El español que vino a “enseñarnos” pizza y terminó mostrando que no sabe ni amasar un ranking
En Buenos Aires somos amables, sí. Pero tampoco somos zonzos. Si alguien viene a hablarnos de pizza porteña sin haberla vivido de verdad, se nota. Y en este caso, se notó demasiado. El español que armó un ranking de pizzerías porteñas dejó en claro algo muy simple: no entiende la cancha, no entiende la historia y no entiende la masa.
Porque para evaluar pizza en Buenos Aires hay que tener calle, barrio y mandíbula entrenada. No alcanza con un par de videos en TikTok y un paladar educado en pizzas flaquitas que parecen hostias. Acá la pizza es otra cosa: es peso, es carácter, es identidad. Es como opinar sobre tango después de ver dos minutos de Bailando por un Sueño.
El problema no es que opinó: es que opinó sin saber
El flaco vino, probó dos o tres lugares (con suerte), evitó los templos verdaderos, y se animó a tirar un ranking que dejó afuera a La Mezzetta, El Cuartito, Las Cuartetas, Banchero, El Imperio, y medio firmamento pizzero porteño. Básicamente, opinó como quien entra tarde a una charla y quiere acaparar la mesa sin haber escuchado nada.
Y ojo: nadie discute su derecho a opinar. Lo que discutimos es que su opinión no tiene fundamentos, no tiene recorrido y no tiene idea del peso cultural de la pizza en Buenos Aires. Es como venir a definir qué es un buen asado sin distinguir entre vacío y tapa de asado.
La pizza porteña no se aprende: se padece, se festeja y se milita
La pizza de Buenos Aires tiene un ritual que este muchacho no transitó. No esperó parado en la vereda un viernes de lluvia, no se quemó la boca con muzza hirviendo, no se peleó por la última porción de fugazzeta, no probó la fainá doblada y no entendió que la pizza porteña no es un almuerzo, es una ceremonia.
Entonces, ¿qué ranking va a hacer alguien que no conoce ni el lenguaje?
Lo desautorizamos con cariño, pero con firmeza
El español no es malo, ni tiene mala intención. Simplemente no sabe. Y como no sabe, no puede rankear. Para eso hace falta barrio, memoria y un amor profundo por las pizzerías donde el horno es más viejo que muchos edificios.
Porteños somos generosos: invitamos, acompañamos y enseñamos. Pero no aceptamos que cualquiera venga a repartir medallas sin haber pasado por la escuela.
La próxima que quiera opinar, que arranque por Villa Ortúzar, siga por Talcahuano, haga una peregrinación por Chacarita y se gane, con esfuerzo, derecho a decir algo más que “me gustó” o “no me gustó”.
Mientras tanto, este ranking queda anulado por falta de conocimiento. Y por bruto, dicho con todo respeto.
¿Cuál es tu lista verdadera? Te leo.