CABA: baja la pobreza, pero crece el hambre en los hogares más vulnerables
En la Ciudad de Buenos Aires se está dibujando una escena incómoda, casi contradictoria: mientras las estadísticas oficiales muestran una baja interanual de la pobreza, cada vez más familias no logran cubrir algo tan básico como la comida.
El dato no es menor. Según el informe del Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, correspondiente al último trimestre de 2025, el 28,5% de los hogares pobres no alcanza a costear la canasta básica alimentaria. Traducido a la calle: casi 3 de cada 10 familias que ya son pobres, además, pasan hambre.
Menos pobres… pero más apretados
Los números fríos dicen que la pobreza bajó respecto al mismo período de 2024. Hoy afecta al 21,1% de las personas en la Ciudad (unas 652.000). Sin embargo, ese alivio estadístico se mezcla con una realidad más áspera: en comparación con el trimestre anterior, hay 118.000 personas más en situación de pobreza.
Es como si la economía caminara con una pierna más larga que la otra.
El informe señala que los ingresos crecieron por encima de los precios en términos interanuales, lo que explica la baja. Pero en el corto plazo, la presión sigue: la comida sube, el alquiler aprieta y el margen desaparece.
La línea roja: la comida
El dato más crudo del informe es este: la indigencia —el nivel más extremo— alcanza al 6,8% de las personas en la Ciudad (210.000 porteños). Y dentro de ese universo, la situación empeoró.
Cada vez más hogares caen en una paradoja brutal: tienen ingresos, pero no suficientes para comer bien.
En términos concretos, el ingreso promedio per cápita de los hogares indigentes es de apenas $107.199. En los hogares pobres no indigentes, sube a $325.098. Aun así, no alcanza.
Para salir de la pobreza, un hogar necesitaría en promedio $392.662 adicionales. Esa brecha representa el 34,4% de la canasta básica total. Un abismo.
El mapa desigual de la Ciudad
La pobreza no golpea igual en todos lados.
En la zona sur de la Ciudad —históricamente relegada— alcanza al 25,3% de los hogares. En los hogares con chicos menores de 14 años, sube al 28,6%. Y entre niños, niñas y adolescentes, el número es todavía más duro: el 34,5% vive en condiciones de pobreza.
Uno de cada tres.
Ahí no hay relato que aguante.
La otra cara: crecen los sectores acomodados
Mientras tanto, del otro lado de la vereda, también pasan cosas.
Los sectores medios representan el 52% de los hogares porteños y siguen siendo mayoría. Pero lo más llamativo es el crecimiento de los sectores acomodados, que ya alcanzan al 15,3% de los hogares.
Es decir: la Ciudad no solo se empobrece en algunos segmentos, también se enriquece en otros.
La famosa grieta… pero en el bolsillo.
Palermo, el contraste permanente
Para quien camina Palermo un domingo, la escena puede engañar: cafés llenos, ferias, bicicletas, turismo. Pero a pocas cuadras, la realidad cambia.
La Ciudad de Buenos Aires es eso: una superposición de mundos. Donde conviven el brunch y la olla popular, el coworking y el rebusque.
Y en ese contraste, los números del IDECBA dejan de ser estadísticas para volverse vida cotidiana.
¿Qué está pasando en el fondo?
Lo que muestran estos datos es algo más profundo que una simple suba o baja de la pobreza.
Es un cambio en la calidad de vida.
Hay hogares que técnicamente salen de la pobreza, pero siguen al límite. Otros que entran y salen como en una puerta giratoria. Y muchos que, aun trabajando, no logran sostener lo básico.
El problema ya no es solo cuánto se gana.
Es cuánto alcanza.
La Ciudad sigue mostrando señales mixtas: mejora en algunos indicadores, deterioro en otros. Una economía que ordena números, pero todavía no ordena la vida.
La pregunta queda flotando, incómoda, sin maquillaje:
¿Se puede hablar de recuperación cuando cada vez más familias no llegan a llenar la heladera?