Madrugada peligrosa en una curva que ya es un clásico problema de Palermo
Una escena que se repite más de lo que debería. Todavía de noche, con la ciudad a medio despertar y el Río de la Plata respirando al costado, un auto terminó dado vuelta sobre la Avenida Cantilo, a la altura de La Pampa, en pleno corazón del corredor que conecta Palermo con la Costanera.
El hecho ocurrió en la madrugada de este lunes 6 de abril, cuando un vehículo que circulaba en dirección norte perdió el control, impactó y volcó. El conductor fue asistido por personal del SAME y trasladado al Hospital Pirovano, mientras bomberos y una grúa trabajaron durante varios minutos para remover el auto y liberar la traza.
Hasta ahí, una noticia policial más. Pero no. Porque en ese punto exacto de la ciudad, la historia se repite. Y no es casualidad.
Cantilo: la autopista que nunca quiso ser autopista
La Avenida Leopoldo Lugones —más conocida por los vecinos como Cantilo en ese tramo— es una arteria clave de Buenos Aires. Corre paralela al río, conecta el norte con el centro y funciona como una vía rápida… aunque en muchos tramos no está diseñada como tal.
Su origen está ligado al crecimiento de la ciudad hacia el río, a mediados del siglo XX, cuando Buenos Aires decidió expandirse con avenidas costeras que permitieran mayor circulación vehicular. Con el tiempo, lo que era una vía relativamente fluida se transformó en un híbrido: ni autopista, ni avenida urbana clásica.
Hoy conviven ahí autos a alta velocidad, accesos mal resueltos y entradas que parecen pensadas para otro tipo de tránsito.
La subida desde Sarmiento: una trampa urbana
El punto donde ocurrió el vuelco no es cualquier punto. Es la subida desde Avenida Sarmiento hacia Cantilo, una conexión que muchos conductores usan para incorporarse rápido… demasiado rápido.
El problema es estructural:
- La curva de acceso es cerrada y con visibilidad limitada.
- La señalización es insuficiente o poco clara, sobre todo de noche.
- No hay una desaceleración progresiva bien marcada.
- Y, como siempre, el factor humano: autos que vienen con impulso desde Sarmiento y se mandan a una traza donde la velocidad promedio es mucho más alta.
Ahí pasa algo muy simple y muy peligroso: el conductor entra confiado, acelera para “subirse” a Cantilo… y cuando se da cuenta, la curva ya lo superó.
Y el margen de error es cero.
Palermo y sus contradicciones viales
Palermo es el barrio más activo de la ciudad. Parques, eventos, gastronomía, turismo, tránsito constante. Pero también es un territorio lleno de tensiones urbanas: calles tranquilas que desembocan en avenidas rápidas, accesos improvisados, señalización que quedó vieja frente a una ciudad que cambió.
Cantilo es el mejor ejemplo de eso. Un corredor que debería ser seguro, pero que en varios puntos funciona como una ruleta.
Los vecinos lo saben. Los conductores habituales también. Incluso los servicios de emergencia ya lo tienen mapeado.
Cuando el problema no es el conductor
Siempre es fácil decir que “venía rápido”. Y muchas veces es cierto. Pero también hay que decir lo que nadie quiere terminar de asumir: hay trazas mal diseñadas o mal adaptadas a la realidad actual.
La subida desde Sarmiento a Cantilo no está a la altura del flujo que maneja. No tiene la señalización preventiva que debería. No obliga al conductor a reducir la velocidad. Y eso, en ingeniería vial, es una invitación al accidente.
Una curva que pide a gritos una solución
El vuelco de esta madrugada no es un hecho aislado. Es parte de una secuencia. De un patrón.
Y en estos casos, cuando el mismo tipo de accidente se repite en el mismo lugar, la discusión deja de ser casualidad y pasa a ser responsabilidad.
Señalización más clara. Reducción de velocidad obligatoria. Mejor diseño del acceso. Iluminación adecuada.
No es tan complejo. Pero hay que hacerlo.
Palermo, otra vez en alerta
Mientras el auto era retirado y la circulación volvía lentamente a la normalidad, quedó flotando esa sensación incómoda: la de saber que esto puede volver a pasar mañana.
Porque la ciudad sigue igual.
La curva sigue ahí.
Y la velocidad… también.
La pregunta es simple, casi incómoda: ¿cuántos vuelcos más hacen falta para que alguien decida corregir lo que ya está mal hace años?