Banderas por la Solano Lima

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Los grandes partidos políticos de la República han defendido y reivindicado -en distintos momentos de nuestra historia- banderas que, con el transcurso del tiempo, se convirtieron en objetivos nacionales.

Quién podría negarle hoy al socialismo su aporte a la concreción de la igualdad. Qué decir del radicalismo y su lucha a favor del sufragio libre, universal y obligatorio, o de la incorporación de las clases medias en las decisiones democráticas. Otro tanto hay que hacer con el legado ético de la democracia progresista y los derechos humanos del liberalismo. O con la integración social y el crecimiento económico progresivo del desarrollismo. Y con la dignificación de los trabajadores, la participación de la mujer, el acendrado respeto por la unidad nacional y la soberanía política de parte del justicialismo…

Es decir, que esas banderas -devenidas en objetivos nacionales- no tienen dueños partidistas ni exclusivos. Son patrimonio político de las fuerzas federales, republicanas y democráticas de la Argentina. Invocarlas, reivindicarlas y tenerlas en cuenta -a la hora de diseñar políticas de Estado- no debería ofender a nadie.

Sin embargo, en pleno siglo XXI existen dirigentes, por ejemplo, que pretenden ser dueños absolutos de las banderas justicialistas, ignorando que ellas son objetivos nacionales. Semejante escándalo manifiesta un síntoma decadente de la vieja política. Aquella que confunde el decir con el hacer. La que subestima la inteligencia del pueblo creyendo que con un escudo y una marcha partidaria deciden resultados electorales. O la que hace de la descalificación un método y de la mediocridad un sistema de dominación partidaria.

El peronismo oficial -que mantiene al Partido Justicialista encarcelado y degradado por el gobierno de turno- ha salido furioso a desautorizar a Mauricio Macri porque dijo que reivindica ciento por ciento las banderas del justicialismo. ¿Dónde quedó aquello de que «para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino»? ¿Los corifeos populistas olvidaron el abrazo de Perón con Balbín? ¿La mezquindad les hace negar que «la unidad es superior al conflicto»?

La vulgaridad del peronismo oficial anticipa la derrota que le espera en octubre. Las mayorías populares sabrán expresar su veredicto en las urnas. Y un nuevo liderazgo -en sintonía con las necesidades y desafíos de la época- sabrá interpretar la República para la justicia social.

Ha llegado el futuro con Mauricio Macri y le damos la bienvenida.

DEMIÁN ABBOTT – JOSÉ «CHAVO» RAMELLO

LA SOLANO LIMA