Alarmas desde un crucero en el sur del mundo
Un brote en altamar reavivó recuerdos incómodos de la pandemia
Un brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius volvió a poner sobre la mesa un miedo que parecía archivado junto a los barbijos y las cuarentenas. La noticia recorrió laboratorios, hospitales y oficinas sanitarias de distintos países luego de confirmarse que el virus involucrado sería el denominado hantavirus Andes, una variante identificada en Argentina con una particularidad que inquieta a epidemiólogos desde hace décadas: la posibilidad de transmisión interpersonal aérea.
La escena parece salida de una novela sanitaria moderna. Un barco turístico navegando aguas australes. Pasajeros europeos recorriendo durante meses zonas boscosas de Argentina y Chile. Y un enemigo microscópico escondido detrás de un roedor pequeño, silencioso y letal: el ratón colilargo.
Según explicó el infectólogo Osvaldo Teglia, profesor asociado de Enfermedades Infecciosas de la Universidad Austral, el caso volvió a instalar comparaciones inevitables con el Covid-19 por la dinámica de propagación dentro de espacios cerrados.
El hantavirus Andes: una rareza mundial nacida en la Patagonia
El hantavirus Andes fue identificado por científicos argentinos en 1996 tras un brote ocurrido en El Bolsón, Río Negro. La investigación encabezada por Nora López y Paula Padula en el Instituto Malbrán permitió descubrir algo que cambiaría para siempre el estudio de este tipo de enfermedades: esta cepa podía transmitirse entre personas.
Eso convirtió al virus en una anomalía epidemiológica mundial.
Mientras otros hantavirus requieren contacto directo con fluidos o excrementos de roedores infectados, la variante Andes logró demostrar contagios humanos por vía aérea, especialmente en contextos de convivencia estrecha.
La Patagonia argentina y chilena siguen siendo el núcleo principal de circulación del virus. Bosques húmedos, zonas rurales, cabañas cerradas durante meses y campings improvisados forman parte del escenario habitual donde el hantavirus encuentra condiciones ideales para expandirse.
Y ahí aparece otra postal muy argentina: el “colilargo”, ese pequeño roedor que vive escondido entre cañas, malezas y madera húmeda. El animal elimina el virus mediante saliva, orina y heces. Cuando esos residuos se secan, las partículas pueden quedar suspendidas en el aire y ser inhaladas por las personas.
El antecedente de Epuyén que el mundo observó con atención
En Argentina, la palabra hantavirus quedó grabada a fuego en la memoria colectiva después del brote de Epuyén, Chubut, entre 2018 y 2019.
En aquel episodio hubo 34 casos confirmados y 11 muertes. Todo comenzó en una reunión social y derivó en medidas sanitarias inéditas para la época: aislamiento respiratorio selectivo, restricciones de circulación y monitoreo de contactos estrechos.
Muchos especialistas recuerdan hoy que algunas de esas estrategias anticiparon mecanismos que luego se volverían cotidianos durante la pandemia de coronavirus.
La diferencia es que el hantavirus posee una letalidad mucho más alta. Algunas variantes del virus Andes pueden alcanzar tasas de mortalidad cercanas al 50%, dependiendo de la rapidez del diagnóstico y del acceso a terapia intensiva.
No existe vacuna específica ni tratamiento antiviral definitivo.
Y ahí está el verdadero problema: cuando los síntomas aparecen, muchas veces el cuadro ya avanzó demasiado.
Turismo extremo, naturaleza salvaje y riesgos invisibles
El sur argentino atraviesa desde hace años un boom turístico vinculado a la aventura, el trekking y el contacto con paisajes vírgenes. Ushuaia, El Chaltén, Bariloche, Villa La Angostura y zonas rurales de Chubut reciben miles de viajeros cada temporada.
Pero la postal perfecta tiene un reverso menos instagramero.
Los incendios forestales, la deforestación y el avance humano sobre áreas naturales alteraron el comportamiento de muchas especies, incluido el ratón colilargo. Según Teglia, estos desplazamientos empujaron al roedor hacia hábitos peridomésticos, aumentando el riesgo de contacto con personas.
En otras palabras: el animal empezó a convivir más cerca de galpones, cabañas, depósitos y campings.
Y en tiempos donde el turismo busca “desconexión total”, dormir en refugios abandonados o abrir una casilla cerrada hace meses puede convertirse en una ruleta sanitaria bastante más pesada de lo que parece.
Cómo prevenir el hantavirus
Las autoridades sanitarias insisten desde hace años en una serie de medidas básicas que siguen siendo las herramientas más efectivas:
- Ventilar espacios cerrados entre 30 y 60 minutos antes de ingresar.
- No barrer en seco lugares con posible presencia de roedores.
- Mantener alimentos protegidos.
- Acampar únicamente en zonas habilitadas.
- Evitar contacto con roedores silvestres o sus excrementos.
La enfermedad suele comenzar con síntomas similares a una gripe fuerte: fiebre, dolores musculares, cansancio y dificultades respiratorias. El problema es que puede evolucionar rápidamente hacia un síndrome pulmonar grave.
El miedo invisible vuelve a navegar
El episodio del MV Hondius dejó una sensación incómoda flotando entre especialistas y viajeros. Porque el mundo descubrió después del Covid que las fronteras sanitarias son mucho más frágiles de lo que se creía.
Y porque un virus detectado hace casi treinta años en la Patagonia argentina hoy puede recorrer océanos dentro de un crucero turístico lleno de pasajeros internacionales.
Hay algo profundamente moderno y profundamente antiguo en esta historia. Un barco lleno de tecnología, satélites y protocolos sanitarios enfrentándose a un pequeño ratón escondido entre los bosques australes.
La naturaleza, otra vez, recordándole al ser humano que el control absoluto es apenas una ilusión elegante.
Fuente: Palermo Tour Noticias – Magazine de Palermo. Comuna 14. Palermo Tour Noticias