actualmente existen calesitas en la gran mayoría de los barrios de la Ciudad de Buenos Aires habiendo un selecto grupo de más de 50 en funcionamiento, ​ estando la mayoría instaladas en plazas y parques en la gran mayoría de los barrios de la ciudad.

En Argentina es usual que la persona que opera la calesita el calesitero , se pare próximo a ella con una bocha de madera que posee insertada una clavija metálica removible que se llama sortija. El calesitero revuelve con una mano la bocha mientras la calesita da vueltas y los niños extienden sus manos intentando tomar la sortija, aquel que logra tomarla se gana la próxima vuelta gratis.

La primera calesita argentina se instaló entre 1867 y 1870 en el barrio del Parque, que quedaba entre lo que hoy es el Teatro Colón y el Palacio de Tribunales (Plaza Lavalle). Con el tiempo, la calesita se convirtió en un juego mágico para los chicos que visitaban las plazas de la Ciudad. Alrededor de vueltas y vueltas y trepados a la montura de un caballo de juguete, los niños siempre soñaron llevarse ese anhelado trofeo llamado “sortija”, un instrumento metálico obtenido por el más hábil que les permitía nuevamente disfrutar de un paseo circular. Actualmente, ese juego tradicional sigue vivo y se fortaleció gracias a la transmisión cultural de las distintas generaciones que encuentran en la calesita un espacio donde los chicos pueden jugar con su imaginación sumergida en un maravilloso mundo giratorio.

Buscando refrescar la memoria y la emoción de quienes crecieron jugando en la calesita y apelando a quienes desean investigar el tema, el libro Calesitas de valor patrimonial de Buenos Aires es un valioso aporte gráfico que establece un recorrido histórico por las 52 calesitas instaladas en distintos espacios públicos porteños, acompañado en cada caso por fotografías que ilustran el paso del tiempo y los recuerdos de la infancia. El libro, editado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad, será presentado el martes 25 de abril a las 16 horas en la Sala Sarmiento, en el marco de la Feria Internacional del Libro 2006. “Nuestro objetivo es ampliar los límites de aquello que se considera patrimonio cultural, arraigando el concepto en la comunidad y acercándolo a la vida cotidiana de la gente”, comenta la ministra de Cultura de la Ciudad, Silvia Fajre, al explicar el marco de una publicación de estas características. “Después de leer esta valiosa publicación sobre las calesitas porteñas, debería quedar claro que patrimonio no es solamente un edificio histórico o un mármol ilustre sino que también lo son los objetos, lugares y puntos de encuentro y disfrute que nos marcaron desde nuestra primera infancia”, puntualiza la arquitecta Fajre. “Hombres fundadores de calesitas, sitios de esparcimiento, espacios visitados por niños: todos confluyen en estas páginas que contienen un conjunto de saberes de interés para investigadores y público”.

La primera parte del libro contiene un estudio acerca de las calesitas en el mundo y sobre la etimología de la palabra. Luego va describiendo el desarrollo de este mágico disco giratorio para detenerse en la historia de la calesita en Argentina (los hermanos Sequalino crearon la primera gran fábrica nacional) y su irrupción en Buenos Aires. El libro también dedica un espacio a “las calesitas que ya no están”. Posteriormente, hay un racconto pormenorizado de las calesitas actuales barrio por barrio, con la historia, emplazamiento y descripción física de cada una de ellas. Como, por caso, la que adorna la Plaza Almagro desde 1962 con sus caballos de madera; la instalada en la Plaza 1º de Mayo por un portugués que, incluso la utilizaba para dormir; la de la Estación Belgrano R, visitada habitualmente por León Gieco junto con su hija y nieta; la calesita “José” de la Plaza Irlanda que incendiaron en 1986 y que fue reconstruida, o la calesita de dos pisos del Jardín Zoológico, entre otras.









Al respecto, la subsecretaria de Patrimonio Cultural, Nani Arias Incollá, subrayó a Cultura BA: “Entendemos que las calesitas forman parte de nuestro patrimonio cultural, del más entrañable, de aquél que nos remite a la primera infancia, a la plaza del barrio; en compañía de mamá o del abuelo; como la Aristóbulo del Valle en Villa del Parque, la Martín Fierro en San Cristóbal, o la Irlanda en Caballito. Nos remite, de alguna manera, a la felicidad. Son parte de lo que podría categorizarse como patrimonio inmaterial, pues más allá del objeto en sí, que puede ser muy valioso, pesa la costumbre, el hábito de ‘ir a la calesita’, es el hecho que involucra tantos sentimientos, tanta alegría, que si lo transferimos a nuestros hijos y a nuestros nietos nos sobrevivirá”.

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