Tiempo de lectura: 7 minutos | Palermotour Noticias – Comuna 14
Palermo no siempre fue el universo de cafés, murales y diseño trendy que conocemos hoy. Hubo una época en que este pedazo de Buenos Aires era un territorio de quintas, obreros y sueños de modernidad, bajo nombres que hoy suenan olvidados: Villa Alvear y la Ciudad de los Obreros.
Esta crónica recorre los orígenes menos marketineros y más profundos de nuestro barrio más vasto.
El Palermo de Borges: límites, mitos y nostalgias
Jorge Luis Borges —vecino, testigo y poeta de Palermo— lo definía como un barrio limitado por las avenidas Córdoba, Godoy Cruz, Charcas y Julián Álvarez. En ese mapa sentimental distinguía dos zonas:
- Entre Dorrego y el Arroyo Maldonado: el territorio de la antigua quinta Bollini.
- Más allá del Maldonado, hasta Scalabrini Ortiz: el núcleo de la Villa Alvear, cuyo corazón era la actual placita Serrano (esquina de Honduras).
Este Palermo original tenía más que ver con el campo que con la ciudad. Era, en palabras de Borges, «una manzana entera en mitad del campo, expuesta a las auroras y las sudestadas».
Villa Alvear: sueño urbano de 1888
En 1888, bajo la intendencia de Torcuato de Alvear, el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo diseñó Villa Alvear a pedido del Banco Inmobiliario (presidido por Antonio Devoto).
El proyecto ocupaba un rectángulo de 14 cuadras de largo por 7 de ancho, limitado por las avenidas Santa Fe, Canning (hoy Scalabrini Ortiz), Córdoba y Godoy Cruz.
Se planeó dividir la zona en plazoletas (como Honduras y Serrano) y pasajes peatonales, en un intento temprano de dar vida comunitaria a una ciudad en expansión. Era una superficie de aproximadamente 100 cuadras, pensada para trabajadores: de ahí el nombre inicial, “Ciudad de los Obreros”.
Sin embargo, el nombre «Villa Alvear» terminó imponiéndose… hasta que décadas más tarde, esa identidad se diluyó en el Palermo Viejo que hoy todos conocemos.
El Caserón de Rosas y el «Aromo del Perdón»
En pleno Palermo se encontraba uno de los emblemas más fuertes de la historia argentina: el caserón de Juan Manuel de Rosas, demolido en 1899. La casa, de estilo colonial, estaba orientada al río de la Plata y también al oeste, donde vivía Manuelita Rosas.
La leyenda cuenta que, bajo la sombra de un aromo en la propiedad —conocido como el Aromo del Perdón—, Manuelita intercedía para que su padre mostrara clemencia con los sentenciados.
Ese árbol histórico fue preservado, y en 1974 se oficializó su protección. Actualmente, su descendiente sigue en pie detrás del monumento a Sarmiento (obra de Auguste Rodin), en la intersección de Av. del Libertador y Av. Sarmiento.
El inglés William MacCann, en una carta de 1848, relataba que Manuelita era la intermediaria obligada para quienes buscaban el perdón de Rosas, comparándola a Josefina de Beauharnais frente a Napoleón.
Monumentos polémicos: Sarmiento y el «Monumento a los Españoles»
El Monumento a Sarmiento, inaugurado en 1900, provocó escándalo. La obra de Rodin fue considerada “demasiado moderna” para la sensibilidad porteña de la época.
A pocos metros, en Plaza Italia, se encuentra el Monumento a la Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas —mal llamado «Monumento a los Españoles»—, regalo de la colectividad española por el Centenario de 1810.
Una obra que sufrió accidentes, cambios de escultores y demoras infinitas hasta su inauguración definitiva en 1927.
Muelle del Centro: origen del comercio porteño
Aunque Palermo parecía alejado del puerto, Buenos Aires no puede pensarse sin su relación con el río.
Durante siglos, los buques no podían acercarse a la costa por los bancos de arena. Los pasajeros y mercancías debían hacer un periplo épico: del barco a chalupas, de las chalupas a carretas, todo para evitar hundirse en el barro.
Recién en 1855, tras la caída de Rosas, se inauguró el Muelle de Pasajeros proyectado por el arquitecto Eduardo Taylor: una estructura de 210 metros de largo, construida en madera sobre el Bajo de La Merced (actual Av. Perón y Mitre).
Este muelle fue vital para Buenos Aires, conectando el incipiente comercio y la inmigración con el centro urbano. Su diseño innovador preveía hasta la curvatura para resistir sudestadas, un lujo de ingeniería en su tiempo.
Palermo hoy: ¿cuántos Palermos existen?
En la actualidad, el barrio de Palermo se ha fragmentado en decenas de «sub-barrios» —Palermo Soho, Palermo Hollywood, Palermo Chico, Palermo Botánico, Palermo Queen, Palermo Freudiano (¡?)— en una operación de marketing urbano tan moderna como discutible.
Villa Alvear, la Ciudad de los Obreros, la quinta Bollini, el caserón de Rosas, el Aromo del Perdón… son recuerdos de una Buenos Aires que creció a fuerza de esfuerzo, de sueños colectivos y de batallas culturales.
Una memoria que, si no cuidamos, podría quedar sepultada bajo hashtags de moda y alquileres turísticos.