Alquileres por las nubes y alimentos que no aflojan: la economía real aprieta mientras Buenos Aires juega a distraerse
Aunque la inflación general muestra señales de desaceleración, el costo de vivir en la Argentina —y especialmente en la Ciudad de Buenos Aires— sigue sin dar respiro. Alquileres desregulados y alimentos en alza conforman un combo que golpea de lleno a los hogares, mientras una parte de la sociedad elige mirar para otro lado.
Buenos Aires, enero de 2026.
La inflación baja en los discursos, pero no en la heladera ni en el contrato de alquiler. A contramano del clima de optimismo que circula en redes sociales y de la estética “todo está bien” que se respira en algunos barrios porteños, la economía real sigue apretando fuerte.
El alquiler se consolidó como el principal gasto de los hogares urbanos, pero no camina solo: los alimentos y bebidas continúan subiendo, incluso en un contexto de caída del consumo. La combinación es explosiva y deja cada vez menos margen para los sectores medios y trabajadores.
La inflación no descansa donde más duele
En lo que va del año, los precios de los alimentos y bebidas mostraron no estar dispuestos a ceder fácilmente. Esto ocurre pese a la baja del consumo, un dato que contradice la lógica tradicional del mercado y expone tensiones estructurales.
Luego de que el INDEC informara una inflación del 2,8% en diciembre, el mercado interpretó que llevar el costo de vida cerca de cero —como volvió a prometer el presidente Javier Milei, esta vez para agosto de este año— será una tarea bastante más compleja de lo esperado.
Aun así, hay un dato objetivo para destacar: la inflación de 2025 cerró en 31,5%, el nivel más bajo de los últimos ocho años. No es menor. Pero tampoco alcanza para cantar victoria.
Alimentos: el rubro que no afloja
El problema es que los alimentos siguen siendo el rubro más sensible y el que mayores aumentos registra, lo que dificulta una reducción más profunda y sostenida de la pobreza.
Según datos de la consultora LCG, en la segunda semana de enero la categoría Alimentos y Bebidas mostró una inflación del 0,5% semanal. Dentro de ese aumento, las verduras explicaron el 36% del incremento total del rubro.
Los números detallan subas concretas:
- Verduras: +2,1%
- Aceites: +1,9%
Además, LCG señaló que bebidas y lácteos restan casi 0,7 puntos porcentuales a la inflación mensual, lo que confirma que los aumentos se concentran en productos básicos y de consumo cotidiano.
Por su parte, la consultora Eco Go registró una suba aún mayor: 0,8% en la segunda semana de enero, con fuertes incrementos en:
- Verduras frescas y congeladas: alrededor del 7%
- Aceites y grasas: 3,75%
- Papa: 3%
- Carnes: 0,5%
De continuar esta tendencia, las estimaciones privadas indican que la inflación de enero rondaría el 2%, lejos del ideal de estabilidad plena que promete el discurso oficial.
El alquiler como ancla del ajuste
En paralelo, el costo del alquiler sigue funcionando como un ancla que arrastra al resto de la economía del hogar. En la Ciudad de Buenos Aires, muchos inquilinos destinan entre el 40% y el 70% de sus ingresos solo para pagar la vivienda.
Con contratos cortos, aumentos frecuentes y escasa regulación, el alquiler se paga primero. La comida, la salud y el transporte se ajustan después. Cuando los alimentos suben y el alquiler no afloja, el margen desaparece.
La postal porteña y la economía invisible
Mientras tanto, la ciudad ofrece otra postal: bares llenos, cafeterías de especialidad, eventos, ferias y consumo aspiracional. Una Buenos Aires que parece cheta, distraída y ajena a lo que pasa en la economía doméstica real.
Pero debajo de esa superficie, la cuenta no cierra. El endeudamiento crece, las tarjetas se usan para comer y el ajuste baja directo a la mesa.
La economía argentina muestra señales mixtas. La inflación general desacelera, pero vivir sigue siendo caro. El alquiler aprieta, los alimentos no descansan y el salario corre detrás.
Mientras una parte de la sociedad se entretiene con la estética del optimismo, otra hace malabares para llegar a fin de mes. Y esa tensión, silenciosa pero persistente, es la verdadera foto de la Argentina de hoy.