Cientos de personas disfrutaron el eclipse de sol anular en el Observatorio del Parque Centenario

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Cientos de personas hicieron cola desde las primeras horas del día en la Asociación Argentina de Amigos de la Astronomía (AAAA) del barrio porteño de Caballito para contemplar desde sus telescopios el eclipse solar parcial, que en Buenos Aires se produjo entre las 9.31 y las 12.23, registrando su punto máximo a las 10.53.

Una de las personas que aguardaba ya en las escaleras de la cúpula para acceder a la privilegiada zona del histórico telescopio «Gautier» fue Mariana Labonia, de 17 años, quien convenció a dos de sus amigas para que la acompañaran.

«Desde chiquita soy fan de la astronomía, tuve la oportunidad de ver varios eclipses lunares y quería ver uno solar. Ahora se dio la posibilidad y me pareció genial».

Las chicas no cedieron a la tentación de verlo desde casa y con el aire acondicionado, porque «la experiencia de primera mano y con un telescopio es totalmente distinta».

«A mí me dijeron: ‘Si de la tele lo ves bien’, pero nada que ver, y además hay que esperar bastante hasta que ocurra otro», afirmó.

Entre las personas que aguardaban acurrucándose en cualquier pequeña veta de sombra y munidas de cámaras fotográficas, gorros y botellitas de agua mineral en la casona, también estaba la pequeña María, de apenas 5 años.

«Ella siempre quiere ver las estrellas y hablar de los planetas, entonces aprovechamos a venir. Siempre está con que quiere ver por el telescopio. Así que aquí estamos», contó su mamá.

Sobre las 11, cuando el eclipse ya había tocado su punto máximo, unas 250 personas habían pagado los 40 pesos requeridos para acceder al telescopio principal, y una cantidad similar esperaba para hacerlo.

En tanto, quienes no quisieron pagar esa entrada o hacer la larga fila que aguardaba por el Gautier, pudieron observarlo de manera «doblemente indirecta» a través de dos telescopios portátiles instalados en el jardín de la institución, que no podían usarse para mirar el fenómeno desde el visor sino a través del reflejo de la imagen enfocada en un filtro, convenientemente sostenido por voluntarios.

A la misma hora, el director del Observatorio, Alejandro Blain, permanecía en el penúltimo piso de la asociación junto a otro telescopio provisto de una cámara en un extremo que tomaba una foto por minuto de lo que ocurría al disco solar, mientras una computadora iba almacenando los datos registrados.

«Después vas midiendo la distancia entre los dos cuernitos del eclipse y graficando cómo crecen o se achican en función del tiempo. Con un poco de matemática, podemos calcular cuál fue el máximo del eclipse, cuándo empezó y terminó a partir de la actividad observacional o experimental», dijo.

El astrónomo le quitó trascendencia al eclipse parcial de sol, que alcanzó su mayor porcentaje de ocultamiento en Chubut, en el sur del país, porque «no pasa nada, parece un día común y corriente», y destacó que en cambio un eclipse solar total «es un fenómeno espectacular».

«El eclipse anular se da en una estrecha franja (en el sur de Chubut); y en el resto, en una franja mucho más ancha de miles de kilómetros, es sólo parcial. Pero lo que vale la pena ir a ver son los (eclipses) totales, que es cuando se hace de noche en pleno día», dijo.

Agregó que hay «hasta siete fenómenos similares al año, aunque para verlos a veces hay que viajar a distintas partes del mundo».

El último eclipse solar total que se vio en la Argentina ocurrió el 11 de julio de 2010 y pudo ser contemplado en su totalidad sólo desde la Patagonia.

En Buenos Aires, en tanto, habrá que esperar hasta el 8 de enero de 2.103 para ver el próximo.