Hornean un pan siguiendo una receta de 3.000 años: qué sabor tenía la Mesopotamia antigua
Un equipo de la Universidad de Batman (Turquía) recreó un pan de cebada con miel utilizando instrucciones grabadas en tablillas cuneiformes. La receta, escrita hace tres milenios, revela cómo se alimentaban los pueblos que marcaron el inicio de la civilización.
Un viaje gastronómico a la raíz misma de la historia
Cuando uno piensa en cocina ancestral, suele imaginar fogones humeantes, ritos de cosecha y alguna abuela milenaria amasando a la luz del día. Pero esta vez la posta no la da el folclore, sino la arqueología: investigadores turcos hornearon un pan tal como se hacía en la antigua Mesopotamia, siguiendo una receta grabada hace 3.000 años en tablillas cuneiformes.
El estudio, difundido por la agencia Anadolu, contó con el trabajo de especialistas de la Universidad de Batman, quienes decidieron llevar al horno una pieza gastronómica que se menciona una y otra vez en los textos del III Período Ur (siglo XXI a. C.): el pan de cebada con miel.
¿Cómo era la receta más antigua del mundo?
Las tablillas dejaban poco margen para la improvisación. Allí se detallaba que el pan debía prepararse sobre una piedra caliente, una técnica que en la Argentina todavía se ve en panes rústicos y tortas fritas de campo.
El texto traducido describe cuatro ingredientes claros y contundentes:
- 2 tazas de harina de cebada
- 1 taza de agua tibia
- 2 cucharadas de miel
- 1 cucharada de sal marina
La masa se mezclaba hasta formar un bollo firme, se dejaba reposar y luego se colocaba sobre la piedra ardiente, sin moldes, sin hornos modernos, sin levadura. Puro origen. Los investigadores explicaron que hicieron múltiples pruebas hasta dar con la textura adecuada, un punto entre pan rústico y galleta energética.
¿Para qué se usaba este pan?
Según las tablillas del III Período Ur, este pan de cebada formaba parte de las raciones diarias distribuidas a trabajadores, artesanos y funcionarios. Pero también tenía un costado simbólico: algunos textos rituales lo mencionan como ofrenda o alimento consagrado, entregado a los dioses en ceremonias colectivas.
La diversidad era enorme: Mesopotamia clasificó más de una docena de variedades de pan, algunas condimentadas, otras fermentadas, y otras —como esta— preparadas con la simpleza de un mundo que recién estaba aprendiendo a escribir.
Un experimento que emocionó a los científicos
“Estamos encantados de presenciar el viaje de la humanidad”, dijo el profesor İlker Aksoy. Para los investigadores, recrear aquella receta fue un puente directo hacia quienes vivieron, trabajaron y comieron en esas tierras donde nació la agricultura hace 12.000 años.
Revivir ese sabor fue, para ellos, una forma de entender la vida cotidiana de las primeras ciudades del planeta. No es poca cosa: un pan puede contar más historia que una biblioteca entera.
¿A qué sabría hoy ese pan en Palermo?
Si lo pensás un minuto, la receta no está tan lejos de algunos clásicos porteños: la combinación de cereal rústico, sal y un toque de dulzor recuerda al pan de campo, a la masa madre más básica, incluso a ciertas preparaciones de panadería armenia o siria que se siguen horneando en los barrios de Buenos Aires.
¿Será momento de que algún bodegón palermitano reviva esta tradición y la meta en la carta?